Pasar al contenido principal

Conducimos los juguetitos más gordos de Mercedes-AMG

TG conduce todos los Mercedes-AMG de póster para celebrar un cumpleaños. Incluye el SL65 Black y el 'Red Pig'.

Imagen de perfil de Redacción Top Gear

Texto: Paul Horrell

Hace medio siglo, dos tipos hicieron algo extraño: dejaron su trabajo en la mejor compañía de ingeniería de coches del mundo, Mercedes-Benz, y fundaron un pequeño taller de puesta a punto para motores de carreras. El negocio creció y ha acabado como el nombre de lo que será lo más de lo más en hiperdeportivos: el AMG Project One, un propulsor de F1 en un vehículo de calle. Efectivamente, estamos celebrando el aniversario de Mercedes-AMG.

Nadie parece recordar por qué Hans-Werner Aufretch y Edhard Melcher añadieron Grosspach (la localidad natal del primero) a sus iniciales, pero AMG fue la denominación que escogieron. En 1967, se dedicaban sólo a los motores. Las mecánicas han seguido eclipsando todo lo que han hecho después.

Pronto empezaron a construir no sólo propulsores, sino coches de carreras completos, y sumaron piezas personalizables a los vehículos de calle. Más tarde llegaron los automóviles de producción, a los que se añadía un pack. Estaban tan bien ejecutados que Mercedes se unió para desarrollar modelos completos de forma conjunta. El primero, el C63 AMG, apareció en 1993.

La marca también compró acciones del preparador y en 2005 ya era su dueño. Y el círculo se cerró, ya que Aufretch comenzó con su propia compañía para gestionar las actividades deportivas de AMG y Melcher posee ahora un taller de tuning.

Los cinco mejores Mercedes de la historia.

Mientras tanto, la sede de AMG (trasladada a Affalterbach en 1976) aún fabrica motores y continúa designado a una persona para que se encargue de cada unidad de principio a fin. Asimismo, los desarrolla, al igual que hace con coches que ya existen, como el SLS y el GT.

Y, con motivo de la celebración del aniversario de Mercedes-AMG, hemos podido conducir algunos de los grandes éxitos de la compañía en Silverstone. Son éstos.

Mercedes-Benz 300 SEL 6.3 (‘Red Pig’), 1971

Aniversario Mercedes-AMG (I)

El Mercedes 300 SEL 6.3 fue el cuatro puertas más rápido del mundo a finales de los años 60. Pero no era un coche deportivo. Melcher y Aufrecht llevaron el V8 hasta los 6,8 litros y obtuvieron 433 CV. También rebajaron el peso del vehículo. Le pusieron puertas de aluminio, si bien aún había un sofá de cuero en las plazas traseras, recubrimientos lujosos, una moqueta gruesa…

De todas formas, lo inscribieron en las 24 horas de Spa de 1971. Lo llamaron Red Pig (Cerdo Rojo). Todos se rieron, pero logró la segunda plaza en un campo lleno de automóviles destinados a la competición. Se dice que habría ganado de no ser por el despilfarro de paradas que realizó para repostar y cambiar neumáticos. Los que lleva ahora son unos 335/40 15.

La unidad original fue vendida, pero, hace un par de años, AMG construyó una réplica exacta. Es en la que estoy sentado.

El V8 murmulla de forma tranquilizadora. Coge el pomo de la palanca de cambios, de aluminio, y notarás cómo gestiona la transmisión dog-leg de cinco marchas: tira hacia ti para insertar primera; el resto de las velocidades van en H. Aunque los recorridos son cortos, hay que concentrarse en la reducción de 4ª a 3ª, mientras no pierdes de vista cómo tramitar el inmenso peso que manejas al acercarte a una curva. Sin embargo, el cambio no es un punto crítico, ya que la mecánica tiene mucha fuerza. Sube hasta las 5.500 rpm, pero no hay necesidad.

Sabías que iría bien. Los giros iban a ser el área más peliaguda… Pero no ocurre así. La carrocería no se inclina en exceso. Puedes sentir de qué son capaces esos neumáticos. Así que tomas la curva suavemente y dejas que el peso te lleve. Córtate delicadamente con el acelerador si lo necesitas.

Es terriblemente divertido, pero también te destroza. ¿Pilotarlo durante 24 horas? Creo que me gustaría.

Mercedes-Benz 190E 3.2, 1987

Aniversario Mercedes-AMG (II)

Probablemente, no habrás oído hablar de él. Acaparan más interés el 190E 2.3-16 y el 190E 2.5-16, pero éstos llevaban un motor de cuatro cilindros Cosworth, no AMG (aunque AMG corrió con ellos).

Después de ellos, la división deportiva decidió crear un 190 rápido y lujoso con un seis cilindros. Era el 190E 3.2. Vendieron 200 unidades; fue el primer modelo de AMG comercializado con garantía Mercedes.

Tiene llantas de aleación y un kit para la carrocería, además de un volante, firmados por la compañía de altas prestaciones. Por lo demás, es un sedán alemán de los 80 pijo y hasta arriba de equipamiento. Y se conduce como tal, por desgracia.

No es un coche para los circuitos. La madera y los resbaladizos asientos de cuero te darán una pista. El motor llega más allá de las 6.000 rpm, pero no quiere. No respira con la suficiente profundidad. La transmisión automática de cuatro marchas es pastosa y roba viveza. La ficha técnica dice que tiene 237 CV y que pasa de 0 a 100 en 7,7 segundos. Si soy amable, me lo creo.

Se inclina como un barco; es como si estuvieras restregando los flancos de las cubiertas contra el asfalto. La dirección es demasiado suave y lenta. Intentar redondear la trazada con el acelerador es una tarea inútil. Será mejor buscar una autobahn.

Mercedes-Benz CLK DTM, 2004

Aniversario Mercedes-AMG (III)

EL CLK de carreras dominó el DTM, así que se construyeron 100 ejemplares para rendir homenaje al modelo. El motor es el magnífico 5.5 V8 turbo de AMG con 580 CV. Comparado con el 5.5 normal del brazo deportivo de la marca, lleva pistones de alta compresión y alguna cosilla más.

Está envuelto en una carrocería de locos, con un habitáculo que ha sido convenientemente ‘adelgazado’: no hay asientos traseros; simplemente una caja de fibra de carbono, el mismo material presente en los bacquets.

5 razones por las que necesitas este Mercedes CLK DTM AMG.

Es brillante. En la primera curva te das cuenta de que los neumáticos son viejos y están fríos. Aunque encuentran un poco, no hay mucho agarre. Los frenos no son muy potentes, no para los estándares de hoy. No importa, ya que todo es súper preciso y muy informativo. La suspensión es firme; los amortiguadores, autoritarios; la dirección, exacta.

Tus manos casan perfectamente con el pequeño volante, tu cuerpo está atado a un asiento estrecho mediante un arnés de cinco puntos. Eres parte de la máquina.

El propulsor es excelente. Eso es lo que hizo AMG grande a los ojos del mundo. Suena épico, sus respuestas son instantáneas y ofrece un empuje gigante en cualquier zona del cuentavueltas.

Como recordarás, un poco más tarde se lanzó un CLK Black Series con el 6.3 V8 atmosférico, otro héroe. Pero éste es más crudo, más salvaje, su mecánica y su chasis encajan de manera mágica. Es un vehículo muy especial.

Mercedes-Benz SL65 Black Series, 2008

Aniversario Mercedes-AMG (IV)

Ups. 670 CV es algo ante lo que ni siquiera pestañeamos hoy en día. Pero hace una década, y asociados a 1.000 Nm, tomabas nota. El par estaba limitado para proteger la caja de cambios automática de cinco marchas. Así que lo tienes disponible desde las 2.200 a las 4.200 rpm.

El motor es un biturbo V12 que ha pasado por las manos de AMG. Igual que el del CLK DTM utilizaba buena parte de las piezas de la mecánica de un McLaren SLR, éste emplea las de un Pagani Huayra. Flipa.

El Mercedes-AMG GT Black Series llegará en 2018.

Por si esto fuera poco, la división deportiva de Mercedes rebajó el peso del SL65 AMG ‘normal’ en 250 kg. Quitó el techo escamoteable y puso uno fijo de fibra de carbono. Ese material también aparece en su carrocería ensanchada: en los alerones traseros, por ejemplo. Bajo eso hay una suspensión completamente revisada y neumáticos gigantescos.

Se trata, básicamente, de un SL normal, lo que significa que el propulsor va sobre el eje delantero. Y hablamos de un V12. Para la aligerada zona posterior, sustrajeron más kilos. Así que no es sorprendente que siempre esté subvirando… hasta que tocas el acelerador. Y entonces sobrevira.

Es tan rápido que casi te deja sin aliento, incluso hoy en día. Los turbos entran en acción enseguida y te llevan a la hiperconducción. También es siniestramente silencioso, así que no te das cuenta inmediatamente. Te encuentras al final de la recta y, de repente, has de encontrar una forma de que ese frontal tan pesado realice el necesario cambio de dirección.

Costaban más de 250.000 euros cuando eran nuevos. Y los que están en buen estado todavía lo valen. Su rareza, locura y el toque de AMG son suficientes para superar una delicadeza dinámica absoluta.

Mercedes-AMG E63 S, 2017

Aniversario Mercedes-AMG (V)

Desde que AMG pasó a formar parte de Mercedes, se volvió un poco avariciosa. Encaja sus maravillosos motores en sitios en los que nunca deberían encajarse. Sé que tiene una legión de seguidores, pero el Clase G AMG es un mastodonte horrible, incontrolable y lleno de anfetaminas. Ocurre algo similar con los otros SUV de esta división. Pero esta gente puede hacer coches prácticos y tan rápidos que te cegarán, como el E63 S 4Matic+. Todavía mejor, su versión familiar.

Tiene 612 CV, una transmisión automática de nueve marchas y tracción total, así que pasa de 0 a 100 en 3,5 segundos cualquier día de la semana. Ah, el signo ‘+’ significa que puedes desconectar el eje delantero y regalarte un ratito de drifting.

Se trata de un sistema terrorífico, metido en un chasis terrorífico. Lo sientes como un propulsión trasera hasta que necesitas más… y entonces las ruedas delanteras te lo dan inmediatamente. Es sensible a todo lo que hagas con la dirección y el acelerador. Desde luego, pesa, tanto como el Red Pig. En ambos casos se nota, pero te las puedes apañar.

También cuenta con un maletero enorme y tanto lujo que malcriaría a la familia imperial. Resulta complicado pensar en otro vehículo que haga tanto tan bien.

Mercedes-AMG GT R, 2017

Aniversario Mercedes-AMG (VI)

Si el SL65 Black Series era unidimensional (en línea recta), el GT R añade una segunda dimensión: las curvas. Te sientas muy abajo y por detrás del motor. El peso está en el sitio correcto.

Su motor de 585 CV, un 4 litros V8, casi parece de carburación, construyendo su potencia de forma progresiva hasta las 7.000 rpm. Los patrones del cambio en las levas aparecen justo cuando los pides: haz clic y sal disparado hacia el horizonte. La frenada es igual de magnífica, no por la fuerza, sino por la seguridad del pedal y la gran estabilidad del coche.

Gira con una progresión que el GT S original nunca tuvo y es más ágil en las curvas lentas y más benévolo en las rápidas. ¿Cómo? Gracias a la sabiduría de sus cuatro ruedas directrices.

Se ajusta completamente a la definición de superdeportivo para uso diario. Condúcelo y confiarás en que esta gente vaya a fabricar un hiperdeportivo. Eso sí que va a ser un buen regalo de aniversario.

Lecturas recomendadas

Lo último en Top Gear