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Hechos que molan: un ingeniero de SpaceX se metió en un cohete a punto de explotar para salvar a la empresa

Un satélite SpaceX de Elon Musk
En los inicios, SpaceX estuvo a punto de quedarse sin dinero...

Pero conforme el avión descendía para aterrizar, los ingenieros de SpaceX escucharon un "enorme y terrible ruido", según el último libro del periodista Eric Berger, periodista de Ars Technica. El cohete estaba implosionando debido al desequilibrio de presión. Así que Zach Dunn, uno de los ingenieros recién llegados por entonces a SpaceX, se introdujo en el interior del cohete.

Su rápida actuación salvó a la compañía, y probablemente su vida y la de sus compañeros.El libro de Berger sobre los inicios de SpaceX, Liftoff describe este y otros momentos del arranque de la compañía aeroespacial de Elon Musk, incluyendo cómo se construyó su primera plataforma de lanzamiento en una isla remota, el motín que protagonizaron sus ingenieros cuando se quedaron sin comida en ese islote del pacífico, y sus problemas para poner un cohete en órbita.

De hecho, SpaceX consiguió poner en órbita utilizando el mismo cohete que casi colapsa en medio del aire.Un ingeniero pidió a los pilotos que levantaran el vuelo del C-17 para reducir la presión del aire ganando altura.

Pero el avión tenía el combustible justo para rodear la base una sola vez más antes de aterrizar. Según Berger, esto daba a los ingenieros unos 10 minutos. Abrieron el envoltorio del cohete y encontraron el kit de herramientas del C-17.

Según el libro, Dunn dijo al ingeniero Mike Sheehan que sujetara sus tobillos y tirara de él si el cohete empezaba a explotar. Se metió en una de las etapas del cohete, que es como se denominan las secciones que rodean el núcleo, que se van desprendiendo en el lanzamiento para que la parte interior sea la que se ponga en órbita.

En la oscuridad del interior del Falcon1, Dunn gateó al tanque de oxígeno líquido, con las partes afiladas del cohete rozando su espalda. Llegó al conducto de presurización del depósito del combustible, lo abrió con una llave inglesa y escuchó el silbido del aire que entraba.

Entonces llamó a Sheehan para que lo ayudara a salir."Sheehan tomo esto como un grito de ayuda, así que tiró de Dunn a través de las líneas de presurización y las válvulas. Dolió de una forma infernal, pero Dunn emergió viendo el resultado de su esfuerzo", relata Berger.

Los ingenieros de SpaceX regresaron a sus sitios, mientras el cohete recuperaba su forma conforme el avión descendía hacia Hawaii. Finalmente, el 28 de septiembre, el Falcon 1 despegó con un rugido de la isla de Omelek, se elevó del suelo y llegó a ponerse en órbita. En la sala de control, los miembros del equipo "estallaron", explicó Dunn a Berger. "Nos volvimos absolutamente locos, estábamos todos saltando, abrazándonos, gritando. Fue toda una celebración", recordó.

SpaceX había conseguido probar que sus cohetes podían salir del palneta. Después de eso, la compañía consiguió ganar contratos que le permitieran mantener su financiación.

Dunn permaneció en la empresa durante una década, hasta convertirse en vicepresidente de producción y lanzamientos. El año pasado dejó SpaceX para ser supervisión de fabricación de Relativity Space, una startup que pretende automatizar la producción de cohetes con impresión 3D.

La historia de SpaceX casi se acaba en el vuelo de un C-17 sobre Hawaii.

En 2008, antes de que la empresa aeroespacial de Elon Musk hubiera conseguido lanzar con éxito un cohete, dos docenas de de ingenieros transportaban el Falcon 1 a Hawaii en un avión de las fuerzas aéreas de Estados Unidos. Desde allí, una embarcación lo trasladaría a las instalaciones de la empresa en las Islas Marshall para un nuevo intento de lanzamiento. Era la última oportunidad: si fallaban, SpaceX estaría acabada.

BI
Portada del libro 'Liftoff' de Eric Berger, sobre los inicios de SpaceX

Cuando los ingenieros de SpaceX afrontaron una emergencia en pleno vuelo

En septiembre de 2008, SpaceX estaba casi sin fondos, según el libro de Berger. La compañía había fallado en todos sus intentos de poner en órbita un cohete, así que no conseguía ganar ningún contrato.  Musk estaba quedándose sin dinero para financiar SpaceX y Tesla, y ambas sufrían por la recesión global provocada por la crisis de las hipotecas subprime. SpaceX tenía recursos solo para intentar un lanzamiento más.

Musk dio a sus ingenieros seis semanas para hacer un último intento. Cuando estuvieron listos para transportar el Falcon 1 de California a las Islas Marshall, cargaron el cohete en un avión C-17 en el aeropuerto de Los Ángeles. Las primeras horas de vuelo fueron un tranquilo viaje sobre el Pacífico en el que los ingenieros iban tranquilamente sentados alrededor del cohete e incluso alguno de ellos llevó una guitarra, según el libro.

SpaceX llegó a dejar a sus ingenieros sin comida en una isla del Pacífico, lo que provocó un motín, según explica un libro

Pero en el descenso previo al aterrizaje, comenzaron a escucharse ruidos en el área de carga, como chasquidos, mientras aparecían abolladuras a lo largo del cohete. Los ingenieros se dieron cuenta de que el tanque de oxígeno no estaba ventilando lo suficiente para contrarrestar los cambios de presión a medida que el avión descendía. Es como si el cohete estuviera "respirando a través de una pajita", relata Berger.

Conforme la presión en el área de carga se incrementaba, el Falcon 1 comenzó a arrugarse.

"Lo primero que pensé era que iba a implosionar", recuerda Anne Chinnery, que por entonces dirigía las operaciones de lanzamiento de SpaceX. "Y eso mataría a todos los que estábamos sentados alrededor del cohete. Así que levanté a todo el mundo y los puse en la parte frontal del cohete".

Entonces apareció Dunn, que llegó a Space X como becario en 2006 y rápidamente ascendió hasta ser uno de los ingenieros de propulsión de la empresa. Su acción salvó el cohete, a los ingenieros y el futuro de SpaceX.

Una historia de Morgan McFall-Johnsen publicada originalmente en BUSINESSINSIDER.es

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