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Desaparece definitivamente la gasolina más venenosa del mundo

Argel
La gasolina con plomo aún existía

Muchos conductores jóvenes no se acordarán. Pero hubo un tiempo en que la gasolina 'normal' no era la de 95 octanos. Era una de 92 que llevaba plomo. Sin embargo, este tipo de combustibles se prohibieron en nuestro país en 2001, por sus efectos en la salud de las personas. Y, ahora, 20 años después, por fin podemos celebrar la erradicación total de la gasolina más venenosa del mundo. Porque Argelia, que era el último país que todavía la vendía, la eliminó de sus estaciones de servicio el pasado mes de julio.

Esto ha llevado al Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente (PNUMA) a declarar "un hito global" por la desaparición de ese peligroso aditivo conocido como tetraetilo de plomo. Lo hace cuando estaba a punto de cumplirse un siglo desde su aciaga invención. Fue en 1922 cuando los científicos de General Motors descubrieron que esta sustancia tenía un efecto antidetonante e incrementaba el octanaje, con lo que los vehículos que la usaban tenían mejor rendimiento y menor consumo.

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El problema es que el metal no se consumía en la combustión, sino que se expulsaba a la atmósfera. Y ya por entonces se conocían perfectamente los terribles efectos que tiene el envenenamiento por plomo (o saturnismo) en el ser humano. Causa enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y cáncer, y afecta el desarrollo del cerebro, especialmente de los niños. Se supone que también aumenta la criminalidad, y se ha relacionado el descenso de esta en las últimas décadas en Estados Unidos con la desaparición de este tipo de carburante. Aunque hay otras causas sociales que podrían explicarlo.

A pesar de eso, poco se hizo hasta que, en las décadas de los 40 y los 50, un científico llamado Clair Cameron Patterson descubrió por casualidad los gigantescos efectos de la contaminación por plomo. Fue mientras intentaba determinar la edad de la Tierra. Para ello, utilizaba un método de datación por uranio-plomo, que básicamente usa la desintegración del uranio en plomo para saber la fecha de formación de una roca.

Sin embargo, este investigador encontró que había cantidades desproporcionadas de plomo por todas partes. Y terminó por averiguar que esto se debía a su uso en los vehículos a motor. Conocedor de sus consecuencias nocivas, inició entonces una campaña para su prohibición, enfrentándose así a unas petroleras que no estaban para nada por la labor.

Sin embargo, la gasolina más venenosa del mundo, que para los años 70 se había convertido en la dominadora absoluta del mercado, empezó a desaparecer en los 80. Japón la desterró por ley en 1986, Austria en 1989, Canadá en 1990 o Colombia en 1991. En el sur de Europa, incluida España, aguantó hasta el año 2001. Y, ahora, por fin podemos celebrar que este peligrosísimo agente deja de emitirse también al otro lado del Estrecho. El PNUMA, que hace 20 años lanzó una campaña para exigir su erradicación en los países pobres, calcula que eso evita 1,2 millones de muertes y hasta 2 billones de euros en pérdidas al año.

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