Marciano 268A: los extraterrestres existen

¿240 CV, 800 kg, V8? No hay más preguntas, señoría

La vida es de los que apuestan y aunque no siempre consigas la combinación ganadora, probar no cuesta nada. Al menos tendrás la satisfacción de haberlo intentado… Esto es lo que le pasó al protagonista de nuestra historia a la tierna edad de 23 años, esa en la que la frescura y las ganas de desafiar a la vida están a flor de piel. Espera, ¿no os he presentado? Discúlpame por ello… Te hablo de Vincenzo Marciano, el creador del Marciano 268A, la belleza que tienes en las fotos.

Con un V8 de Alfa Romeo Montreal

Pero espera. Viajemos hasta el año 1972. Estamos en Toscana (Italia). Allí, hace más de dos décadas, un joven italiano pasaba horas y horas muertas soñando cómo sería conducir el coche de sus sueños: la manera en la que retumbaría en sus oídos el bramido del motor, el olor a gasolina, el reflejo de las luces sobre el pavimento mojado, la sensación que transmitiría el pie derecho al hundirse en el pedal… Cuando todas estas ideas resonaban en su cabeza, no venían solas, sino representadas en forma de vehículos míticos e inalcanzables para el bolsillo de un joven de sus años, a pesar de que el muchacho tenía varios trabajos con los que intentaba ahorrar para poder adquirir uno de los deportivos soñados.

Para no perder el rumbo, los empleos estaban relacionados con la industria del automóvil, claro, una buena manera de aprender de las entrañas de este maravilloso mundo y sentirse más cerca de aquello que le quitaba el sueño por las noches. Por aquel entonces, lo más de lo más era tener un Ferrari 206 SP Dino o un Alfa Romeo 33 Stradale; vehículos llenos de curvas, de espíritu racing y sobre todo, de ADN italiano, pero que Vincenzo no se podía permitir. 

Al Marciano 268A lo resucita un Alfa Romeo Montreal

Solo le quedaba, por tanto, trabajar duro y dejar volar la imaginación… Afortunadamente, la vida tenía preparada una sorpresa para nuestro amigo. Un buen día, un Alfa Romeo Montreal accidentado que nadie quería se cruzó en su camino. Sus condiciones eran pésimas; de hecho, solo se podía aprovechar de él el motor y la caja de cambios ZF de cinco marchas, así que se había convertido en una especie de desheredado que nadie, absolutamente nadie, sabía valorar. En pocas palabras, carne de desguace...  

Como era un chico listo, supo aprovechar todos los conocimientos adquiridos en sus trabajos en diversos talleres. Lo primero que hizo fue llevarse consigo lo que pudo del maltrecho coche y aunque estuviera en estado muy grave decidió ingresar al accidentado motor en una unidad de cuidados intensivos para reanimarlo. Necesitaba cariño, dedicación... y trabajo duro.

Como si se tratara de una creación divina, fue poco a poco devolviéndolo a la vida. En primer lugar creó un chasis tubular inspirado principalmente en las líneas del atractivo 33 Stradale para acoger el propulsor - que al contrario que en el Stradale, iba en posición delantera - y la suspensión, creada por él mismo-. Pero había mucha más labor por hacer antes de sentarse a descansar y observar su obra. Puede que esta historia te recuerde más bien a la de Víctor Frankenstein, pero aquí no hay monstruos ni cuentos para no pegar ojo; todo lo contrario. Marciano se encerró en su taller para otorgar alma y personalidad a su deseado bólido. Me recuerda a la historia del Mini Clásico con motor de Honda Integra Type-R, pero con mucho más sabor.

Si miras con detalle las imágenes, algo que no te costará mucho debido a su belleza, probablemente digas eso de... “tu cara me suena”. Y es que el diferencial fue tomado del Jaguar E-Type (aquí tienes el E-Type Reborn), el parabrisas lo heredó del Ferrari 250LM y  los faros delanteros, del Ferrari 250 GTO. Las ruedas - de magnesio y 13 pulgadas - pertenecían también al Stradale. Buenos genes, sin duda, para salir así de bonito, digno de cualquier concurso de belleza. 

Dos décadas después, tanto esfuerzo dio - por fin - sus frutos. A finales de los 90, el coche estaba listo y era el momento de bautizarlo; así nacía el Marciano 268A. El nombre no fue elegido al azar; en realidad, nada de lo que hizo nuestro protagonista, Marciano, fue al azar: su apodo es la suma de su cubicaje - 2.600 cc - y de su número de cilindros, pues monta un motor V8 capaz de ofrecer 240 CV de potencia. La A hace referencia al motor frontal (Anteriore en italiano). ¿Queda claro así que todo está bien medido dentro de este prototipo? Sin duda alguna. Más allá de la fachada, mención especial merece el interior. Basta con echar un vistazo al habitáculo para comprobar que la calidad y los acabados son de un gusto exquisito. Todo está diseñado con tanta delicadeza que no cabe duda de que se trata de una obra de arte. Única y llena de significado, pues esto es lo que pasa cuando de verdad deseas algo. 

El Marciano 268A no es solo una cara bonita. El propio Vincenzo cuenta que destaca por su ligereza - pesa 800 kg gracias a la carrocería de aluminio -, por un increíble manejo y presenta un buen agarre en curva. Su velocidad máxima es de 240 km/h y es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en tan solo 6 segundos. Una auténtica bestia disfrazada de bella. Arte en movimiento que muy pocos afortunados tendrán ocasión de ver, aunque es cierto que Vincenzo asiste alguna vez con su niño mimado a algunas exposiciones. Desde que hizo su debut en el Alfa Romeo Centennial Celebration, cuando la marca celebraba sus 100 años, no son pocos los puristas, amantes del mundo del automóvil y curiosos que han puesto el foco en él (entre los que me incluyo).

Pero la mirada más pura es la de su creador, que tantos años después todavía lo mira con ojos de enamorado. Vincenzo ha logrado reunir todos los ingredientes necesarios para que a la hora de ponerse en marcha, el Marciano 268A - que mide 4,1 metros de largo y 1,75 metros de ancho - luzca elegante y atractivo. Y lo ha logrado. Ha conseguido que sea un objeto de deseo con el que ni los bolsillos más caprichosos y pudientes podrán hacerse, pues no está a la venta. No hay precio para semejante pieza. Sí un valor sentimental infinito. Él, Vincenzo, lo describe como un coche excitante y sexy; las mismas palabras que saldrían de un joven de 23 años al mirar a su amada. Demasiado bueno para dejarle marchar... 

Podríamos tener un Marciano a la venta

Pero, ¿qué ha sido de Vincenzo Marciano? ¿A qué se dedica el hombre que logró llegar a su meta gracias a su esfuerzo, perseverancia y al sudor de su frente? El chaval que soñaba con bólidos italianos hace más de cinco décadas ha crecido y hoy tiene 67 años. Pero su mente echa humo, pues un nuevo y muy interesante proyecto podría estar en camino. Junto a sus dos hijos, uno de ellos ingeniero mecánico, está valorando la posibilidad de lanzar una pequeña serie de producción del Marciano 268A. ¿Cómo te quedas? 

Con un V8 de Alfa Romeo Montreal

Quieren que mantenga el diseño de este prototipo - ¡y les pedimos por favor que lo hagan! - y que incorpore un motor central. A partir de aquí, muchas preguntas se nos plantean... ¿Lo veremos pronto? Puede. ¿Será fácil para ellos cumplir con todas las exigencias de seguridad actuales y conseguir el reto de lanzar un coche como este al mercado? Seguro que no, pero no hay límites para este hombre. ¿Merecerá la pena el trabajo? Claro que sí, al menos para todos aquellos que nos emocionamos con las curvas de un deportivo como este. 

Todo apunta a que en Ponsacco, en la cuna del Marciano 268A, están a punto de nacer nuevas historias sobre ruedas. Eso sí, tras un duro invierno, cuando llegue de nuevo la primavera y veamos por fin los frutos, que tendrán olor a gasolina, el primogénito no se pondrá celoso, pues para Vincenzo solo uno de sus coches será para siempre único, especial e incluso ‘espacial’: el primer Marciano nacido en Italia. 

¿Te quedas con más ganas? Mira este vídeo del Marciano 268A

Esta joyita nos la ha cedido Davide Cironi (aquí su web) y viene directa de su canal de Youtube.

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