Prueba Lotus Evora 400: ¡querrás fugarte con él!

Un coche para divertirte conduciendo. No busques más.

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9 10

Nuestro veredicto

Poner a prueba un Lotus Evora 400 puede parecer todo un reto, lo es, aunque lo peor del coche, sin duda, es desprenderse de él. Hay marcas que son capaces de ofrecer sensaciones muy deportivas, buen refinamiento, lujo incluso; vehículos que te permiten ir a cenar con tu abuela y al día siguiente marcar un récord en Nürburgring. No es el caso del Lotus Evora 400.

Una opción más radical: Prueba Lotus Exige Sport 350

¡Qué va! Ni quiere. ¿Ir a cenar con tu abuela? En Hethel, fortín de Lotus, los ingenieros no saben qué es una abuela, solamente conocen de ‘pe a pa’ quién es Ayrton Senna, Colin Chapman, Jim Clarck o Jochen Rindt. Estoy convencido que en las cenas de empresa de Lotus se comen patatas fritas con bocaditos de Jamón de York y mientras, de fondo, se reproduce en un equipo de música el sonido de un Lotus 24 a fondo en Goodwood.

Ese espíritu ‘petrolhead’, de pasión por la conducción más sincera consigue transmitirse en el Lotus Evora 400. ¡Y eso que se podría decir que es el coche más burgués de su gama! Bueno, más o menos: el Lotus Evora nació como eso, un 2+2 para atraer a un público más variado, con un espacio interior algo más holgado pero sin renunciar a la deportividad pura de Lotus. 

 

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Para que dinámicamente se adaptase mejor a todas las manos, se decidió colocar un V6 bastante grande, con buenos bajos y una cierta elasticidad: en su versión de origen producía 280 CV, aunque rápidamente se ofreció una opción ’S’ con 350 CV. El objetivo era plantar cara a los Nissan 370Z Nismo o Porsche Cayman seduciendo con sus dos pequeñas plazas traseras. 

No obstante, lo que tengo delante es algo mucho más que eso: el paso del tiempo ha hecho al Lotus Evora un coche mucho más serio y tras seis años en el mercado, Lotus ha decidido llevárselo a su terreno. Es aquí donde nace el Lotus Evora 400, una versión aligerada, potenciada y enfadada, con un nuevo diseño que deja muy claro que no quiere ser conformista ni tiene la más mínima intención de llevar a tu pobre abuela: ¡mala suerte!

Las claves del Lotus Evora 400 son claras: un chasis más rígido, un peso más ligero, un motor más potente y una aerodinámica optimizada. Frente a mi, estéticamente recibe cambios importantes, con un frontal mucho más agresivo, mayores tomas de aire con luz de día integrada y un difusor trasero más grande e imponente, con el escape central que más tarde terminará siendo protagonista.

 

 

Toca empezar la prueba del Lotus Evora 400 y para ello, nada mejor que acudir a una carretera con buen firme, muchas curvas y poco tráfico. ¡Me encanta mi curro! Abro la puerta y lo primero que llama la atención son los backets y la tapicería mixta de cuero y alcántara. El objetivo es llevar ese punto racing también al interior. No obstante, en Lotus pierden poco tiempo en refinamiento y no busques la calidad de materiales o fabricación de un Porsche: aquí todo el dinero se lo gastan en el desarrollo dinámico del coche.

Inserto la llave, media vuelta y un pitido anuncia que la bestia está cobrando vida. Espero unos segundos que se hacen eternos y hundo mi dedo índice en el botón de arranque. Hay que mantenerlo apretado hasta que el V6 de 400 CV cobra vida. En ese momento, un sonido contundente inunda el habitáculo, aunque tardo poco en presionar un botón mágico en lo alto del salpicadero capaz de abrir las mariposas de escape y aumentar el sonido del coche hasta un nivel escandaloso. Mola.

Otra cosa que rápidamente llama mi atención es la caja de cambios, manual. ¡Manual! Toma ya. Debo confesar que siempre da algo de respeto, pero voy a empezar mis sensaciones por este elemento cada vez más raro en los deportivos de alta gama. Es sen-sa-cio-nal. Sin más. Probablemente lo mejor del coche. Las marchas se engranan con una precisión asombrosa, su recorrido es corto y el pomo de cambio perfecto por ergonomía y situación. Todo el cóctel se complementa con un pedal de embrague perfecto, no puedo decir nada en contra, suave, preciso, con un recorrido muy lineal. Un diez.

La versión más radical de la gama: Lotus Evora Sport 410: ¡tan rápido como un F50!

Hundir el pedal derecho en la moqueta provoca sensaciones encontradas. Es un motor que corre, evidentemente, y se siente grande, con mucho par a tu disposición. Son 3,5 litros de cilindrada y se nota. Empuja bien pero en bajas me gustaría algo más de brío, es un coche que se disfruta más haciendo un uso intensivo del cambio, y sin duda donde se encuentra más cómodo es entre las 3.000 y las 6.000 vueltas. Me ha parecido un buen motor para un coche así, para puristas, para petrolheads: ¡te hace trabajar y eso no es malo!

Una de las cosas que me ha sorprendido han sido las cifras de consumo, más que aceptables para un estilo de conducción que no respeta ni el cambio climático ni los pingüinos del polo norte. Lo siento, prometo ir en modo ‘eco’ las próximas tres semanas. Pero hoy no era el día y abusando del pedal derecho, la cifra no se ha disparado como esperaba, manteniéndose en torno a los 15-16 litros de media, nada mal para un V6 de 3.5 litros y 400 CV.

Pero donde Lotus saca el do de pecho es en dinamismo, en las sensaciones puras, en la diversión al volante. Estoy en el lugar perfecto, la temperatura es ideal, la visibilidad también. Me siento afortunado, así que toca descubrir hasta donde puede llegar un Lotus. El conjunto cambio-motor es muy agradable. El chasis de la versión 400 se refuerza para mejorar la rigidez, mientas que el peso del conjunto se ha reducido en 42 kg. Vas sentado muy abajo, con el volante colocado en posición vertical frente a ti, casi te sientes como en un kart grande.

En las primeras curva detecto que la dirección es algo ‘vaga’ cuando empiezas a girar, aunque en modo sport mejora algo, pero una vez que vas rápido, haciendo giros rápidos y contundentes, el eje delantero responde muy bien. No obstante, me gustaría una dirección algo más dura, algo más precisa. Afortunadamente, el chasis está tan bien equilibrado que el eje delantero guía con una precisión brutal y muy difícilmente puedes notar rastro de sobreviraje. 

 

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En zona de curvas, el Lotus Evora 400 es uno de esos coches para gozar como un niño pequeño, puedes enlazar una curva tras otra a ritmo endiablado, la suspensión deportiva de esta versión consigue que gire completamente plano, mientras que el sobreviraje no aparece salvo que lo provoques aposta. Conforme le vas pillando el tranquillo, el coche empieza a sacar lo mejor de sí, curva tras curva, tu sonrisa se hace cada vez más grande. El equipo de frenos con discos ventilados de 370 mm delante y 350 mm detrás, con pinzas AP Racing, muerden con violencia, tal como esperas y tal como debe ser en un coche así.

Llego al final del tramo feliz, con una sonrisa de oreja a oreja. El Lotus Evora 400 es un coche concebido para emocionar al volante, para disfrutar de la conducción pura y no por el mero hecho de sentir unos buenos ajustes o de tener el mejor equipo de audio del mercado. No es un tipo pijo, es un coche para quienes quieran un concepto casi casi de la vieja escuela: motor central trasero, cambio manual, duro como una piedra. Justo lo que esperas en un coche desarrollado por apasionados del motor que no necesitan justificarse cada jueves ante un consejo de administración. No es un coche para todo el mundo, pero estoy convencido que si quieres un coche para que los domingos sean el día más feliz de la semana, este Lotus Evora 400 conseguirá que jamás debas visitar al Psicólogo. ¿El precio de la felicidad? El concesionario Lotus Barcelona pide por él 120.000 euros. ¿Los vale? Si quieres sensaciones puras y un punto extra de exclusividad, sí.

Fotos: Raúl Salinas y Sergio Noguerol.

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