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Vuelven Los Caraduras. Ida y vuelta de Atlanta a Texas: 28 horas y un Trans Am de 727 CV

Si Burt Reynolds se las apañó, ¿por qué no TG? Tenemos 28 horas para ir de Atlanta a Texas y volver. Ah, y un Trans Am de 727 CV para esta carrera de la cerveza. Que comience la prueba...

Imagen de perfil de Redacción Top Gear

Bo ‘Bandit’ Darville (Burt Reynolds) es un conductor de camiones al que se le acerca un hombre de negocios adinerado -y muy sediento- que quiere dar una fiesta en el sobrio estado de Georgia. Le ofrece 80.000 dólares si va desde Atlanta a Texarkana y regresa en 28 horas trayendo Coors de contrabando. Siendo un oportunista, Bo pide un adelanto para comprar un Pontiac Trans Am de 1977 completamente nuevo que sirva como avanzadilla para su amigo Cledus Snow, conocido como Snowman, quien llevará el camión.

Inserta la ruta en Google Maps y verás que se trata de un viaje de 19 horas. El problema es que Bo insiste en recoger a una novia a la fuga y en tontear con ella sin parar. Tampoco ha estudiado el código de la Circulación y no le gusta conducir sin hacer contravolante. Como resultado, el sheriff de Texas Buford T. Justice le persigue inexorablemente.

Ahora, 39 años después de que Los Caraduras (nombre de la película en España) consolidase el Trans Am entre los muscle cars, el pollo chillón renace. Pontiac ya no existe, pero Trans Am Worldwide, nuevos dueños de la denominación, han hecho un trabajo estupendo transformando un Chevrolet Camaro SS en el tributo que ves aquí. Se trata de la edición Bandit, tope de gama, con paneles desmontables en el techo, colores negro y dorado en los sitios adecuados y un V8 7.4 sobrealimentado de 727 CV y 1.132 Nm de par (más que el biturbo V12 del Mercedes-AMG SL65). Uf. Y antes de que lo preguntes, sí, viene con un sombrero Stetson de serie.

La misión es sencilla: llevar el sucesor espiritual del Trans Am de 1977 por el camino que siguió su padre. Tenemos 28 horas para comprar cerveza en Texas y regresar al punto de partida, el recinto ferial Lakewood donde Bo realizaba sus negocios. ¿Suena fácil? Quizá en una película, pero en el mundo real hay que comer, dormir, repostar y fotografiar. Y con un coche así, ¿quién quiere seguir la ruta directa? Pon en marcha el reloj.

 

Los caraduras TG

 

00.00 hras: He subestimado el tiempo y los cuidados que necesita cultivar vello facial para que se acerque al brillante bigote de Burt. Me di una semana y ahora parezco un quinceañero que se ha oscurecido el labio superior con un lápiz para que le sirvan su primera cerveza. No importa, esto es América y hay todo tipo de gente con pinta rara por aquí. Quizá pueda mezclarme. Cogemos las llaves de nuestro Trans Am en la feria Lakewood. En cuestión de minutos, un policía nos dice “dad rienda suelta a esos caballos, chicos”. Observo con suspicacia su entusiasmo; nos está tranquilizando con un falso sentimiento de seguridad antes de encender su radar. Aunque podría estar siendo amable.

01.15: Evitamos el desastre por poco. Con los paneles del techo en el maletero, el viento me quita mi sombrero Stetson y el fotógrafo Webb Bland lo coge de forma gloriosa. El de Burt debía estar pegado.

03.05: Primer alto para repostar en Holly Pond, Alabama: 265 km en el marcador. No está muy bien para un horario que deja poco margen a los imprevistos. Con este coche no existen las paradas rápidas; la gente se arremolina alrededor. Alguien nos dice que ha visto la película 109 veces. Después de dar la visita completa al tercer desconocido (lo que incluye la firma de aprobación de Burt Reynolds en el salpicadero, la señorita pechugona en los gráficos del aire acondicionado y las fuentes originales del Trans Am del 77 en los diales), pedimos perdón y nos marchamos. Para algunos, este modelo es la cosa más hortera sobre cuatro ruedas, pero en el sur profundo es bienvenido. Nos sentimos seguros y aceptados. Algo exótico e italiano no atraería tanta atención.

 

Los caraduras TG

 

03.55: Hemos divisado una horquilla en Alabama. Mi excitación se diluye cuando no puedo encontrar la manera de quitar el control de tracción. De todas formas, pasamos un par de veces para coger la medida al coche. Tiene una transmisión automática de seis marchas de la vieja escuela: puedes ahumar un costillar mientras sube de una velocidad a otra. Es recomendable usar las levas, ya que al menos eso te permite planear el momento del cambio. Aún mejor: ahórrate 3.600 pavos y compra la versión manual. Es capaz de tomar las curvas, sólo que no quiere. Como el nuevo Ford Mustang, no es un deportivo en el sentido europeo del concepto. Sientes su peso en los giros, pero su deslizamiento está muy bien contenido; la principal barrera para la precisión es el motor. Pisa a fondo a bajas revoluciones y toserá, se quejará y no irá a ningún sitio hasta que la curva se pierda en el retrovisor. Entonces lanzará un grito de guerra a través de los escapes, despegará los neumáticos (con sus correspondientes letras blancas, oh, sí) y el control de tracción actuará violentamente. Nada sucede de forma suave, este coche esquizofrénico sólo es feliz cuando te da una paliza. Y ya me he enamorado.

04.20: Maldita sea. Acabo de encontrar el botón que desconecta el control de tracción. Me encantaría volver a la horquilla y ver cómo se comporta este vehículo, pero el reloj sigue en marcha.

04.45: Llueve. No importa, porque incluso sin los paneles en el techo, las gotas vuelan sobre nuestras cabezas. Buen truco. Estamos en una carretera larga y recta, el control de tracción está conectado, el motor se ha estabilizado y nos zampamos los kilómetros; parece que hemos encontrado el ritmo del viaje. Literalmente: suena música country en la radio. Nos dirigimos a Graceland y no puedo dejar de sonreír. Quizá tenga que ver con los cuatro litros de bebida azucarada que acabo de tomar.

08.00: La calle Beale en Memphis es una explosión de música y color cortesía de los bares retro en los que se toca blues. De nuestros escapes sale algo más parecido al heavy metal. Muy pronto, una multitud me acribilla a preguntas: “¿Cuánta potencia tiene?” “¿Es un Pontiac?” “¿Cuánto cuesta?” “¿Qué es eso de tu labio?” Nos detenemos un minuto, pero desearía tenerlo impreso para los curiosos, en lugar de repetirme hasta ponerme azul.

 

Chevrolet Camaro SS Bandit pueblo

 

09.04: Parada técnica en el concesionario de camiones Peterbilt, a las afueras de Memphis, como hizo Cledus en la película. No ha cambiado mucho en 39 años: tienen la quintaesencia de los trucks americanos. Me encapricho de uno al momento y empiezo a barajar opciones para aparcarlo en Londres.

09.10: Nueva parada técnica: 690 km recorridos. Una luz en el salpicadero me indica que necesitamos aceite. Es preocupante, porque llenamos hasta el tope esta mañana. Sin un embudo, un camionero entusiasta me enseña cómo media botella de plástico funciona igual de bien.

09.50: Nos deslizamos entre dos camiones en el carril para vehículos lentos y permitimos pasar a un tercero. Durante un par de segundos, somos invisibles para los otros coches en la carretera. Esta maniobra se llama ‘la mecedora’ y es una de las favoritas de Bandit. Es una pena que no tuviéramos policías de los que evadirnos.

 

Los caraduras TG

 

11.38: Estoy un poco cansado. ¿Quieres un consejo de viaje? El camino de Memphis a Texarcana es muy aburrido, evítalo a toda costa. Me encuentro dando toques al acelerador para gastar el combustible más rápido, con el fin de salir a estirar las piernas.

12.00: Sin más razón que un tedio extremo, abandonamos la autopista y encontramos un camino de tierra del que Bandit estaría orgulloso. Conclusión: 727 CV y un suelo sucio equivalen a una tracción limitada (y a una gruesa capa de polvo si te olvidas de poner los paneles del techo). Y a un buen rato de diversión.

13.00: Tercera parada para repostar: 1.000 km. Tardamos 20 minutos en colocar el techo, tarea que exige los bíceps de Burt y que nos deja sudando. Eso divierte a unas estudiantes que quieren hacerse una foto junto al coche. Un señor nos aborda antes de irnos y nos regala la historia de su Pontiac GTI del 66. Le digo que TAW podría hacerle una recreación. Es un momento de iluminación; me doy cuenta de que este Trans Am atrae a muchos niveles: a los fans de la película, a los del modelo, a los de Pontiac y a los de las cosas rápidas en general (esto vale para el 99,3% de los americanos).

13.21: Un tipo en un Porsche 911 intenta picarse con nosotros; le dejo pasar y me regodeo en mi victoria moral. No le culpo. Incluso al ralentí, el coche entero se sacude; el capó tiembla ante los ojos. Este vehículo es un arma de hostilidad masiva.

14.13: Trece minutos después de lo planificado, llegamos al punto medio: Texarkana, una ciudad entre la frontera de Texas y Arkansas. Buscamos Chubby Chee Liquor, el mejor (y posiblemente el único) vendedor de alcohol de la localidad, que te lo sirve sin bajarte del coche.

 

Los caraduras TG

 

14.46: Tenemos la cerveza. La euforia es seguida por la melancolía, ya que vamos a la siguiente parada. La recta de velocidad Montgomery (en el circuito, claro), Alabama, está a 900 km, yendo hacia el sitio del que salimos: ocho horas del tirón. Atlanta aparece dos horas más tarde. Necesitamos dormir, pero nos quedan 13 horas antes del plazo autoimpuesto y 11 de conducción, sin detenernos. Esto va a ser duro. Decidimos pasar la frontera con Mississippi antes de cerrar los ojos. Webb conoce un “Centro de bienvenida”, un parking vigilado, básicamente. No es el Ritz, pero tendrá que valer.

17.16:  Cuarta parada para repostar: 1.383,5 km. La gasolinera tiene un policía allí de forma permanente, sentado en su coche patrulla. No me da confianza; ¿cuántos asesinatos necesita una estación de servicio para que te asignen un agente? No tengo ni idea de en qué estado estamos; las pegatinas del vehículo policial dicen que es Louisiana. El Trans Am se traga otro par de litros de aceite. En serio, ¿qué hace con él?

17.45: Mientras el policía se acerca, no puedo evitar temerme lo peor. Webb no ayuda: “Apaga el motor, las manos en el volante, baja la ventanilla y no salgas o te disparará”, me dice con la mirada de quien lo sabe por experiencia. Me ha cazado a 130 km/h en una zona de 95; empiezo a imaginarme a mi compañero de celda, Big Bubba. Pero no le conoceré esta noche: es sólo una multa. Si yo fuera Bandit, escaparía, derraparía y haría una carrera por la frontera, pero soy un británico con un bigote triste, así que acepto mi sanción y me alejo tan despacio y suavemente como lo permite el motor y la transmisión del Trans Am.

18.59: Hora de dormir. Me lavo los dientes en un baño que tiene pinta de haber visto cosas muy malas ocurriendo allí y me meto en el coche con el sombrero sobre la cara. Gracias, americanos, y también a vuestros respaldos ajustables: estos asientos son misericordiosamente acogedores. El despetador sonará 90 minutos más tarde.

 

Los caraduras TG

 

20.34:  Es duro oír la alarma. Estoy empapado, siento sudor en sitios en los que nunca había sentido sudor. Y ¿qué demonios es ese olor? Un cruce de granja y calcetines en un gimnasio. Oh, somos nosotros, el hedor de dos hombres pegajosos y cansados.

22.36: Es imposible subestimar los efectos restauradores de un amanecer. Resetea tu reloj corporal y ofrece nuevas esperanzas. Mi cerebro olvida la noche sin dormir y se arma de valor para afrontar el día. Y por cierto, Mississippi por las mañanas es algo por lo que merece la pena levantarse: nubes rosas en lo alto, una niebla fina a nivel del suelo. Los párpados del sur comienzan a abrirse ante nosotros.

23.15: Quinta parada para repostar: 1.816,3 km completados ya. Otro litro de aceite. Patatas fritas para desayunar. Viviendo el sueño. Oh, yeah!

26.30: Bien, es hora de tomar una decisión. Si tiramos en línea recta hacia Atlanta quizá arañemos las 28 horas, pero ¿cuántas veces voy a estar en un muscle car de 727 CV con la recta de un circuito a mi disposición? No tiene sentido, pero sacrificamos la gran recompensa por una aventura en el camino.

26.36: En el Circuito de Montgomery nos recibe Robert Griffin, un señor en silla de ruedas (sólo tiene una pierna). Es el operador de la grúa para las fotos; Webb me lanza una mirada aterrorizada. Me presentan a Slick Jim, el jefe, y me dan las instrucciones de seguridad más cortas de mi vida. La expresión de sus caras al darse cuenta de que un británico pedante sabe quemar rueda no tiene precio.

 

Los caraduras TG

 

26.58: Las luces del semáforo se apagan y me pongo de lado, con los neumáticos patinando hasta en cuarta. Soy una vergüenza. Descubro que la clave es revolucionarlo menos y salir en segunda, acelerando con mimo antes de dar rienda suelta a la masa de energía aulladora que hay bajo el capó. No alcanzo el crono que me dijeron los chicos de TAW, pero con más tiempo y un montón de cubiertas, podría bajarlo.

27.15: Este sitio tiene una carretera sucia donde Slick Jim me deja a mi aire para meterme en charcos (lo siento, Webb. Manda la factura de la tintorería al director). Se confirma que con el control de tracción desconectado, el ángulo natural del Trans Am está muy inclinado.

28.00: Tiempo límite.

30.56: Nos detenemos junto al puente Mulberry (o lo que queda de él), donde tuvo lugar el famoso salto de la película. Unos policías llegan, pero rápidamente se dan cuenta de lo que hacemos aquí. De hecho, conocen a un agente que ayudó al equipo del film en el rodaje de 1977. Los tenemos en el bolsillo. La carretera entre árboles hasta el puente ya no existe.

 

Salto puente los caraduras

 

31.47: Paramos el cronómetro: hemos regresado a Lakewood. El coche está intacto (su conductor, algo menos) y ha sido un gran compañero. Es casi estúpido y hasta descarado, pero representa el sueño americano. Nada que haya llevado antes ha tenido un efecto tan positivo en la gente a mi alrededor, yo incluido. Espero que sepáis apreciar, queridos lectores, que podría haberos mentido. Habría falseado el resultado, pero quería contar la verdad y también justificarme. Bandit no tuvo que hacer fotos de su recorrido, llevaba una radio y un camión que le avisaba para evitar a la Policía y un seguro mucho más barato. Aun así, ¿2.333 km en 32 horas? Lo firmo. Algunos dirían que atravesar siete estados para conseguir una cerveza que puedes encontrar en cualquier sitio es una tontería y yo estaría de acuerdo. Pero merece la pena agarrarse a cualquier excusa para el viaje de tu vida. Las Coors calientes nunca han sabido tan bien.

 

Los caraduras TG

 

Texto: Jack Rix.

Fotos: Webb Bland.

 

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