Un día con Massimo Bottura y Maserati: no hay sexo, pero casi

Massimo Bottura es el mejor chef italiano y su restaurante, Ostería Francesana, es el segundo mejor restaurante del mundo. Hoy le llevo sus ingredientes favoritos en el Levante para que me ofrezca una de sus orgías gastronómicas. Tengo un buen trabajo, sí...

La cultura gastronómica está en pleno auge en España. Por eso no me extrañaría nada que Massimo Bottura no sea un desconocido para ti. Se trata del chef italiano más famoso, más prestigioso y con una imagen más potente. Su Ostería Francescana sigue peleando para arrebatar el título de mejor restaurante del mundo al Celler de Can Roca, de los hermanos Roca. En definitiva, representa el lujo, la tradición y el buen hacer de la potente gastronomía italiana. Algo similar a lo que hace Maserati en el mundo de las cuatro ruedas. Hoy voy a vivir de primera mano lo mejor de Italia: Maserati Levante y Massimo Bottura.

¿Cómo? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Poco, a priori. Sin embargo, como te decía, ambos comparten la excelencia italiana, por eso, cuando me dijeron que Massimo Bottura iba a cocinar para mi, además de la emoción natural de comer en un tres estrellas Michelín, pensé, esto no puede ser tan sencillo. Efectivamente, para poder llevarme sus manjares a la boca necesitaba, antes, hacerle la compra para él. Sí, no es una broma. ¿Cuál es el coche italiano más 'molón' para ir a hacer la compra? El Pagani Huayra BC. Bueno, vale, el segundo: el Maserati Levante.

Y es que el nuevo SUV italiano, que recientemente lo saqué de su área de confort, es un coche que resulta perfecto para ir a hacer la compra con estilo y glamour. Es amplio, cuenta con un buen maletero, es lujoso y, sobretodo, tiene la imagen poderosa que todo coche italiano debe tener. Así que el plan era redondo: voy a hacer la compra a Massimo Bottura, de paso conduzco el nuevo SUV de Maserati y, como fin de fiesta, me voy a comer las obras maestras de este loco de la cocina. No es mal plan, ¿no?

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Maserati tiene su sede en Módena. La Osteria Francescana también. Pero yo hoy me voy a ir al Lago di Garda, varios cientos de kilómetros al norte, para encontrar los productos gastronómicos que Massimo me ha pedido para elaborar la cena. Frente a mi, el Maserati Levante luce precioso pintado en azul. Mi primer objetivo son las verduras y hortalizas y para ello me desplazo hasta un pequeño pueblo a las orillas del Lago, idílico, italiano a más no poder. En Gargnano acudo al mercado local, repleto de productos de la huerta que tienen muy buena pinta. El pedido del chef incluye flores de manzanilla, guisantes, pepinos, tomates, hierbas aromáticas, etc.

Una vez conseguidos los primeros ingredientes, los meto en el maletero de mi Maserati Levante y compruebo cuál es la siguiente parada. ¡Bien! Hay una carretera de curvas de por medio. Tremosine es uno de esos pueblos rurales auténticos, como cualquiera de esos que te puedes encontrar en la sierra cántabra. Aquí las vacas, los cerdos, las cabras, son protagonistas. Los quesos, más todavía.

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Nada más llegar a una de las granjas más famosas de Italia, me doy cuenta que esto es algo poco normal: una cola de gente, turistas, hacen cola en la tienda, decorada como la tienda del museo del Prado, para comprar o simplemente cotillear los productos que se venden aquí: embutidos, licores, mieles, quesos, etc. Yo me centro en los productos lácticos y la lista de la compra de Massimo Bottura incluye leche y yogures. También huevos, que seguro, viendo la zona, son de gallinas muy felices.

El paisaje es evocador, la lluvia hace acto de presencia y mi ruta con el Maserati Levante es muy interesante. Las carreteras son realmente estrechas y en cada curva rezo para no cruzarme con nadie. El coche se comporta realmente bien y, circulando con el cambio automático en ‘D’ y con la suspensión en posición normal, el coche es cómodo y refinado.

Bien, vuelvo a orillas del Lago di Garda y la lluvia arrecia. La siguiente parada es Limone sul Garda, en castellano: limones del Garda. Sí, efectivamente, voy a buscar limones. Este pueblo es realmente curioso, ya que es el pueblo productor de cítricos situado más al norte en Europa. El microclima que produce el lago más grande de Italia hace que los veranos sean más suaves y los inviernos menos fríos. Aún así, en invierno los limoneros pueden sufrir: este pueblo creó hace décadas un sistema para proteger a los árboles realmente alucinante: una estructura de madera permite en muy poco tiempo cubrir por completo la plantación.

Limones, limas y naranjas. Cojo mi cesta de la compra y allá voy, no sin antes probar una bebida gaseosa local a base de corteza de cedro. Ya tengo todos mis ingredientes: verduras, hortalizas, queso, limones. ¡Espero que la carne la traiga otro!

Desde Limone sul Garda hasta Gardone Riviera, donde me va a realizar la cena, la carretera mejora por momentos. Siempre pegado al lago, puedo poner a prueba la tracción del Maserati Levante bajo una intensa lluvia. Decido probar el modo I.C.E. que equivale al modo ‘Eco’ en la mayoría de vehículos. Voy a llegar al restaurante donde me va a cocinar Massimo Bottura haciendo consumos en un Maserati: ¡quién me ha visto y quién me ve!

Le doy mi compra y por fin tengo el placer de conocerle en persona. Bottura es un visionario, un genio con una labia propia de buen italiano. Me explica el menú: 25 o 30 minutos necesita para llegar a todos los pequeños detalles. ¡Incluso voy a probar un plato inspirado en el Maserati Levante, con el aroma del coche incorporado!

Maserati Massimo Bottura

Llega el gran momento: la cena. Caviar de lentejas, raviolis de pepino, crostón de lasagna, el menú provoca en uno la misma sonrisa que cuando arrancas el Levante S con el motor V6 de origen Ferrari. El plato elaborado para el coche es un pescado local del lago con una especie de risotto y aromatizado con una fragancia comestible elaborada a partir del aroma del coche. ¡Esta bueno!

Tengo el enorme privilegio de entrar en la cocina de Massimo Bottura y la perfección y tensión propia del servicio están muy presentes. Me resulta muy interesante comprobar también ‘la guasa’ con la que trabaja este chef: las risas y el buen rollo están muy presentes en todos los miembros del equipo y no me extraña que los platos salgan ricos.

Termino esta magnífica experiencia con la barriga llega y el corazón contento, como se suele decir. Pido a Massimo que me firme la carta, un recuerdo inolvidable de mi primer tres estrellas Michelin y del día en el que hice la compra para un chef de talla mundial. ¡Y a bordo de un Maserati! Lo dicho, me gusta mi trabajo.

Maserati Massimo Bottura carta firmada

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