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En Japón los Toyota 2000 GT vuelven a la vida rejuvenecidos

Imagen de perfil de Redacción Top Gear

Antes de nada, conviene que sepas que no estamos ante uno de los modelos de Toyota más emblemáticos. No, no es un 2000 GT. Bueno, lo parece, pero lo cierto es que es la obra de Rocky Auto, que busca de nuevo la pureza de la conducción.

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Coches deportivos

Los coches deportivos nos hacen soñar despiertos: grandes prestaciones, promesa de sensaciones al volante, de una conducción sin igual. Los hay grandes, pequeños, bonitos, feos, caros y baratos. Pero todos ellos tienen en común una cosa: si merecen la pena, están aquí. ¡Sigue el link!

De todas las comodidades y avances que el futuro del automóvil puede traer, una cosa que estamos ya empezando a echar de menos es el sonido. No uno cualquiera. No un ruido sin más, sino el de la vieja escuela. Un sonido que es alto, pero no sobreactuado. Sonido con un objetivo. El tipo de sonido que te hace girar la cabeza; el que te dibuja una sonrisa cuando lo escuchas. 

Pues bien: si hundes tu pie derecho en el Rocky Auto 3000 GT obtienes ese sonido. Uno áspero, sin filtraciones; uno que aumenta su belleza según vas subiendo de revoluciones. En una era de habitáculos extremadamente silenciosos, es suficiente para sacarte una lagrimilla. Y eso es antes de que te des cuenta de que estás conduciendo una de las siluetas más icónicas y admiradas de la tierra del sol naciente: el Toyota 2000 GT.

Es complicado explicar lo importante que es este coche no solo para la marca, sino también para Japón. La Segunda Guerra Mundial había dejado al país hecho unos zorros, así que Yamaha se unió a un pequeño grupo de trabajadores de Toyota para curar las heridas y de paso dar un golpe en la mesa con una propuesta de ingeniería y diseño al más alto nivel.

En serio: existe un Toyota 2000 GT cabrio

Con apenas 1,14 menos de alto, el 2000 GT era bajo y estilizado, con unas formas rompedoras. Su diseñador, Satoru Nokazi, se había inspirado en el E-Type para formar una carrocería de líneas curvas con el objetivo de hacerlo atemporal. Pero necesitaban algo más. 

En 1966 un 2000 GT completó una prueba de duración brutal: 72 horas en las que incluso se vivió un tifón. A lo largo de tres ininterrumpidos días en el Circuito de Yabate (que es oval) los pilotos consiguieron una media de 205,9 km/h, batiendo de paso 16 récords de velocidad homologados por la  FIA.

Yoshiya Watanabe y es el dueño del taller Rocky Auto
Yoshiya Watanabe y es el dueño del taller Rocky Auto. Foto: Mark Riccioni

Era el primer superdeportivo de Japón, y sin él hoy no existirían los LFA, Celica, Supra o GT86. Pero con solo 351 unidades en el mundo, son increíblemente escasos, una joya de colección cara que se cotiza por encima del millón de dólares.

Afortunadamente hay alguien que los fabrica mucho más baratos. Su nombre es Yoshiya Watanabe y es el dueño del taller Rocky Auto, en Okazaki, a medio camino entre Osaka y Tokio. Watanabe es algo más que un preparador: también es diseñador de coches. De hecho, estuvo en el equipo que hizo el Toyota HiAce. 

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Pero hasta un niño podría dibujar un cuadrado y ponerle ruedas. Se sentía atado de pies y manos, así que cambió de vida. Hizo un montón de dinero vendiendo coches a los Bosozoku, una de tribu motera que generó algún que otro altercado en el país con sus monturas preparadas. Más tarde dio el paso a vender clásicos. 

Tenía material de calidad, como Nissan Skyline C110 y Datsun 240Z, pero según su clientela se hacía mayor, querían estos coches con comodidades de los tiempos modernos: aire acondicionado, dirección asistida... 

Watanabe iba un poco más allá y hacía también swaps impensables. Quieres un Skyline 2000 GT con un V8, lo tienes. O algo con un turbo. Rocky Auto puede hacerlo.

El taller donde se hacen los RA 3000 GT
Este es el taller de Rocky Auto. Foto: Mark Riccioni

Pero no es un psicópata que trocea coches para hacer dinero rápido. Si echas un vistazo a su taller, verás sus réplicas del Toyota 2000 GT, pero bajo el nombre de 3000 GT. Un aficionado a los clásicos no sabrá cómo tomarse esto. Pero hay que dejar de lado los prejuicios y pensar que, aunque no es un modelo original, está hecho a mano y con calidad; justo en las antípodas de esos Ferrari de fibra de vidrio basados en chasis de MR2.

Para hacerlos, lo primero que hizo fue hacer un escaneo con láser de su propio 2000 GT y a partir de ahí creó un molde en madera. Cuando le llega un pedido, trabaja a mano los paneles de aluminio para dejarlos idénticos al original. El motor, la transmisión, el cableado y algunos elementos interiores provienen de Toyota, pero todo lo demás está hecho manualmente.

Un molde creado a partir de una muestra con láser
El molde de madera sobre el que se ponen los paneles. Foto: Mark Riccioni

El RA 3000 GT básico utiliza un motor seis cilindros de tres litros que los conocedores de Toyota sabrán apreciar: el 2JZ. Está unido a una caja de cambios automática de cuatro velocidades. También puede añadir un turbo, una transmisión manual, hacer un cabrio y una variante híbrida que utiliza el tren de potencia de un Toyota Prius. 

Por qué el motor 2JZ es tan especial

Dado el espíritu del original, seguramente hayas pensado en algún tipo de acción legal por parte de los abogados de Toyota. Pero parece que han mirado a otro lado. Quizá, entre otras cosas, porque Shihomi Hosoya, jefe de Competición de Toyota en los 60 y los 70 (y el hombre al volante en el récord de 72 horas) ha estado involucrado en el proyecto.

Los 3000 GT tienen un precio de 350.000 euros, por lo que no son precisamente baratos. Pero eso no ha impedido que 30 personas le hayan pedido ya uno y que no les importe esperar años (tarda 15 meses en hacer uno).

Una prueba del RA 3000 GT

Antes de decirle adiós me pongo al volante de un modelo dorado en dirección a las colinas de Aichi-ken. Hay algunos detalles maravillosos, sin duda, pero en el interior los relojes y algunos plásticos se notan demasiado modernos y echas en falta la presencia de los originales. La dirección y el cambio manual sin sincronizar no requieren de demasiado esfuerzo.

Interior del RA 3000 GT
Un interior clásico con algunos detalles modernos. Foto: Mark Riccioni

Pero el motor el tremendo, repleto de carácter y, gracias a su dirección asistida y a unas suspensiones modernas, es (y se siente) ligero sobre el asfalto. Tiene 220 CV y aunque es potente, no es un coche brutal, sino utilizable en el más amplio espectro de la palabra. Suficiente para ofrecer una experiencia memorable a toda una generación que se crió soñando con uno de estos mientras lo conducía en alguno de los mejores juegos de coches de su infancia.

El 3000 GT va de conducir sin más: muy sensorial y muy gratificante. Puede que sea una réplica, pero está envuelta en una carrocería perversamente atractiva. Como en el original. Y merece la pena.

Un texto de Rowan Horncastle

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