La verdad oculta de los coches eléctricos. Contaminan mucho más de lo que crees

Coche eléctrico

Gustavo López Sirvent

A pesar de que nos los venden como vehículos de cero emisiones cuando arrancas el motor, detrás de ellos hay muchos procesos de producción que conllevan graves riesgos para el medio ambiente y para la salud de los mineros que trabajan con materiales como el litio, el níquel, el cobalto o el cobre.

Desde su aparición a finales del siglo XX (a pesar de que los primeros se fabricaron a finales del siglo XIX) el coche eléctrico ha presumido de ser de cero emisiones, pero nuestros compañeros de Business Insider nos han demostrado que, aunque esa afirmación es cierta, tampoco lo es al 100% porque los vehículos enchufados a la red también contaminan.

¿Y de dónde procede esa polución? En principio, de las baterías, que necesitan ciertos metales de difícil extracción para producirlas. Los metales como el litio hasta el níquel, pasando por valiosos metales de los fondos marinos, son los materiales elegidos y esos, precisamente, no es que estén exentos de contaminación.

Según las cifras que se barajan, un vehículo eléctrico que ofrezca un consumo medio contiene seis veces más minerales que un automóvil con motor de combustión. Toda esa suciedad medioambiental procede de las citadas baterías, que están compuestas por numerosas celdas que a su vez incorporan  iones que, igualmente, se mueven entre el ánodo y el cátodo. 

El litio y su tratamiento son un peligro

El litio es uno de los materiales esenciales más utilizados para la fabricación de baterías para coches eléctricos. Se puede decir sin temor a equivocarnos que es el metal más ligero del mundo y se encuentra en rocas, arcilla y agua salada. Bolivia, Chile y Argentina son los países donde hay más cantidad de ese mineral. 

En esos países, el litio se almacena en agua salada subterránea llamada salmuera. Miles de litros se bombean a la superficie cada año, donde se dejan evaporar. Se pueden necesitar más de 3.785 litros de salmuera para producir litio suficiente para una sola batería de coche eléctrico. Esa agua salada puede tardar unos 18 meses en desplazarse por gravedad a través de una serie de estanques. 

Posteriormente, las sales ricas en litio se cargan en camiones y se llevan a una planta de procesamiento cercana a la costa, donde se purifican para obtener bombas de litio listas para instalar en las baterías. La salmuera se va aspirando en cantidades industriales cada 20 minutos y las factorías que procesan las sales extraen agua dulce de acuíferos subterráneos.

Y aquí es donde reside la contaminación. Estos residuos en el agua suponen un grave problema, sobre todo con los reguladores ambientales, ya que se extrae salmuera y agua dulce en exceso.

El cobre, otro enemigo del medio ambiente

Otro de los metales fundamentales para la elaboración de baterías es el cobre, que tiene su fuente principal en Chile. Se estima que un vehículo de los llamados cero emisiones contiene más de 80 kg de este metal, lo que significa que presenta más del doble que un automóvil de gasolina.

En cada celda de la batería se instala una lámina de cobre sobre el extremo negativo, que actúa como puente hacia el circuito exterior, permitiendo que la electricidad fluya por el coche. El cobre aparece, igualmente, en el cableado y el motor eléctrico del coche.

Estas minas han sufrido una sobreexplotación y están al borde de quedarse sin existencias y encontrar nuevas puede llevar muchos años y mucho dinero. Un tanto por ciento elevado de esas  minas de cobre son grandes pozos abiertos donde la roca se extrae de la tierra con explosivos. 

Y como si fuera una reacción en cadena, se produce el siguiente efecto: estos pozos permanecen mucho tiempo después de que la mina ha cerrado, lo que provoca que se llene de agua repleta de ácidos y metales pesados. A su vez, este líquido es un bebedero natural de cientos de aves, que mueren al tomar agua contaminada.

Los mineros mueren por extraer cobalto

El cobalto, que tiene su minería principal en la República del Congo, es muy recurrente para los fabricantes de baterías porque soporta altas temperaturas y no se corroe fácilmente. Por esta razón, este país, apoyado económicamente por China, ha duplicado su extracción.

Entre el 15 y el 30% del cobalto procede de minas artesanales donde los mineros usan las herramientas que tienen a su alcance, a menudo sin equipo de protección. Se ha dado la circunstancia de que han trabajado excavando pozos en la tierra y la roca para llegar a los filones de cobalto.

Los túneles se cortan a mano y pueden llegar a derrumbarse, provocando la muerte de todos los congoleños que trabajan dentro de ella. El trabajo consiste en introducirse en la mina y extraer este mineral. Después, de vuelta a la superficie, lo llevan a un depósito donde las rocas son evaluadas y pesadas. 

Unos 3 centímetros pueden valer entre 200 y 300 dólares a la semana. El precio varía casi a diario en función del valor del cobalto en el mercado mundial. Este hecho provoca que muchos congoleños se jueguen el pellejo para dar de comer a los suyos.

Además, los adultos no son los únicos que trabajan. En caso de necesidad, las familias también exponen a sus hijos a estos riesgos a cambio de dinero. Grupos de derechos humanos también han dado la voz de alarma sobre el trabajo infantil en las explotaciones mineras no reguladas. 

Las aguas de Indonesia contienen níquel

El níquel se está utilizando porque se está reduciendo la cantidad de cobalto en los coches eléctricos. Indonesia es el mayor productor mundial de este mineral y planea ampliar un proceso llamado lixiviación ácida a alta presión.  Esta técnica puede transformar el níquel de baja calidad en el tipo de níquel útil para la industria de baterías de los automóviles eléctricos.

El problema medioambiental es que usa ácido sulfúrico caliente y puede dejar residuos peligrosos que pueden causar la destrucción de todo lo que le rodea si no se almacenan como toca. Además, la contaminación de las minas ha llegado al mar. 

La parte oriental del archipiélago indonesio se encuentra en lo que se conoce como el Triángulo de Coral, una zona con más diversidad de vida marina que ningún otro lugar del planeta. Es más, el país en global, tiene más de una décima parte de las especies de mamíferos del mundo y casi una quinta parte de todas las especies de aves. 

El reciclaje también preocupa

Las baterías tienen una vida útil muy prolongada, pero acaban muriendo. Es ahí donde podría entrar el reciclaje, pero eso cuesta dinero y parece que las empresas no están dispuestas a ello.

Sulalit Bandyopadhyay, profesor asociado y experto en pilas del Departamento de Ingeniería Química de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, destaca que "el problema ahora es que hay una división entre las empresas que fabrican las pilas y las que las reciclan. La forma en que se fabrican las baterías dificulta innecesariamente su reciclaje".

"Las baterías podrían diseñarse y producirse de nuevas formas que lo hicieran mucho, mucho más fácil", afirma Bandyopadhyay. Este investigador cree que sería positivo reciclar esas baterías, pero ñas fábricas que las producen no las hacen reciclables por motivos económicos. 

"Sí, es más caro fabricar pilas más fáciles de reciclar. Pero el día que la normativa sobre reciclaje sea más estricta, costará dinero rediseñar y reconstruir la producción de baterías", señala Bandyopadhyay.

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