Prueba BMW 530i 2017: ¡cada mañana, kilómetros para desayunar!

Un rutero envuelto de una gran calidad general. ¡Un tiramillas para estas vacaciones!

Esta prueba del BMW 530i 2017 se puede decir que ha sido intensa: más de 1.200 km en apenas cuatro días, pero con la sensación final de haber recorrido esa distancia en el coche adecuado: la séptima generación del BMW Serie 5 se renueva por completo siguiendo los pasos de su hermano mayor, el BMW Serie 7, y lo hace con el objetivo de convertirse en el sedán premium definitivo. ¿Lo consigue?

Empiezo la prueba del BMW Serie 5 2017 con dudas. Lo miro de frente y la verdad es que me cuesta diferenciarlo respecto a su hermano mayor. La gente siempre critica esta ausencia de originalidad entre gamas, yo siempre respondo lo mismo: BMW y este tipo de marcas siempre han hecho lo mismo, no es algo nuevo y si miras un E39 y lo comparas con un E38, verás como las diferencias son escasas. Bueno, quizás actualmente las diferencias son muy pequeñas, pero yo no creo que eso sea algo malo por necesidad.

 

Así nació el BMW Serie 5

 

El coche se ve con empaque y se ve un coche grande, muy grande: se queda a siete centímetros de los cinco metros de largo y es apenas 15 centímetros más corto que su hermano mayor. ¡Cómo no va a costar diferenciarlos! Se ve grande, se ve tradicional, con un diseño que arriesga poco, pero se ve moderno y actual. Quizás el nuevo Mercedes Clase E pueda ser algo más redondo estéticamente, pero el BMW creo que busca más la solidez y la imagen de marca que no sorprender a nadie.

Abrir la puerta es entrar en un universo de calidad y de buenos ajustes. De nuevo, la sobriedad es protagonista y no busques grandes florituras porque no las tiene. Es un diseño sencillo, muy similar al del resto de berlinas de la marca y con un objetivo claro: intentar alcanzar el nivel de calidad de Audi. Me siento y los asientos confort (2.710 euros) con innumerables ajustes te acogen como un guante. Es fácil encontrar tu posición de conducción ideal y me gusta el volante, con un aro bastante grueso.

Es fácil encontrarse a gusto, la verdad, y mi ejemplar de pruebas está generosamente equipado, por lo que rápidamente te sientes como en casa. La calidad se siente muy presente, aunque yo cambiaría algunos plásticos, como por ejemplo el acabado en ‘piano black’. Pero supongo que será cuestión de gustos: los mandos se sienten sólidos y con un buen tacto, mientras que el equipo de audio Bowers&Wilkins Diamond de 1.400W (5.503 euros) hace que este habitáculo se convierta en una auténtica sala de conciertos. Un extra que yo os recomiendo encarecidamente si os gusta escuchar música con una calidad altísima.

El coche también se siente muy tecnológico en el interior, con una pantalla frontal de 10,25 pulgadas con un nuevo interfaz que resulta rápidamente intuitivo así como un renovado cuadro de mandos digital que sigue lejos de la eficacia del utilizado por Audi. El sistema de control gestual está incluido en el nuevo BMW Serie 5 y la verdad es que es el típico extra que compras más para impresionar a tu suegra que por ser una herramienta útil y eficaz.

Creo que BMW ha evolucionado correctamente el BMW Serie 5 y la verdad es que han conseguido crear un habitáculo en el que sentirse como en el salón de tu casa. Las plazas traseras son suficientes y cuatro adultos viajarán sin ningún tipo de estrechez, salvo que seas Michael Jordan, entonces el techo igual se les quedará algo justo: no pasa nada, el BMW Serie 5 GT será su solución. El maletero es espacioso pero los laterales no cuentan con una forma uniforme que permita una carga ideal: si buscas espacio en este apartado, mejor acude al BMW Serie 5 Touring.

 

 

Toca empezar la prueba del BMW 530i y lo primero de lo que quiero hablarte es de la mecánica. La verdad es que yo soy de los que hablar de 530i y de cuatro cilindros en una misma frase le provoca urticaria. La marca se rinde al downsizing y coloca al 530i el motor de cuatro cilindros sobrealimentado que ya pude tocar en la prueba del BMW 330e. Se trata de un dos litros con turbocompresor que genera 252 CV: a priori esta no es una buena noticia, ya que pierde 20 CV respecto al BMW 530i de hace una década, además de los dos cilindros.

Arranco y el motor ofrece un buen refinamiento, aunque no llega a la excelencia de un seis cilindros en línea de la casa bávara. Dejo que se caliente y hundo el pedal en la moqueta: es uno de esos motores modernos con una gran patada pero que no se siente tan lleno de fuerza como sus antepasados. Corre, sí, pero en una berlina así quizás no es tan importante ganar una drag race, salvo que te llames BMW M5 2017, aquí lo importante es el agrado de conducción y siento que me falta algo. Bueno, al menos consumirá muy poco, pienso en mi interior: con más de 1.000 km por delante, creo que saldré de dudas.

El BMW Serie 5 tiene varios modos de conducción, aunque principalmente utilizarás dos: el modo ECO, para ahorrar al máximo y que supone una buena opción en autopista, y el modo Sport, el adecuado para cuando llegan las curvas y buscas la máxima efectividad. En autopista decido colocar el modo en ECO y la verdad es que el motor parece perder cualquier atisbo de emoción. Al fin y al cabo es un motor muy pequeño para un coche tan grande y me doy cuenta que en algunas subidas el fantástico cambio ZF de ocho velocidades tiene que estar trabajando constantemente para no quedarse muerto por el camino. En un 530i esto me suena raro. Más propio de un 520i.

En los primeros cientos de kilómetros hay algo que me gusta y mucho: la calidad de rodadura y el alto grado de confort que consigue este coche. Una suspensión con una puesta a punto magnífica consigue un pisar noble y refinado, los asientos ponen la guinda al conjunto: con este coche puedes tirar millas sin preocupar lo lejos que queda el destino. Es realmente cómodo y si buscas una berlina para viajar, creo que la deberías tener en cuenta.

 

 

Decido cambiar de tercio y acudo a una carretera de curvas para ver si el BMW Serie 5 2017 saca a pasear sus genes deportivos. Hay una cosa que es curiosa y que de primeras me gusta: el tacto de la dirección es bastante duro, algo diferente a la tendencia actual de crear direcciones muy suaves que se mueven prácticamente con un soplido. Esta es dura, aunque tiene un tacto algo gomoso de primeras que tampoco me termina de convencer: debería ser algo más seco, algo menos artificial. No obstante, el tacto del volante es bueno y encaro las primeras curvas con confianza. En modo Sport el motor se siente más estresado, como si hiciese un esfuerzo extra por gustar y emocionar. La caja de cambios funciona a las mil maravillas y con este motor la vas a tener que usar bastante. La suspensión, en el modo Sport, es firme pero sigue apostando por el confort, por lo que al final en este apartado el coche responde bien pero no se siente en su salsa, todo parece estar envuelto en un baño de miel, no se siente ágil y directo, se siente algo pegajoso.

No digo que no se defienda bien en curvas, simplemente digo que el coche ha sido concebido para ser el rey de las autopistas y no de las carreteras comarcales. Continuo mi prueba y tras varios cientos de kilómetros toca repostar. A un ritmo constante en autopista el coche se queda por encima de los ocho litros de media, una cifra que me parece bastante esperable para un coche así pero que me provoca muchas preguntas, especialmente tras comprobar que pisándole un poco se va cerca de los diez litros con una facilidad pasmosa. Vale que estamos en la era del downsizing, pero realmente un coche así no merece un motor tan pequeño y tan apretado. Bajo mi punto de vista, este coche pide un motor más grande, más lleno de fuerza, más refinado y que complete un cóctel mucho más redondo. ¿Debo sacrificar un litro de combustible cada 100 km? Creo que todos los que estamos leyendo esta prueba los pagaríamos con gusto par evitar esa sensación de ausencia de fuerza en determinados momentos. 

El downsizing es el pan nuestro de cada día pero tras recorrer más de 1.000 km creo que es el único pero que se le puede poner a este coche. El BMW 530i 2017 de esta prueba ha perdido algo del nervio de un BMW 530i E60, pero a cambio ha ganado en refinamiento y en confort. Quizás para irse de tramo con él no sea la mejor opción, pero te aseguro que pocos coches he probado mejores para viajar sin tener que preocuparte lo lejos que está tu destino.

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