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Niki Lauda, una leyenda (viva) de la F1, cumple hoy 68 años

Hoy repasamos la trayectoria del tricampeón austriaco de F1 en el día de su 68º cumpleaños. ¡Muchas felicidades!

Imagen de perfil de Javier Prieto
Niki Lauda, una de las leyendas (vivas) de la F1

Uno de los mejores pilotos de F1, Andreas Nikolaus Lauda, más conocido como Niki Lauda, cumple hoy 68 años. Y no se nos ha ocurrido mejor forma de felicitarle el día que realizar un repaso a su brillante trayectoria. Al margen de sus éxitos en la pista, -Campeón del Mundo 1975, 1977 y 1984- siempre será recordado por el gravísimo accidente que sufrió en el GP de Alemania 1976. Bueno, en concreto por el espíritu de superación que tuvo para superar las terroríficas secuelas que le produjo.

https://twitter.com/McLarenF1/status/835810168713654273

 

Primeros pasos en la F1

Aunque Lauda pertenecía a una familia de banqueros austriacos que estaba forrada, decidió apartarse de esa lucrativa actividad. Quizás por llevar la contraria, decidió que lo suyo eran los circuitos y los coches. Comenzó a competir en carreras de coches en 1968 con el dinero prestado de unos conocidos.

Y parece que a ese pijín escuchimizado no se le daba nada mal. De hecho, en 1971 dio el salto al Gran Circo de la mano de March, una de las peores escuderías de F1. Evidentemente, con ellos no se comió un colín ni en ese año ni al siguiente. En 1973 huyó despavorido a BRM donde cosechó casi los mismo éxitos. Nueve abandonos en 15 citas y un quinto como resultado más destacado dan fe de la situación. 

 

Primer título en Ferrari

Niki Lauda cuajó una actuación reseñable con el penoso BRM P160E en el GP de Mónaco 1973 que cambió su destino para siempre. Resulta que Enzo Ferrari, por aquel entonces capo de La Scuderia, quedó cautivado con su estilo de conducción. Se lo llevó a Maranello donde ganó su primera carrera en la cuarta cita vestido de rojo, el GP de España 1974 disputado en el Circuito del Jarama.

 

 

En Italia estaban encantados con ese exigente y metódico deportista llamado Niki Lauda. No destacaba por su simpatía ni habilidades sociales, pero les había devuelto a la senda del éxito, que al fin y al cabo eso era lo que importaba. En su segundo curso a las órdenes de Il Comendatore consiguió su primera corona, Fue gracias al tercer puesto cosechado en el GP de Italia 1975 celebrado en Monza. Aquello fue la locura.

 

 

Alemania 1976: Duelo con la muerte

Niki Lauda llegó a la décima cita de 1976 (GP de Alemania) como claro dominador del certamen. Sus cinco triunfos demostraban que componía junto a su Ferrari 312T una pareja casi invencible. Sin embargo, cuando apenas se habían disputado un par de vueltas al trazado de Nordschleife (antiguo Nurburgring) se estampó contra las protecciones.

Su bólido quedó convertido en una bola de fuego de la que fue rescatado por dos rivales que le libraron de una muerte segura. Por cierto, a pesar de que ya han transcurrido más de cuatro décadas del suceso, las imágenes nos siguen sobrecogiendo como si fuera hoy.

 

 

Tras luchar por su vida durante varias jornadas y recibir la extremaunción, Niki Lauda se sentó en un bólido ¡40 días después de aquello! Había sufrido quemaduras por todo su cuerpo, especialmente en su cabeza y cara, la cual aparecía desfigurada. Tuvo que pasar por varias operaciones para implantarle injertos de piel.

Debido a que su epidermis se encontraba en carne viva, padecía unos dolores horrorosos ante el contacto con cualquier prenda. Pues, a pesar de esto, finalizó cuarto en el GP de Italia, ante el delirio de los tifosi y el asombro y reconocimiento de todos los aficionados. Aquel día nacía una leyenda. Fue una de las jornadas más hermosas del Gran Circo.

 

Segunda corona y adiós a la Scuderia

Los genios son impredecibles, tanto para lo bueno como para lo malo. Así lo demostró Niki Lauda en la última parada del curso de 1976 en el GP de Japón. Allí llegó con el título en juego frente a la oposición de James Hunt. El vienés consideró que la pista encharcada a causa de un diluvio, convertían la carrera en un suicidio.

Y ni corto ni perezoso se retiró tras completar dos vueltas, lo que le facilitó el título a su rival y amigo Hunt. El británico se convirtió de esa forma en uno de los ocho corredores que han ganado el título por un solo punto en la historia de la especialidad.

Después de aquello, la buena relación que mantenía con su formación saltó en pedazos. Y tras alzarse con su segundo Mundial en el GP de USA Este (Watkins Glen) se bajó del Ferrari para no volverse a subir en uno de ellos. Y eso a pesar de que restaban dos carreras para finalizar la temporada. 

A propósito del tema, ¿sabías que la intensa rivalidad entre Lauda y Hunt se llevó al cine con el título Rush, una de las mejores películas de F1 que hemos visto? Pues no te la deberías perder.

 

 

McLaren y su tercera corona

Niki Lauda fichó por Brabham, donde después de dos años sufriendo con el pobre rendimiento de los monoplazas, protagonizó una de las retiradas más sorprendentes de la F1. Parece ser que en el GP de Canadá 1979 le dijo al jefe del equipo, Bernie Ecclestone, que estaba harto de dar vueltas en círculos con los monoplazas.

Cogió sus cosas y se fue a dirigir la compañía aérea que había fundado en su país. No obstante, tras un par de años, le picó de nuevo el gusanillo de la gasolina. Realizó una prueba satisfactoria con McLaren convenciendo al patrocinador (Marlboro) de que estaba en plena forma. Tanto fue así que obtuvo su tercer título en 1984 por medio punto de ventaja -la menor diferencia de la historia de la F1- frente a su compañero Alain Prost. Eso sí que fue usar la calculadora para ganar. Al año siguiente se marchó a su casa definitivamente.

 

 

Durante sus trece temporadas en la F1, Niki Lauda completó 171 Grandes Premios en los que sumó veinticinco victorias, cincuenta y cuatro podios, veinticuatro poles y otras tantas vueltas rápidas. Su estilo al volante, frío y calculador le hizo ganarse el apodo de La Computadora. Bueno, y sus pronunciados dientes delanteros, inspiraron otro sobrenombre: La Rata.

A pesar de que no le guste este día, ¡muchas felicidades, tricampeón!

 

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