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Ayrton Senna, la leyenda del más grande

Cómo no recordar las hazañas del mito brasileño en un día tan especial.

Imagen de perfil de Javier Prieto
Ayrton Senna cumpliría hoy 58 años

Hoy se cumplen 24 años del fallecimiento de Ayrton Senna da Silva, el Zeus que reina en el Olimpo de la Fórmula 1. En un día tan emotivo queremos rendirle triubuto repasando sus increíbles actuaciones en la pista.

La épica victoria de Senna en Brasil 1991

Recordaremos las hazañas que lo convirtieron en un mito, las cuales se mantienen vivas en la memoria de los millones de fans que lo recuerdan. Sí, el redactor de este post forma parte de los devotos del dios de la velocidad. Va por él.

 

 

A continuación te ofreceremos la historia del piloto más grande de todos los tiempos, ése que conquistó el corazón de una nación... y del mundo por cosas como las del vídeo que aparece debajo de estas palabras.

 

 

 

 

Ganar, ganar y ganar, y volver a ganar

Para explicar qué significaba la competición en la vida de Ayrton Senna, basta con leer estas frases suyas: “Correr es vida. Todo lo que pase antes o después es simplemente esperar”. “Correr, competir, lo llevo en la sangre, es parte de mí. Es parte de mi vida”.

 

 

Resulta evidente que estamos ante un deportista especial, no solo por su personalidad y éxitos, sino por la entrega y pasión ab-so-lu-tas que demostraba por la profesión. Perfeccionista y extremadamente autoexigente, desde sus inicios el único objetivo y obsesión eran la victoria. "El segundo es el primero de los perdedores", solía afirmar.

 

 

Por si no te queda claro el espíritu competitivo, ahí va otra de las famosas citas de Ayrton Senna: “Lo importante es ganar. Esa historia de que lo importante es competir no pasa de ser demagogia”. 

En una carrera de karts cosechó un mal resultado porque la pista estaba encharcada. Tremendamente enfadado y decepcionado consigo mismo, juró que eso no le pasaría nunca más. Entrenó horas y horas, muchos días  llegando tarde a comer hasta convertirse en un consumado especialista en mojado.

 

 

Durante interminables sesiones analizó los defectos propios y estudió el comportamiento de su montura sobre el agua, hasta comprenderla y dominarla com-ple-ta-men-te. Sí, después de aquello se convirtió en el dios de la lluvia que todos conocemos.

 

 

¿Quién no recuerda la hazaña con el Toleman en Mónaco 1984, su primera victoria en Estoril o la increíble vuelta en Donington Park 1993? Son tres de sus mejores carreras y de la Historia de la F1. Trabajo, disciplina, talento y la búsqueda de la perfección formaron los ingredientes de la receta de Magic Senna. 

 

 

Lado humano y generoso

Al margen de los aspectos deportivos que después trataremos, queremos saber por qué Ayton Senna era casi un dios para sus paisanos. Tan simple como leer esta declaración suya: "No puedo vivir en una isla de prosperidad, cuando estoy rodeado de un mar de miseria”. Sí, la faceta humana y social menos conocida que la automovilística, fue tan destacada o más que ésta última.

 

 

Héroe dentro y fuera de los circuitos. Convertido en millonario y un personaje público, siempre estuvo al tanto del sufrimiento de los brasileños. Tanto es así que solía ser muuuuuuy generoso económicamente con los más desfavorecidos. No solía negar la ayuda a quién se lo pedía. Conocedores del gran corazón que tenía, muchos compatriotas le enviaban cartas de auxilio a su domicilio. Incluso los más osados, las presentaban en mano en la vivienda de Ayrton Senna. 

 

 

Ayudas para la construcción de escuelas infantiles, mejoras en hospitales o problemas personales formaban parte de la lista de casos que llegaba diariamente al domicilio del astro carioca. Sentía especialmente dolor por los niños, a cuyos casos prestaba mucha atención. Tanto es así que creó una fundación para canalizar los esfuerzos -y recursos- dirigidos a los más jóvenes.

 

El ídolo que se ganó el corazón de su país

Antes de que llegaran las victorias, la fama y el dinero, Senna ya se había ganado el corazón de sus compatriotas. ¿Cómooooooo? Desde sus primeras carreras, el paulista paseó con muuuuucho orgullo el nombre de su país por todo el mundo. De hecho casi desde el principio de su trayectoria deportiva los colores verde y amarillo que componen la bandera brasileña ya lucían en el icónico casco.

 

 

Sin embargo, el compromiso nacional y el amor por Brasil fue mucho más de esa simple representación cromática. En los años 80 el país sudamericano estaba sumido en una profunda crisis económica que golpeaba con virulencia a sus habitantes.

 

 

Pocos personajes públicos expresan su nacionalidad. Sin embargo, el piloto Ayrton Senna quiso reivindicar sus orígenes y gritarle al mundo que estaba orgulloso de ser brasileño. No perdía la oportunidad de hablar de su país, algo que agradó mucho a sus paisanos que casi estaban acomplejados por ser de ese país. Sin embargo, un gesto lo cambió todo definitivamente. Sucedió en el GP del Este de los Estados Unidos 1986.

 

 

Tras vencer esa prueba que se celebró en Detroit, tomó una bandera carioca y la exhibió durante la vuelta de honor. A propósito del gesto, ¿sabías que Ayrton Senna fue el primer piloto que celebró un triunfo de esa forma?

 

 

Pero, hay otro detalle aún más revelador de la faceta humana del tricampéon. Durante los libres del GP de Bélgica 1992 el corredor francés Erik Comas sufrió un grave accidente en Spa. Tras el impacto, su cuerpo permanecía inerte en el interior del monoplaza. Mientras, una fuga de combustible estaba a punto de provocar un terrible fuego. Senna que pasaba por el lugar del suceso, abandonó su McLaren para auxiliar a un adversario. 

 

 

Desactivó el contacto del coche de Comas, evitando un incendio casi seguro, y además colocó en posición vertical la cabeza de Comas a la espera de que llegaran las asistencias médicas. Así era Ayrton Senna, un cruel rival, pero un solidario compañero en la pista.

 

Los éxitos en la pista

Debutó en el GP de Brasil de 1984, el 25 de marzo disputado en el Autódromo de Jacarepaguá, en Río de Janeiro. Desde esa fecha hasta el fatídico 1 de mayo de 1994, transcurrieron 3.689 días o 10 años, un mes y tres días, en los que se convirtió en un piloto venerado por millones de seguidores.

 

 

Durante 11 temporadas, participó en un total de 161 Grandes Premios, firmando 41 victorias (25,47%), 80 podios (49,69%), 65 poles (40,37%) y 19 vueltas rápidas, que le coronaron Campeón del Mundo en 1988, 1990 y 1991 con la escudería McLaren.

 

 

Además, sumó 641 puntos al volante de Toleman, Lotus, McLaren y Williams. Completó 8.219 vueltas y 37.937 km la Categoría Reina, siendo líder en 2.931 giros y 13.430 km. Su talento natural para ir más rápido que los demás, explorar los límites de su monoplaza y desafiar las leyes de la Física, lo convirtieron en leyenda.

 

 

Como bien sabes, fue el auténtico Príncipe de Mónaco, donde sus seis triunfos ( 1987, 1989, 1990, 1991, 1992, 1993) lo mantienen como el piloto más exitoso en las calles de Monte Carlo. Y qué decirte de su rivalidad con un tal Alain Prost, enemigo íntimo dentro y fuera de la pista con quien acabaría reconciliándose poco antes de su muerte. Ha sido, es y seguirá siendo, una de las estrellas más rutilantes en el firmamento de la F1. Como le canta la torcida brasileira: "Sempre Senna".

 

 

Foto portada: Instituto Senna en Flickr y vía Wikimedia Commons 

 

 

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