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La crisis de los semiconductores: por qué ha pasado, cómo te afecta y cuándo se arregla

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Mucho se está hablando estos días de los problemas qué está generando la llamada crisis de los semiconductores en los coches nuevos: pero ¿sabes por qué ha pasado? ¿Cómo te afecta? ¿Cuándo se arreglará según las previsiones? 

Para empezar, todo se deriva de dos factores constantes y uno puntual: el desarrollo tecnológico, la globalización... y una pandemia mundial como la provocada por el coronavirus. Entonces, en este año largo en el que todo se ha puesto patas arriba, ha habido efectos colaterales perfectamente calculados y combatidos con mejor o peor fortuna; pero otros, no han sido previstos ni paliados hasta que ha sido demasiado tarde. 

Es el caso de los denominados materiales semiconductores y de algunos componentes electrónicos cuya fabricación está en manos de unas pocas empresas y se lleva a cabo de una forma lenta, costosa y, por otra parte, imprescindible para muchas industrias como la de la electrónica de consumo y, em efecto, la de la automoción

No hay más que echar un vistazo a cualquier vehículo de hace menos de 30 años para darse cuenta de la cantidad de electrónica que montan, tanto los relacionados con la gestión del propio motor (desde el mismo momento del encendido, al rendimiento del motor, pasando por los modos de conducción...), como con el comportamiento del coche en marcha y su seguridad activa y pasiva (ABS, ESP, control de tracción, control de crucero, airbags, asistentes -ADAS-...). 

Y en los últimos tiempos, además, la electrónica también ha sido la clave del desarrollo de todos los sistemas que tienen que ver con la conectividad y el infoentretenimiento, en un mundo en el que el conductor y sus pasajeros están cada vez más 'en línea' y buscan la compatibilidad total con móviles, tablets, navegadores y cualquier otro dispositivo. 

Escasez de chips

Sin embargo, aunque esta tendencia a cebar los coches de microchips lleva ya décadas presente en el mercado, con lo que no se contaba hace un par de años era con la irrupción de la Covid-19. Esto, además de paralizar el mundo, provocar despidos y ERTES, ralentizar las fábricas y dejar 'tocada' a la industria y hacer que cayeran las ventas, ha tenido un daño colateral que ha terminado de complicarlo todo: la escasez de semiconductores. 

Tras el parón incicial de transportes, el miedo, la incertidumbre y los confinamientos para frenar el avance del virus, las pocas empresas que hay en el mundo para diseñar y montar (al parecer, lo verdaderamente costoso es lo segundo) estos componentes electrónicos tuvieron, a su vez, que optimizar su producción. 

Por un lado, luchar contra sus propios problemas internos relacionado con la obtención de materiales, el trato con proveedores, la gestión de mano de obra cualificada... Y por otro, atender la creciente demanda con todas esas dificultades, así como priorizar a los clientes en función de los distintos sectores y áreas de negocio. Y en esto, los automóviles no siempre han tenido preferencia durante este tiempo. 

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Esto se ha debido a que tras la irrupción de la pandemia, las matriculaciones han sufrido fuertes caídas, al tiempo que los confinamientos 'duros' y la urgencia del teletrabajo han disparado una necesidad urgente de equipos informáticos, conexiones de banda ancha, refuerzo de teléfonos móviles y tablets.

Por si fuera poco, tanto la población ocupada como la desocupada -en expedientes de regulación de empleo temporales o indefinidos o, directamente, en el paro- han incrementado el uso de todos estos dispositivos para un uso orientado al ocio (series de televisión, películas, libros en formato digital...). Así que todo ello también ha disparado la producción de electrónica relacionada con ello, incluso cuando volvían a abrir los concesionarios. 

Lista de espera 

Mes a mes, en mercado como el español, te hemos ido contando cómo la pandemia ha golpeado durísimamente a los fabricantes y a los vendedores de coches. Y la 'guinda' del pastel: que la crisis de los semiconductores ha hecho que los productos que interesaban a los pocos clientes potenciales que se iban a animando a comprar o bien no estuvieran disponibles totalmente o bien llegaran con muchísimo retraso. 

En otras palabras: a la falta de movimiento inicial del sector, no le ha venido bien -tampoco a los clientes- no poder ofrecer en un tiempo razonable los modelos (incluso los superventas)o el equipamiento que, aunque tímidamente, se empezaba a demandar. Por no hablar de esos casos en los que ciertos extras tenían que encarecer su precio, hacían que el interesado entrara en lista de espera o, directamente, desaparecían de pronto del catálogo hasta nuevo aviso. 

Soluciones: ¿sólo una cuestión de tiempo?

Por último, tras repasar la crisis de los semiconductores en los coches, analizar por qué ha pasado, explicarte cómo te afecta como usuario, cabe preguntarse cuándo se arreglará este problema. 

Pues bien, según coinciden los expertos, el asunto es mucho más complejo a medida que se estudian sus distintas aristas y todo indica que los parones de la producción son sólo la punta del iceberg de una problemática que es mucho más compleja y que podría resumirse en la dependencia de la industria mundial del automóvil (especialmente en Europa y América) de los fabricantes y proveedores asiáticos, tanto en la fabricación de los cada vez más necesarios microchips y circuitos integrados como en otros elementos como las baterías para eléctricos, microhíbridos e híbridos enchufables. 

Al parecer, no es sólo una cuestión de que los poco flexibles productores de electrónica mundiales aumenten el ritmo de fabricación, sino de que se agilice también la compra-venta de estos elementos, se racionalice la producción, se priorice en su justa medida al automóvil y no se utilice esta realidad como 'guerra' comercial entre países, como estaba sucediendo con este asunto, al igual que en otros temas, entre China y EEUU.

Y en una segunda fase, la 'vacuna' para que no se repita en el futuro algo similar: potenciar la industria local de componentes en aquellos elementos en los que se había dejado todo 'muy rápido' -por falta de tiempo o ahorro de costes- en manos de otras industrias afincadas en territorios geoestratégicos muy importantes pero muy lejanos.  

Así, debido a todas las cuestiones aquí mencionadas,  las previsiones más optimistas apuntan a que la crisis de los semiconductores podría durar hasta 2022, cuando las situación económica de algunos mercados se estabilice, ello ayude a reactivar la demanda de automóviles... y este sector vuelva a ser interesante y prioritario para la industria de los componentes sobre otros bienes electrónicos de consumo. 

 

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