Prueba Ford Edge Sport: un grande en la ciudad

A lo mejor es un poco exagerado para la ciudad. Nos hacemos los valientes y luego pasa lo que pasa...

8 10

Nuestro veredicto

En realidad, digo esto porque comencé la prueba del Ford Edge Sport bastante a lo loco: tenía que hacer unos recados y pensé: “me voy en el SUV y ya aprovecho para sumar kilómetros”. Pero no calibré las consecuencias.

Y ¿qué pasó?

Pues que el Ford Edge, con una anchura de su carrocería superior a los 1,90 m, no era precisamente el vehículo perfecto para ir de un lado a otro de la ciudad. Entiéndeme: lo miras y, efectivamente, es grande. Pero no parece descomunal. Hasta que te ves dentro, intentando averiguar dónde acaba el capó (la visibilidad tampoco es muy buena en este sentido), y te das cuenta de que es mejor sacarlo pronto de las calles.

Deberías haberlo pensado antes.

Me pudo el ansia. Verás, soy muy fan de los modelos grandes americanos; de hecho, el Ranger me fascina. Así que cuando me dijeron que iba a probar el Ford Edge, ya no razoné.

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Se trata de un SUV que lleva un tiempo vendiéndose en Estados Unidos; la marca del óvalo ha decidido traerlo a Europa animada por la buena acogida del Ford Mustang (oh, sí, amigos) y con el fin, sobre todo, de arañar un poco de cuota de mercado en el segmento de moda. Compite directamente con el Hyundai Santa Fe o el Kia Sorento, pero su calidad de rodadura y sus acabados le permiten apuntar a rivales más premium, como un Audi Q5, un BMW X3 o un VW Tiguan. Su precio está en consonancia con estos últimos, de hecho: el Edge Sport 2.0 Bi-Turbo TDCi, con 210 CV, cuesta poco más de 47.700 euros.

¿Tan bueno es?

La verdad es que sí. En el interior, como te decía, materiales y ajustes son más que correctos. Pero lo mejor es que hay espacio por todas partes. Amplitud para los pasajeros de las plazas delanteras, para los de las traseras -una carrocería tan ancha tiene estas ventajas-, multitud de huecos para dejar objetos, un maletero que no está entre los mejores del segmento, cierto, pero es muy razonable con sus 600 l… Si las banquetas posteriores pudieran desplazarse longitudinalmente u ofreciera siete asientos, rayaría la perfección.

Además, cuentas con un equipamiento completísimo. El sistema que abre el portón pasando el pie por debajo está incluido de serie en el Ford Edge Sport, así como la frenada automática de emergencia, la alerta por cambio involuntario de carril, la cámara trasera, un detector de señales de tráfico y un dispositivo multimedia con una pantalla táctil de fácil manejo. En nuestra unidad de pruebas, los asientos eran ventilados y calefactables, algo que yo haría obligatorio para todos los coches.

Prueba: Ford Edge Sport (V)

Todo eso está muy bien, pero todavía no has dicho nada sobre la conducción del Ford Edge…

Bueno, te he contado que en la ciudad no lo pasa precisamente bien, debido a sus dimensiones. Aunque es ahí donde acapara miradas: su frontal, con una nueva parrilla hexagonal, todavía no está muy visto y eso llama la atención… además de su aspecto gigantesco, claro.

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Cuando te canses de ser observado, sal a la carretera. Aquí debería brillar su motor biturbo, pero lo cierto es que se queda un poco corto. No nos olvidamos de que su peso ronda las dos toneladas, pero esperábamos una respuesta mejor al acelerador: no hay nada que hacer hasta las 1.800 rpm, más o menos.

Eso sí, una vez lanzado, disfrutarás de un comportamiento sorprendentemente ágil. No es un turismo, claro, pero los movimientos de la carrocería están muy contenidos y eso te permite tener fe en las curvas, donde la sensación de aplomo es muy agradable: podrás inscribirte con precisión.

No hay vaivenes ni rebotes, la suspensión filtra las irregularidades del asfalto con mimo y, sobre todo, percibimos un silencio fuera de lo común en el habitáculo, especialmente si tenemos en cuenta que hablamos de un propulsor de gasóleo y de una cantidad de metros cúbicos en su interior que actúa, en algunos de sus rivales, como caja de resonancia. En el Edge Sport, no.

Umm… Así que es como llevar un SUV más pequeño…

En cierto modo, sí; por eso se te olvidan sus dimensiones cuando vuelves a entrar en la ciudad. El equipo de frenos actúa con decisión y el cambio automático de seis marchas también acompaña, sin retrasos ni vacilaciones excesivas, todo suavidad, permitiendo que la experiencia sea muy placentera. Hasta el consumo es moderado para una mole semejante: los 7 l/100 km conseguidos durante esta prueba del Ford Edge se quedan un poco alejados de los 5,9 oficiales, cierto… Pero, si hemos de ser sinceros, es una cifra más que razonable teniendo en cuenta la potencia, peso y el comportamiento dinámico del modelo.

Y… ¿puede salir del asfalto?

Quizá sea ése su talón de Aquiles: con una suspensión de recorrido no muy amplio, no nos atreveríamos a hacer muchas locuras con él… pero su altura libre al suelo y la tracción total le permiten rodar de forma muy solvente por los caminos e incluso vadear pequeños riachuelos, como ves en las fotos de la galería. De todas formas… ¿cuántos de los que se compran estos SUV los quieren para ir al campo? Ajá. Es evidente que está pensado para disfrutar de él sobre la carretera. Para disfrutar mucho.

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