Conducimos el nanoFlowcell Quantino: un prototipo interesante

Eficiente y exclusivo. Muy exclusivo...

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¿Qué es esto? Mola...

Correcto. Es el nanoFlowcell Quantino, el hermano pequeño del Quant FE SportLimousine que pudimos ver en el pasado Salón de Ginebra. ¿Te gusta lo que ves? Pues lo más interesante no está en la superficie, sino en su composición: se trata de un vehículo respetuoso con el medio ambiente creado por una compañía misteriosa sustentada por inversores privados... desconocidos. 

Entonces, ¿es un coche eléctrico?

En cierto modo, sí. Es un coche de cero emisiones capaz de otorgar 137 CV para alcanzar una velocidad punta de unos 200 km/h y cubrir el 0 a 100 en cinco segundos. Y, además, se trata de un coche eléctrico que nunca tendrás que cargar. 

¡¿Qué?!

Lo sé, tu cerebro ha implosionado. Deja que te explique: el nanoFlowcell Quantino obtiene la energía eléctrica necesaria para mover sus propulsores de dos tanques de 159 litros cada uno -ojo aquí- que contienen una solución líquida compuesta por agua y sales orgánicas e inorgánicas. Este líquido, llamado bi-Ion fue un proyecto fallido de la NASA abandonado en los años 70 por su pobre rentabilidad energética... hasta que Nunzio la Vecchia, jefe de desarrollo de nanoFlowcell, decidió invertir un poco de tiempo en su estudio. 

¿Y cómo ha conseguido que sea rentable?

Patente en trámite. 

Pero algo nos podrá contar...

Patente en trámite. 

¿Y cómo funciona?

Aunque la patente está en trámite, de esto sí puedo contarte algo: el líquido de cada tanque posee un tipo de carga específico -positiva y negativa, lógicamente-, que el sistema hace fluir a través de una membrana donde la interacción de ambas cargas produce energía eléctrica que se almacena en una batería de alta resistencia capaz de aguantar el intensivo uso que necesita este sistema de producción de energía. Y tiene el tamaño de una caja de zapatos. 

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¿Y es verdaderamente limpio? Los residuos de esa reacción son simples vapores de agua que son evacuados sin problema a la atmósfera al mismo tiempo que los tanques de combustible se van vaciando, así que el coche es cada vez más rápido. Dentro de sus posibilidades...

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Eso es impresionante

Lo es, pero ahí no termina todo: mientras que la totalidad de los vehículos eléctricos en el mercado emplean alto voltaje para su funcionamiento, el nanoFlowcell Quantino utiliza corrientes de bajo potencial. Habitualmente esta decisión implicaría el uso de cableado mucho más grueso y pesado, pero en el caso del Quantino éste tiene el tamaño de un dedo humano... 

Hemos consultado diversas fuentes -muchas de ellas, en la barra de nuestro bar favorito- y todas coinciden en que el calor generado con esta configuración eléctrica sería inaguantable para ningún artefacto móvil. Con extensas anotaciones registradas en varias servilletas impermeables -las que toda tasca debe ofrecer para poder obtener la licencia de apertura- decidimos preguntar a la Vecchia cómo demonios lo han conseguido... él se limita a sonreír y comentarnos algo que jamás habrías podido imaginar: "patente en trámite". 

Será cosa de brujería, entonces. ¿Tiene algún beneficio? 

Bastantes. Además de ser un coche muy chulo que no daña el medio ambiente cuando circula, está movido por un combustible tan abundante y sencillo como el agua -aunque el tratamiento específico aún no es público, desde la marca nos aseguran que no emplea el carbón ni derivados del petróleo en su generación-, lo cual lo hace más seguro en todos los aspectos: desde su transporte, almecenaje... y en caso de accidente. 

Evidentemente aún no existe una infraestructura que permita a este tipo de coches circular por donde quieran, pero lo mismo se decía de los vehículos eléctricos y ahora en cualquier país -salvo en España- existen redes de distribución que convierten a estos vehículos en una alternativa realmente viable... según el caso. 

¿Y la autonomía? 

Según Nunzio la Vecchia, el nanoFlowcell Quantino compitió hace unos meses en una competición de resistencia donde su prototipo pudo rodar 14 horas y cubrir más de 1.100 kilómetros con la misma recarga de líquido en sus depósitos. ¿Qué le obligó a parar? Un fuerte dolor de espalda fruto de estar tantas horas tras el volante... con una velocidad media de unos 150 km/h. 

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Ojo, primero vamos a dar una vuelta: de un primer vistazo la atractiva carrocería del Quantino llama la atención a todo el que pasa alrededor. Es como si Koenigsegg hubiera decidido construir un rival del Ford Fiesta, pero más ecológico y molón. Al entrar en el habitáculo 2+2 -lo que significa dos adultos delante y dos niños detrás, o un adulto detrás, o dos adultos detrás pero sin ensamblar- puedo comprobar en pocos segundos que la ergonomía no es su punto fuerte, pero pronto se me olvida al comprobar la calidad general de todo lo que veo: cuero del bueno, buenos remates y una instrumentación completamente digital tremendamente legible, atractiva y útil. 

Bueno, todo eso ya lo puedes encontrar en un Audi A1, ¿qué tal va en movimiento?

Tranquilo todo el mundo, que ahora llega el momento de emprender la marcha: como cualquier coche eléctrico, tiene una aceleración potente y la regeneración de energía en frenadas es bastante correcta. A la hora de tomar curvas es bastante ágil teniendo en cuenta que pesa 1.420 kg, y la rumorosidad es razonable teniendo en cuenta que se trata de un prototipo que será mejor insonorizado cuando entre en producción... si lo hace. 

Vale, quiero uno. 

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Pues... mala suerte. Porque nunca vas a poder comprarlo. En nanoFlowcell tienen muy claro que son una empresa de tecnología y no un fabricante de vehículos, y por ello sus modelos -a pesar de tener la homologación para circular por la calle- nunca entrarán en una cadena de montaje. Sé que no entiendes nada, hasta que te diga lo siguiente: la Vecchia nos reconoce que están en conversaciones con un fabricante muy grande para venderle su tecnología el año que viene. Ahora todo encaja, ¿eh?

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Pero no termina ahí todo: también se encuentran en conversaciones con una empresa aeronáutica y los creadores del Quantino no ven motivos para no incorporar la misma tecnología en trenes, barcos... y todo lo que se mueva. Con un coste por litro de unos 10 céntimos, están convencidos de que las reglas de la economía mundial podrían cambiar gracias a su patente. Por eso imaginamos que barata no va a ser. 

Texto: Ollie Kew

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