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Las ventajas y los inconvenientes de reprogramar la centralita de tu coche

Un extra de potencia nunca está de más...

Imagen de perfil de Redacción Top Gear
Centralita del coche

Como buen petrolhead, siempre quieres más potencia para tu vehículo. No lo niegues, es así. Y es posible que, a estas alturas, ya se te haya pasado por la cabeza reprogramar la centralita. Sobre todo, si no cuentas con el presupuesto suficiente para comprarte el modelo que tiene la cifra de CV a la que aspiras. Bien. Porque con un ordenador y unas manos expertas vas a conseguir lo que necesitas.

En teoría, recalibrar la ECU parece sencillo; total, en los coches nuevos todo es electrónica (gran frase de cuñado) y, por consiguiente, tocando un par de cables y chips, estará hecho. Buscamos un taller que lo haga y… ¡a disfrutar de sus ventajas!

Para empezar, el beneficio más obvio: habrá más par y potencia disponibles bajo tu pie derecho. Quizá la diferencia no sea tan abismal como crees; en un vehículo sin turbo, la mejora es de un 10%. Pero, si lo tiene, la cifra puede subir hasta un espectacular 60%. Y eso es mucho mejor. Aunque te recomendamos no 'apretar' tanto: así evitarás posibles problemas de fiabilidad; para ello, respeta escrupulosamente los tiempos de calentamiento y enfriamiento del propulsor y del turbo (si lo lleva). Y realiza el mantenimiento adecuado.

Es posible que también notes una optimización del consumo: si se limita la alimentación de la mecánica, los turbodiésel -que no te dé vergüenza confesar su propiedad, hay más como tú- pueden ver cómo baja (levemente) este dato. Además, el mayor par te permite ir en marchas más largas. No eches las campanas al vuelo, ya que la mejora es mínima. Y ten en cuenta que buscas rendimiento, así que… lo más probable es que el gasto de combustible aumente, sobre todo si la mecánica es atmosférica.

Reprogramar la centralita

Un VW Golf GTI MkI con más potencia que un Lambo Gallardo.

¿Qué ocurre con el mito de la ITV? Pese a la leyenda urbana, reprogramar la centralita no es algo que se detecte fácilmente en la Inspección Técnica de Vehículos (una vez más, te lo ha dicho tu cuñado, ¿verdad?), pues no implica la sustitución de piezas originales homologadas o la instalación de componentes. Y se trata de un proceso reversible: si hay un problema, siempre puedes volver atrás.

Hasta aquí, todo perfecto. Recalibrar la ECU es jauja. No, incauto, no: todo tiene dos caras. Y como somos buenas personas, también vamos a hablarte de sus inconvenientes, empezando por uno bastante serio, ya que compromete la fiabilidad del motor; a fin de cuentas, lo estás sometiendo a un estrés mayor, por lo que podría ‘petar’. Sensatez, amigo.

También debes tener en cuenta que a los fabricantes no les gusta que profanos metan mano a sus coches, por lo que la garantía oficial podría quedar anulada si, ante una avería, se detecta una reprogramación de la centralita. Mejor esperar a que pase el plazo.

Por último, en un reducido (muy, muy reducido, en serio) número de unidades turbodiésel se ha hecho patente un aumento en las emisiones. Aquí sí te tocará revertir el proceso para pasar la ITV sin problemas. De nada.

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