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¿Por qué el Mazda 2 es un Toyota Yaris con otro logo?

Nuevo Mazda 2 2022

Una maniobra necesaria

Hace nada se presentó el nuevo Mazda 2 para 2022, aunque más allá del modelo en sí, la noticia fue que en realidad se trata de un Toyota Yaris híbrido con logos diferentes... y poco más.

Lo cierto es que, anécdota aparte, es una maniobra que tiene otro objetivo: la supervivencia en Europa. Y es que, con las restricciones que se avecinan para 2022, en Mazda necesitan modelos de bajas emisiones. Pero no solo ellos, como veremos un poco más adelante.

Volviendo al Mazda 2, lo llamativo de esta maniobra no es la elección en sí: supongo que muchas marcas suspiran por tener un Toyota Yaris en su gama. Sin embargo, de cara al público final, es complicado intentar convencer a alguien de que se haga con su modelo en lugar de comprar el original.

Toyota Yaris-Mazda 2

Pero todo tiene explicación. Y probablemente lo has adivinado: en ella aparece la palabra "emisiones". Con las restricciones al CO2 que se avecinan en 2022, las multas a los que se pasen de la raya y la llegada de la norma Euro 7 a partir de 2027 (lo que es ya mismo en términos de industria automovilística), se lo ponen difícil a los fabricantes que quieren mantenerse en Europa.

Por eso no es de extrañar que haya marcas que hayan hecho amago de "espantada" como Mitsubishi (al final se queda y fabricará en Europa en 2023), o que directamente hayan decidido no vender alguno de sus modelos aquí, como ocurre con el Nissan Z.

Una historia que viene de hace unos años

Volviendo al tema Mazda-Toyota, que el Yaris iba a ser de algún u otro modo el nuevo Mazda 2 ya se sabía desde hace un par de años.

En 2015 empezaron algunos contactos y en 2017 se hizo oficial la unión de las dos marcas para "superar los retos" que se avecinan en el sector. Como admitía en su día el director general de Toyota, Akio Toyoda, dichos retos son principalmente la aparición de "nuevos rivales en los mercados emergentes", así como la irrupción de compañías tecnológicas como Apple y Google en el apartado tecnológico.

Así, Toyota gastó aquel año 50.000 millones de yenes (equivalen a 400 millones de euros de hoy) para hacerse con algo más de 5% de las acciones de Mazda, mientras que estos hicieron lo propio, aunque de manera más modesta: apenas tienen el 0,25% del capital.

Además, para poder seguir adelante, en nuestro continente Toyota y Mazda figuran como un solo grupo a la hora de computar el CO2 que sale de sus respectivos tubos de escape. Por eso es importante rebajar el nivel medio de emisiones de Mazda que mencionaba antes.

Por ahora, la gama de turismos y SUV de Toyota está plenamente electrificada salvo excepciones como el Aygo X-Cross, el GR Yaris, el GR Supra, el todoterreno Land Cruiser y el industrial (y sus derivados para pasajeros) Proace.

Prueba del Mazda CX-30 Skyactiv-X
Álex Aguilar

Por su parte, en Mazda llevan la pegatina 'Eco' los Mazda 2, Mazda 3 y Mazda CX-30 debido a la utilización de un sistema 'mild hybrid',  mientras que el CX-5, el CX-3 y el MX-5 mantienen la pegatina C sin más. 

En cuanto a coches puramente de batería, los dos cuentan con sendos SUV eléctricos: Toyota acaba de anunciar el nuevo bZ4x para 2022, mientras que Mazda cuenta con el MX-30 (prueba), que aunque es muy buen coche, no termina de despegar en ventas.

Otras uniones de Toyota: Subaru, Suzuki y Daihatsu

"Lo que es diferente esta vez es que no hay cartas de navegación que seguir. No tiene precedentes", comentaba Toyoda al respecto de los nuevos retos a los que se enfrenta.

Reuters recogía en 2017 la opinión de Chris Richer, director ejecutivo de del grupo inversor CLSA, cuando se dio a conocer la inversión de Toyota en Mazda, "para una compañía sin experiencia haciendo coches, Mazda podría parecer una compra muy interesante. Son buenos, no son muy caros; quizá Toyota se ha dado cuenta de esto". Vamos, que podría estar guardándose las espaldas.

Esto se podría aplicar a otras alianzas, ya que la que tiene con Mazda no es la única: también compró el 16,5% de Subaru y mantiene joint ventures con Suzuki y con Daihatsu. Con todas ellas en conjunto prevé desarrollar tecnologías relacionadas con la conducción mientras, de paso, se preparan para afrontar el futuro que se avecina de una manera más cómoda.

¿Y eso qué quiere decir exactamente? Que para hacer frente a esas empresas tecnológicas que mencionaba Akio Toyoda no hay nada como aplicar el dicho "la unión hace la fuerza".

Así, entre todos desarrollarán sistemas relacionados con big data, conectividad, servicios en la nube, inteligencia artificial y demás parafernalia que, al final, conduzca a soluciones factibles relacionadas con la conducción autónoma, que es a lo que parece que la industria apunta a medio y largo plazo.

Por el momento es Toyota quien lleva la voz cantante y es la marca que los demás utilizarán de base para sus sistemas de comunicación e infotainment, aunque no solo.

Por ejemplo, Subaru también ha desarrollado su primer eléctrico puro, el SUV eléctrico Solterra, basándose 'intensamente' en el Toyota bZ4x; también Subaru utiliza el Rav4 para dar forma a su Across y el Corolla para su Swace. 

En cuanto a Daihatsu, una marca que no está presente en toda Europa, tiene en su gama modelos como el Altis, que es un Camry, y el Rocky, que es en realidad un Toyota Raize, un SUV que se vende en 

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