Así ha evolucionado el Range Rover: ¡44 años no son nada!

Nos subimos a un Range ‘Bahama Gold’ del 72 para comprobar la evolución de este mito.

¡En la flor de la vida! Eso se podría decir del Range Rover, el SUV de lujo más famoso de la historia, al menos con mayor experiencia. A día de hoy, no cabe duda que el Range Rover cuenta con todo lo necesario para estar en la cúspide de los todo terreno de alta gama: imagen, calidad y, especialmente, esa manera de entender el lujo clásico que solamente los ingleses saben transmitir. ¿tecnológico? También, pero convenientemente oculto en esa flema británica.

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Y es que el Range Rover actual es obra de los cambios inimaginables que ha sufrido este segmento en la última década. Hace unos años, un todo terreno no era más que un vehículo capaz de superar obstáculos que otros coches no podían. Hoy, son símbolos de estatus, por encima de cualquier otra cosa. Esta es la principal diferencia, antes de entrar en materia, entre el Range Rover de primera generación y el Range Rover actual. Dos mundos que solo comparten el nombre.

A finales de 1948 nacía el Land Rover Series 1, un vehículo concebido como una herramienta de trabajo versátil y a medio camino entre un utilitario y un tanque. El primer Land Rover tenía como objetivo llevar a la gente a su destino final por muy mal que se pusiese el camino, pero sin cualquier otra premisa: ni siquiera tenía el techo de serie. En 1951 Trickford le creó un traje a medida con techo y carrocería de aluminio. Una sola pieza que aportaba algo más refinamiento al conjunto. Era caro: en 1950 costaba 950 libras, algo así como el sueldo de un trabajador medio durante diez años. El Bentley Bentayga de la época.

El éxito de este modelo fue discreto: apenas se vendieron 641. Pero lo importante es que la idea ya estaba en marcha, crear un vehículo capaz fuera del asfalto, casi sin límites, pero refinado. Dos décadas más tarde nacía el Range Rover, una evolución lógica de aquel concepto, un todo terreno orientado al lujo, capaz, refinado y con imagen. En aquellos tiempos si llegas a decir que Bentley fabricaría un todo terreno te habrían fusilado en la Torre de Londres: lo que ahora nos parece normal, entonces era una locura.

 

 

Y es que hay que ponerse en la piel de entonces para entender lo atrevido que fue el Range Rover. Este ejemplar es de 1972 y está pintado en el color Bahama Gold. Presentado en 1970, el Range Rover clásico contaba con solo dos puertas, un cambio manual de cuatro velocidades y un motor de 3,5 litros. Hoy en día el Range Rover cuenta con un chasis monocasco de aluminio, un diésel tan refinado como un gasolina y un cambio automático de ocho velocidades en el que no te enteras cuando cambia de marcha. Las cosas han cambiado. Mucho.

Ahora la gente duda si comprarse un Range Rover o un Mercedes Clase S. Piel por todas partes, los mejores materiales, dos pantallas capaces de retransmitir un partido de la NBA, un sistema de sonido mejor que el de una discoteca y, sobretodo, dos puertas más. En comparación, el Range Rover de 1970 es increíblemente espartano. Hablar de lujo parece casi una broma. A partir de 1979, Rover y Land Rover separaron sus caminos y el Range Rover, paso a paso, se fue convirtiendo en lo que es hoy.

En los años 80, el Range recibió por fin las dos puertas que se habían olvidado antes, una caja de cambios automática y el nivel de calidad y equipamiento infinitamente mejor, especialmente a partir de los 90. Fue entonces cuando el Range Rover empezó a ser un emblema de lujo, aunque los SUV todavía no estuviesen ni en la mente del jefe de marketing más creativo del mundo.

Pero volvamos a los setenta. Este Range Rover de 1972 no tiene radio ni ningún elemento de confort. Subir al puesto de mando se parece mucho a lo que sientes cuando subes a una furgoneta de reparto. Los asientos parecen estar colocados sobre pedestales, mientras que los traseros parecen hundirse bajo estos. Además, al tener el asiento tan alto, si eres un poco alto te vas a sentir algo agobiado. 

Sus formas cuadriculadas, los retrovisores colocados en la parte delantera y la finura del pilar A hacen que en todo momento sepas donde están los límites del coche. Fisicamente es mucho más pequeño que el actual, por la misma razón que todos los coches son más grandes que sus equivalentes en los años setenta: la seguridad.

 

 

La dureza está muy presente en la conducción del Range Rover de primera generación: el embrague y la dirección son de otros tiempos, mientras que el motor intenta mover con ímpetu al conjunto. Es relativamente fácil hacerte con él, aunque no te recomiendo que intentes ir deprisa: la dirección es tan precisa como la de un tractor y los frenos, como esperas, no son muy eficaces. Eso sí, circulando despacio, montado en ese trono, te sientes un poco el rey del mundo.

Para los parámetros actuales, poco bueno se puede sacar, pero si te trasladas a los años 70 y piensas en el Land Rover, te das cuenta el salto de mentalidad que suponía el Range Rover. Mucho más capaz en el asfalto, ya no necesitabas conducir con un casco de los marines. Era como una semilla sembrada en el campo, un germen de lo que alguien soñó y cuarenta años después se hizo realidad.

El Range Rover actual es una oda a lo que debe ser un todo terreno de lujo. Su imagen es poderosa, su interior suntuoso y todo en él desata un sentimiento de deseo irremediable. En 2012 fue nuestro coche de lujo del año, aunque a muchos sorprenda, pero piensa esto: ¿cuántos coches conoces con un interior tan maravilloso capaces de cruzar montañas de agua de 900 mm? El original, el clásico, quizás no sea tan ‘lujoso’ como podríamos haber imaginado, pero comparte esa sensación de ‘coche redondo’ con el actual. Un mito que cambió por primera vez en la historia la idea de lo que debía ser un todo terreno, más allá de una simple herramienta de trabajo. ¡Cómo no quererlo!

 

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