Los muscle cars de Ford: Mustang GT vs. Capri 280

El muscle car americano compite con el europeo en esta batalla.

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Texto: Tom Harrison/Fotos: Mark Fagelson

Ya habrás oído esto antes, pero los muscle cars de Ford nos gustan. De hecho, lo repetimos. Allá por la década de los 60, la marca del óvalo tardó menos de dos años en vender un millón de Ford Mustang. No era un modelo especialmente vanguardista, pero su imagen molaba, era rápido, barato y lo suficientemente práctico para capturar la imaginación (y la atención) de América.

La compañía dedujo con acierto que este vehículo sería un éxito también al otro lado del charco, así que un par de meses después de que se lanzase el Mustang, en abril de 1964, dio luz verde al proyecto Colt, que desarrolló un coupé de dos puertas hecho a medida de los peculiares gustos europeos.

El resultado llegó en 1969, cinco años y 23 millones de euros más tarde. Su nombre era Ford Capri y se anunciaba como “el coche que siempre te habías prometido a ti mismo”. Se había creado a propósito (y permaneció así hasta que se paró la producción del MkIII a finales de los 80) como la cosa más cercana a un Mustang que podías adquirir.

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Ofrecía muchas opciones de motorización y acabados, al igual que su primo yankee. Y era barato. En Reino Unido costaba 890 libras en 1969, unos 1.050 euros; al cambio actual, supondrían unas 13.000 libras, 15.300 euros. Llevaba un motor de 52 CV y 4 cilindros que venía del Escort (pasaba de 0 a 100 en 23 segundos. De verdad). El Capri incluso se vendió en Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda durante un par de años a través de los concesionarios Lincoln/Mercury. En total, se matricularon 1,9 millones de unidades.

Después del Capri, Ford no tuvo en Europa un coupé de dos puertas, asequible y con propulsión trasera en sí durante décadas (no, el GT no cuenta). El Probe y el Cougar eran tracción delantera y, si hemos de ser honestos, un poco trágicos. El brillante (admitámoslo) Puma era un Fiesta con un traje más molón.

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Pero con el anuncio del Ford Mustang 2015 llegó la noticia: por primera vez, la marca vendía un pony car que se adaptaba adecuadamente a las terribles carreteras del Viejo Continente. Esto fue acogido con algarabía y con la comercialización de muchos miles de coches. En su mayoría, V8.

Al fin, desde la defunción del Capri, los europeos podían ir a un concesionario con su cartera en la mano y salir conduciendo un jugoso coupé con propulsión trasera. Pero el Capri también es jugoso. Éste es un 280 Brooklands, el último de los 1.038 fabricados para terminar dos décadas escasas de producción del modelo. Con 162 CV provenientes de su mecánica de 2,8 litros, no es de lo más rápido que puedes encontrar, según los estándares modernos.

Pero la entrega de potencia es sana, perezosa. El sonido te envuelve. Hay un inherente aire ochentero, es innegable. Los frenos apenas funcionan, la palanca de cambios es lenta y su interior (aunque mejora con los asientos Recaro de esta versión) no está bien del todo.

Conducirlo es… vintage, pero de la mejor forma posible. Una dirección tranquila y muy pesada te desanimará a la hora de entrar rápido en las curvas, si bien la experiencia, en conjunto, es muy satisfactoria.

El Ford Mustang actual es más agudo. Dinámicamente es una obra maestra y, para un muscle car, es muy bueno. Neutro, con una dirección decente y la suficiente provocación llegando desde su motor 5.0 V8 para lanzarlo a la velocidad que te apetezca. Es un gran coche y, lo más importante, relativamente asequible.

Aunque, sobre todo, es un superviviente. El Capri duró 18 años, pero el Mustang se mantiene fuerte después de 52. Decir que es icónico es quedarse corto.

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