Prueba: Renault Mégane 2016 TCe 130 CV. Dispuesto a todo

En esta prueba del Renault Mégane 2016 me pongo al volante de la cuarta generación del compacto francés. ¿Le plantará cara a sus rivales alemanes o al Seat León?

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8 10

Nuestro veredicto

En la prueba del Renault Mégane 2016 voy a conducir el renovadísimo coche francés, pero que en realidad es 100% español. ¿Cómo es eso? Pues porque los motores son de la planta de Valladolid, la caja de cambios de Sevilla y el ensamblaje se hace en Palencia.

Su renovada estética exterior es lo primero que salta a la vista y los cambios son claros. El francés se apunta a la moda de su segmento de perder un poco de altura y ganar anchura y longitud como ya ha hecho recientemente el nuevo Honda Civic de cinco puertas.

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La deportividad del nuevo Renault Mégane 2016 es evidente en todas sus líneas. Tanto, que por poner una pega importante, la visibilidad por la luna trasera queda bastante mermada.

Antes de seguir es buen momento para recordarte que a diferencia de las anteriores generaciones, este Renault Mégane 2016 no se venderá en España con carrocería sedán. Desde aquí no entendemos el motivo, pero sobre números la marca sabe más que nosotros.

Vale, ya me has contado todo lo de fuera, ahora el motor y el interior

Puedes escoger entre tres opciones en gasolina y otras tantas en diésel, que cuentan con mecánicas de cuatro cilindros sobrealimentadas por un turbo. En el primer grupo tienes el 1.2 TCe con versiones de 100 y 130 CV y el 1.6 TCe de 205 CV, con cambio automático de doble embrague pilotado de siete velocidades frente al manual de seis de los TCe más pequeños. En diésel la oferta arranca con el 1.5 dCi con 90 o 110 CV y culmina con el 1.6 dCi de 130. Todos con cambio manual de seis marchas, salvo para el dCi de 110 CV que permite en opción por 1.500 euros escoger una EDC de doble embrague pilotado con el mismo número de relaciones.

Si el nuevo Renault Mégane convence por fuera, por dentro también ha logrado seducirnos. Está entre los más amplios de su categoría y el diseño es atractivo, con buenos materiales en líneas generales (algunos plásticos de la consola central desentonan). El habitáculo ha sido completamente rediseñado e incorpora nuevas tecnologías, como la posibilidad de elegir entre cinco ambientes luminosos, que se reflejarán tanto en la consola central como en los paneles de puertas delanteras y traseras y al cuadro de instrumentos.

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También destaca el sistema R Link 2 con una pantalla de 8,7 pulgadas situada en posición vertical, ya empleada en el Espace y el Talismán. Desde esa gran pantalla, que está rodeada por un marco en negro mate, donde se llegan a apreciar las huellas de los dedos, se controlan las funciones de la radio y el climatizador, acciones algo engorrosas porque necesitas realizar más acciones que si se hiciera mediante botones. Entre las muchas funciones que incluye también está el Multi Sense, un selector de perfiles de conducción que permite configurar diferentes parámetros del vehículo a nuestro antojo, como la respuesta del motor, la dureza de la dirección, o el sonido.

Dispone de cuatro modos predeterminados: Eco, Neutro, Confort y Sport, además de uno personalizable. Sin lugar a dudas en la prueba del Renault Mégane 2016 he podido comprobar que el más divertido es el modo Sport (como casi siempre), en el que desde el primer momento notas una sensibilidad del acelerador mucho más acentuada y un tacto de dirección que me gusta mucho más que por ejemplo la del modo Confort.

Entre las múltiples opciones y acabados del Renault Mégane me ha sorprendido gratamente el equipamiento que puede llevar, como la apertura sin llave y sin botón, solo por proximidad, aviso por cambio de carril, head-up display e, incluso, ¡función masaje!. Todo un lujo para un coche de su categoría y segmento.

Perfecto y cómo se conduce

Lo que más me ha sorprendido en esta prueba del Renault Mégane 2016 es el enorme salto adelante en cuanto a calidad de rodadura. Es evidente que el Mégane es un compacto derivado de la plataforma de una berlina media (el Renault Talisman) y, tanto su confort como su aplomo son destacables. Gran parte de esa sensación de ir en un gran coche se ha logrado con una insonorización excelente.

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En carretera, la potencia es suficiente para mover con alegría al nuevo Mégane. Pese a haber crecido en tamaño y en equipamiento, su peso es idéntico al de la generación anterior (el bastidor es 90 kg más ligero gracias al uso de aceros de alta resistencia y aleaciones ligeras).

Los frenos tienen un buen tacto y la dirección es suficientemente precisa, con un nivel de asistencia correcto, aunque algo blanda si no tenemos en cuenta la del modo Sport.

El cambio tiene un selector con unos recorridos correctos y suficiente precisión y unas marchas tirando a largas para reducir el consumo. De todos modos, gracias al turbo, el motor tiene suficiente par como para mantener unas recuperaciones aceptables.

La pega que le pongo va dirigido al control de velocidad adaptativo. Su botón (también el del limitador) está situado en el túnel de transmisión, con lo que acceder a él es una tarea algo complicada cuando es necesario fijar la vista en la carretera. Además, no me permitía programarlo a más de 140 km/h. ¿Y si viajo a Alemania, qué?

Conclusiones

En definitiva, Renault entra de lleno a luchar con los mejores compactos del mercado sin el menor complejo y se desmarca con un producto muy competitivo. Si estás pensando en cambiar de coche y buscas uno del segmento C (compactos) deberías tenerlo entre tus candidatos, junto con el Seat León, el Opel Astra, el Peugeot 308, o el mismísimo Volkswagen Golf.

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