Así es encontrarse con tus héroes: el Cobra que me vuela el cerebro y que amo a pesar de su incompetencia

Shelby devolvió a la vida un vetusto deportiov inglés que no se fabricaba. Su dinámica tan discutible no impidió convertirlo en mito dentro y fuera de las carreras.

El Cobra es un coche construido sobre mitos y leyendas. Y con razón, dado que gran parte de su creación y desarrollo fue un tanto... turbia. Pero lo básico fue lo siguiente: comenzó como un  deportivo inglés, el AC Ace, que llegó en 1953, pero que llevaba motores antiguos de antes de la guerra que no eran aptos para su propósito aunque fueran seis en línea.

Un texto de Ollie Marriage con fotos de Mark Riccioni

Afortunadamente, en 1961 llegó la alianza con Ford en Estados Unidos y Carroll Shelby, lo que les dio acceso al Windsor V8, un bloque a 90 grados con 260 CV que en Estados Unidos denominaban 'small block'. 

Así es como nació el Cobra, un modelo que se desarrolló a toda velocidad. La capacidad del motor aumentó de 4,3 litros a 7,0 litros (los famosos 427) y Shelby centró su atención en las carreras de GT. 

Su primer intento, con un Ford FE V8 de 6,4 litros, recibió el apodo de The Turd (El Mierda) del piloto Ken Miles. ¿Te suena este nombre? Miles se juntó con Shelby cuando Ford necesito ayuda para poner a punto el GT40 y vencer a Ferrari en Le Mans.

El Cobra era rápido en las rectas, pero prácticamente inmanejable cuando se trataba de girar el volante. Se modificó el chasis para 1965, cuando llegó el MKIII, pero fue demasiado tarde para ser elegible para la homologación ese año. 

Así, solo se fabricaron 56 coches de carreras de los que la gran mayoría fueron reconvertidos para uso en carretera. Siguieron siendo temiblemente potentes: por ejemplo, el 427 tenía 485 CV y era capaz de alcanzar los 297 km/h. Pesaba solo 1.068 kg, pero con el proyecto GT40 acercándose, la era del Cobra terminó en 1967.

El coche de producción más rápido del mundo en 20 años

Lo que no se paró fue su reputación, y ahí es donde empezó mi fascinación por este coche. No por su vida relativamente breve y en gran medida infructuosa en la pista, sino por su inmenso empuje en las pista de drag races que tanto les gustan a los americanos. 

Durante años estuvo orgulloso de figurar en el Libro Guinness de los Récords como el coche más rápido del mundo, puesto que solo le fue arrebatado en 1986, cuando apareció el Porsche 959. En ese momento tenía 20 años. 

¡Dos décadas! Y no había aparecido nada que lo superara. Imaginemos un mundo actual en el que el Veyron todavía dominara, en el que no hubiera ningún Chiron, ni ningún otro hiperdeportivo capaz de superarlo.

Hacía un 0 a 100 en unos cuatro segundos y, como truco para asombrar al personal, se dice que Shelby colocaba un billete de 50 dólares en el parabrisas y le decía a su pasajero que si podía cogerlo, se lo quedaba. 

La leyenda asegura que nadie pudo, y puedo entender por qué. No es solo la física de la aceleración, son los asientos tipo bacquet, el ataque visceral del aire contra el cuerpo y el ruido. La dureza de la experiencia, en resumen.

Lo que ves en las fotos es un coche nuevo, un Shelby CSX10000 (lee aquí la prueba). Es una continuación oficial fabricada por Superperformance en EE.UU. bajo licencia de Shelby y ahora importado oficialmente a algunos países europeos como el Reino Unido (donde lo llevan con volante a la derecha) por Clive Sutton. 

Sabor ancestral, toques modernos

El feeling del coche en general sigue siendo de la época, pero en lugar del antiguo FE V8 hay un Ford Coyote de 5,0 litros. No te preocupes: con 466 CV produce prácticamente la misma potencia que el V8 427. Y, lo que es más importante, tiene el ruido y la actitud que lo acompañan.

¿Qué tienen estos V8 americanos y su capacidad para llegar directamente a tu corteza cerebral? El ruido es visceral, un estruendo que se siente tanto como se oye. Me arrastra en cuanto empieza a sonar el blub-blub-blub: lo encuentro irresistible. 

También todos los que me rodean: su efecto en la gente es como los primeros compases de "Quiero ser como tú" de Baloo en El libro de la selva. Es suave a bajas revoluciones, pero cambia de carácter como si fuera un motor puro de carreras en la zona alta del cuentavueltas. He conducido un Cobra 427 y no creo que tenga más carácter que este. Simplemente, tiene la historia de su lado.

La transmisión es una obra maestra: el cambio manual Tremec de seis velocidades es preciso, la maniobra de punta-tacón es una adicción. El ritmo y la banda sonora y la agallas y furia abrumadoras lo convierten en una fuerza de la naturaleza

Lamentablemente, lo que dijo Ken Miles hace 60 años sigue siendo cierto hoy. Se sacude y tiembla más que un Morgan antiguo, el chasis se retuerce, hay golpes en la dirección, flexiones y una incompetencia general cuando la cosa se complica. 

Es un dispositivo primitivo y destartalado. El aspecto y el ruido te atraen, el manejo repele. Es un coche con dos mitades: ve a escucharlo, pero no te molestes en conducirlo.

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