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¿Mitsubishi Lancer Evo VIII o Subaru Impreza WRX STI?

Subaru Impreza WRX STI o Mitsubishi Lancer Evo VIII: dos leyendas de la carreteras. En serio.
¿Acaso es posible decidirse?

¿A quién quieres más, a papá o a mamá? Una pregunta que no se puede responder. Entonces, ¿Mitsubishi Lancer Evo VIII o Subaru Impreza WRX STI? Otra de las que es complicado encontrar una respuesta. Pero bueno, aquí hemos venido a hablar de coches, así que os voy a contar mi película aprovechando que nadie me puede interrumpir.

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Coches deportivos

Los coches deportivos nos hacen soñar despiertos: grandes prestaciones, promesa de sensaciones al volante, de una conducción sin igual. Los hay grandes, pequeños, bonitos, feos, caros y baratos. Pero todos ellos tienen en común una cosa: si merecen la pena, están aquí. ¡Sigue el link!

Para mí, vulgar aporrea-teclados que pudo probar estos dos coches deportivos cuando eran nuevos, la respuesta está clara, pero me la guardo para el final (para que leas todo el texto, que no vivo del aire). En todo caso, visto a ojos de hoy, creo que si tuviera que escoger uno, lo tendría más complicado que hace 15 años.

Para empezar, por esa estética. Aunque mi favorito de siempre ha sido el Subaru anterior al que tienes en estas fotos (el de los faros redondos; perdón a los fans de Colin McRae), el que vivió entre 2003 y 2005 no estaba nada mal. Esta toma de aire en el capó, ese intercooler que se veía si te agachabas un poco... ¡Y encima se refrigeraba por agua de manera manual si querías apretando un botón en el interior!

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Y del Mitsubishi Lancer Evo VIII, qué se puede decir. Líneas angulosas, ese espectacular alerón (por 1.000 euros te lo ponían de carbono), esos tres modos de tracción, Tarmac, Gravel, Snow, los asientos tipo bacquet de Recaro...

Además, los dos tenían algo que a mí en particular siempre me ha hecho mucha ilusión: poder ver al coche que llevas detrás a través de un buen alerón. Un buen aleronaco, para ser más descriptivos.

Pero veamos, en tres cómodos pasos, cómo se comparaban estos dos modelos que nos hicieron soñar a los jóvenes con ganas de quemar gasolina.

Motor: bóxer contra cuatro en línea

Subaru Impreza WRX STI o Mitsubishi Lancer Evo VIII: dos leyendas de la carreteras. En serio.

Un compañero periodista de esos que cuando habla te pones de pie y escuchas con la mano en el corazón mientras miras al ocaso en el horizonte, me dijo una vez que el Subaru Impreza WRX STI tuvo la mala suerte de toparse con los Lancer Evo VII y Evo VIII. Y es que el modelo de Mitsubishi apareció con una estética completamente renovada con respecto a los Evo VI.

En la época tenía un aspecto mucho más moderno y agresivo que el STI, que se veía algo más discreto. Sin embargo, el Subaru jugaba la baza del motor bóxer.

Los que me conocen saben que soy un fanático de los Porsche y que me encanta el feeling que da su bóxer de seis cilindros en cualquiera de sus generaciones. Aquí me pasa lo mismo. Sentir esas vibraciones tan peculiares (y suaves), que hacen que el coche se mueva como de lado, es una gozada. Si tienes una moto BMW sabes a lo que me refiero.

Más allá de eso, el Impreza disfrutaba de un centro de gravedad más bajo gracias al propio diseño del motor, ya que los cuatro cilindros están tumbados. 

En el caso del Evo, el cuatro en línea tenía una respuesta que recuerdo como más explosiva, y eso que en ambos casos la diversión empezaba a las 3.000 vueltas más o menos. A las 4.000 la cosa se volvía demasiado divertida como para ser legal. Y estiraban hasta más allá de las 6.000 rpm.

En cuanto a cifras, parece que Mitsubishi se copió descaradamente de Subaru. O a lo mejor fue al revés. No importa. Cuando llegó el Evo VIII, anunciaba exactamente los mismos datos de potencia que el STI: 265 CV, aunque en Lancer se alcanzaban a 6.500 rpm y en el Impreza a 6.000. En cuanto al par, lo mismo: el WRX STI tenía 350 Nm a 4.000 vueltas y el Lancer, 355 a 3.500 rpm.

¿Y de comportamiento? Lo dicho: como empezaban la locura relativamente altos de vueltas, en ciudad eran 'casi' hasta un co*azo para conducir: no había nada. N-A-D-A. Bueno, mirándolo bien, ayudaba a circular en el tráfico urbano sin tanto tirón, aunque cuando salías a autopistas de circunvalación con el tráfico trabado, no eran especialmente agradables de conducir... relativamente, claro, prefiero un atasco en uno de estos que con un, digamos Fiat Punto GLP.

Pero veamos eso en el siguiente apartado...

Lancer Evo VIII o Subaro Impreza WRX STI. ¿Cuál iba mejor?

Subaru Impreza WRX STI o Mitsubishi Lancer Evo VIII: dos leyendas de la carreteras. En serio.

Antes de venir a mi casa por la noche y con antorchas, os pediría a los que no estéis de acuerdo que no sea muy tarde, que tengo a los niños acostados. Bajo mi criterio, que no tiene que ser el único, el que mejor iba era el Evo. Así de crudo lo digo. Me explico: contaba con un tren de rodaje más moderno, con tres diferenciales activos y un selector de modos para la tracción: terreno normal, resbaladizo y muy resbaladizo. Los que habéis tenido la suerte de tener uno, de conducirlo, o simplemente de mirarlo, recordaréis eso de Tarmac/Gravel/Snow.

En cierta ocasión, con un expiloto de GT que por alguna razón accedió a darse una vuelta conmigo al Jarama, me explicaba que tenía tres diferenciales activos y que iba de cine. En Varzi el coche se empezó a ir de morro. Me decía que corrigiera, que aguantara, que no soltara ni volante ni gas. La fuerza pasó al tren trasero y sentía cómo empujaba de atrás hasta el punto de que me planteaba empezar a insinuar un ligero contravolante. No hizo falta, pero te da una idea de lo bien calibrado que estaba su tren de rodaje.

¿Entonces, el Impreza iba mal? De ningún modo. Recurría a un sistema con un diferencial de deslizamiento limitado detrás, un central de acoplamiento viscoso y un delantero que en la marca denominaron Suretrac. Con este coche tuve la oportunidad de rodar en una especie de camino muy ancho acotado al tráfico con varios tipos de superficie en el que me lo pasé en grande haciendo contravolantes como si no existiera un mañana... y bueno, recuperándome de más de dos (y de tres) trompos...

Su funcionamiento era similar, pero no igual: quizá había que ir más fino y jugar más con los pesos si querías enlazar curvas de una manera... digamos más al estilo McRae.

En lo que no creo que hubiera mucha diferencia era a la hora de frenar. Cuando hacía prestaciones para la web amiga AUTOBILD.es, recuerdo que soportaron perfectamente las 10 frenadas seguidas de 100 a 0 que les hacíamos. Mi estómago, por si te lo preguntas, no siempre salía entero de esas pruebas, especialmente en verano... 

Pero si tienes uno de estos coches, seguro que no lo vas a someter a un comportamiento tan extremo. Entre otras cosas porque te lo puedes cargar (y te la puedes cargar, si me permites el matiz).

En una conducción normal en carretera abierta, ambos coches te hacen notar hasta el escarabajo que ha tenido la mala suerte de ponerse en el camino de alguna de sus cuatro ruedas. Los recuerdo duros, pero no extremos.

Creo que la dirección del Evo me gusta más que la del Impreza, aunque quizá es una cuestión de tacto del volante, porque no sabría decir las diferencias exactas que puede hacer. Rápidas, precisas y efectivas, como esperarías de un coche hecho para ser utilizado en un rally.

Puede que la pisada en curvas rápidas fuera más estable en el caso del Lancer Evolution. Llantas de 8x17 en lugar de 7,5x17 y 10 cm más de batalla podrían tener la culpa. 

De lo que no tengo duda es de que vas a ir más sujeto en el Evo y más cómodo en el STI debido a la configuración de los asientos. Los del Mitsubishi son más cañeros, pero recogen mucho mejor el cuerpo.

 

Impreza WRX STI, Lancer Evo VIII... ¿Qué ofrecían por su precio?

Se podría decir que los dos fabricantes pedían lo mismo por los coches: el Subaru costaba 42.200 euros cuando se lanzó el Evo VIII, por el que pedían 42.050 euros.

Subaru Impreza WRX STI o Mitsubishi Lancer Evo VIII: dos leyendas de la carreteras. En serio.

¿Equipamiento de lujo? ¡Ja! Si lo comparas con el Evo X o el WRX STI (cuando ya no era Impreza), estos dos parecen un Ford T: ni cambio automático opcional, ni navegador, ni equipo de sonido de altas prestaciones... Si buscabas ir rápido y con lujo, siempre podías optar por un BMW 330i de la época, y de paso disfrutar (ahí lo dejo) de uno de los mejores seis en línea de la historia.

Volviendo a los dos protagonistas, la única opción 'oficial' que tenía el Subaru era la pintura metalizada, que costaba 300 euros. El Evo era algo más generoso: alerón de carbono por 1.000 euros; tapizado de cuero, otros 1.500. Y la pintura metalizada, que, oh, sorpresa, costaba también 300.

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Pero eso era lo de menos. Lo de más, las sensaciones que ofrecían los dos. Hace un par de años pude conducir un Evo VIII con unas pocas vitaminas que le permitían llegar a unos 315 CV. La caja de cambios con cinco marchas (seis en Subaru) lo hacía un poco incómodo cuando ibas por autopista a unas 3.300 rpm con un nivel de insonorización que hoy en día ha superado incluso un Dacia Sandero Base. Pero las sensaciones siguen ahí. También la imagen y ese sabor a coche que nunca más a a volver a existir.

Subaru Impreza WRX STI o Mitsubishi Lancer Evo VIII: dos leyendas de la carreteras. En serio.

Por eso, aunque seguro que ya te lo imaginas, si tuviera que escoger entre un Subaru Impreza WRX STI y un Mitsubishi Lancer Evo VIII, optaría por este último. Quizá lo pensaría un poco, pero al final, creo que era un coche que, aun siendo de la vieja escuela, presentaba algunas 'modernidades' que lo hacían mejor. Aunque este adjetivo, leído así, sea un poco cruel con el segundo coche más apasionante de este tipo que existía en esa época...

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