Prueba Mazda CX-5 2017: uno de los mejores

El Mazda CX-5 llega renovado y mejorado para ofrecer mayor seguridad y sobre todo, mayor placer de conducción, para convertirse en unos de los mejores vehículos de su segmento.

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Por fin ha llegado el momento de probar el Mazda CX-5 2017. En España es el modelo con más ventas de la marca. Y en Europa tampoco va nada mal, con 73.000 unidades vendidas en 2016. En el resto del mundo, este modelo supone el 25% del total de sus ventas y por todo eso es tan importante para la marca, que no se ha arriesgado a experimentos absurdos que pueden dar al traste con este éxito. Se ha tomado la exitosa carrocería del modelo actual y se han remarcado algunas de sus líneas para volver otras un poco más afiladas.

El resultado final del Mazda CX-5 2017 es espectacular, con su frontal más moderno y tecnológico, con faros más rasgados, una parrilla rediseñada, y unos pilares A un poco retrasados, concretamente tres centímetros y medio respecto al modelo actual. Además, el capó se ha alargado nada menos que 10 cm (la longitud total solo crece uno) y se han escondido los limpiaparabrisas bajo ellos, para aumentar y mejorar la insonorización a bordo. La zaga también se ha visto retocada, y su nueva forma trapezoidal es lo primero que llama la atención. También ha aumentado la rigidez torsional en un 15%, lo que se nota en marcha, como más adelante podrás ver.
El interior también se ha actualizado a conciencia para mejorar la calidad percibida tanto táctil como visual. Por eso, la consola central va más elevada, las palancas del cambio manual y automático se acercan más a la mano y hay que reconocer que la ergonomía ha mejorado mucho, pero sobre todo, los acabados. Se han utilizado materiales de mejor calidad y los ajustes parecen más refinados que en el modelo anterior.

Ahora, el 'Head-Up Display' que proyecta información en el parabrisas, exhibe información a color y los grafismos de los relojes principales también se han mejorado para que su lectura sea más cómoda.

En los asientos traseros también se ha trabajado la ergonomía para mejorar la comodidad de los pasajeros en esta zona. La pena es que, según los responsables de la marca en España, a nuestro país no llegará la opción de integrar la calefacción en estos asientos, por la baja demanda que tiene aquí... gracias a nuestra climatología más cálida que en el resto de países europeos.

Prueba Mazda CX-5 2017

Ha llegado el momento de la verdad: ¿cómo se comporta el nuevo SUV japonés? El motor diésel de 2,2 litros y 175 CV mueve el conjunto de forma muy ágil, a pesar de que este Mazda ha aumentado su peso en la báscula, de media, 40 kilos. Se ha mejorado el consumo y su sonoridad, especialmente en su motor diésel que parece más refinado en marcha que los de gasolina, algo complicado y que Mazda consigue gracias a diversas tecnologías orientadas a disminuir el ruido y las vibraciones inherentes a los motores de gasóleo. Pero lo primero que llama la atención es una dirección que, en sus 2,5 vueltas de volante, me ha parecido más ágil y, sobre todo, mucho más precisa que en el modelo anterior.

El chasis del nuevo Mazda CX-5 tiene un ajuste más firme, y lo cierto es que reduce los balanceos respecto al modelo actual. Por supuesto, añade la tecnología  G-Vectoring Control, ya vista en modelos como el Mazda6 o más recientemente en el Mazda3 y que se trata de un control activo del par motor que mejora la tracción en el eje delantero y trasero para, entre otras cosas, aumentar la eficacia en el mantenimiento de la trayectoria ideal y que conducir en trayectos revirados no sea tan cansado para el conductor. Además, la suspensión tiene un anclaje diferente al chasis y los amortiguadores cuentan con un vástago más grueso. 

Respecto a esos amortiguadores, aunque generan una suspensión bastante firme, no resulta rebotona ni molesta y sí que sujetan mejor la carrocería si fuerzo la situación al límite, algo para lo que este coche no es el ideal. 

He podido conducir algunos kilómetros más con el bloque diésel de 2,2 litros con turbo, que rinde 175 CV. No es un prodigio de la aceleración ni de las prestaciones puras, pero resulta muy solvente cuando lleves el vehículo muy cargado.  Su nivel sonoro se ha mejorado respecto a su predecesor y solo resulta más evidente a partir de las 3.000 rpm. Pero a velocidades legales y sin grandes exigencias a su acelerador el rodar de este CX-5 es muy confortable. 

El cambio automático de seis velocidades también colabora con unos cambios casi imperceptibles, pero le falta unas levas tras el volante, que siempre te pueden sacar de la monotonía y, además, ayudar a la hora de buscar un adelantamiento. 

Respecto a su sistema de tracción integral i-ACTIV, según Mazda, dispone de 27 sensores que miden el estado de la superficie 200 veces por segundo. Lo hace con una eficacia que te permitirá superar algunas pendientes embarradas, mandando tracción al eje trasero y ayudando a avanzar en un terreno donde más de un SUV con más renombre se quedará atascado... 

También se ha revisado el interior, que ahora resulta de más calidad, más luminoso y cómodo para el pasaje. El maletero, con  sus 477 litros (14 más) es todavía más práctico... y más cómodo, gracias a su portón ahora con apertura y cierre eléctricos.

Solo me queda apretar a fondo el pedal central y el coche no se inmuta ni cabecea en exceso. Es como si hubiera frenado prácticamente con un turismo y le agradezco profundamente que se pare en tan pocos metros...

Aparte de este 2,2 diésel de 175 CV, uno en versión de 150 y, respecto a la gasolina, un 2.0 de 160 CV en versión con tracción integral o 165 CV si es con tracción delantera. En el futuro llegará un 2.5 de unos 190 CV con una novedad: desconexión de cilindros. Habrá dos cajas de cambios disponibles, manual y automática ambas de seis velocidades y, por supuesto y según los motores, tracción delantera o integral. Sus precios partirán de unos 25.000 euros.
 

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