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Los coches de Steve McQueen, estrellas de cuatro ruedas

Caprichitos a toda velocidad; es lo que tiene ser un mito de Hollywood.

Imagen de perfil de Javier Prieto

Al margen de su trabajo en el cine, los coches de Steve McQueen siempre fueron su gran pasión, dentro y fuera de los circuitos. Sí, has leído bien.

Resulta que el actor estadounidense, además de ponerse a los mandos de los modelos de calle más alucinantes, también compitió en un montón de citas. Por las venas de The King of Cool no corría sangre, sino gasolina. 

Carroll Shelby

 

Esas dos actividades, la gran pantalla y el volante, ocuparon la mayoría de los 50 años que vivió, hasta el punto de afirmar: "No estoy seguro de si soy un actor que compite o un piloto que actúa".

Finalmente se decantó por trabajar delante de las cámaras, actividad que le reportaba mucho dinerito y popularidad. No obstante, siempre tenía el gusanillo de las carreras rondándole.

De hecho, (casi) pensaba como su personaje en la peli Le Mans: "Correr es mi vida… todo lo de antes y después, puede esperar".

 

Steve McCar

 

Por eso cuando tenía la posibilidad de protagonizar alguna producción con 'compañeros de reparto de 4 ruedas' no dudaba en compartir plano con ellos.

Así nacieron títulos como Bullitt (1968), con las escenas míticas de las persecuciones con un Mustang GT 390 por San Francisco o Le Mans (1971), una descarnada radiografía de la legendaria carrera de resistencia.

 

 

Su amor, y a veces algo de imprudencia, por los vehículos y la adrenalina, le llevaron en ocasiones a rodar escenas de 'acción', dejando el trabajo de los especialistas, nunca mejor dicho, en un segundo plano

Cuando repases los bugas del artista de Indiana, verás que las colecciones de Vin DieselDwayne Johnson o Jason Statham, son simples juguetitos, comparados con aquellos. 

 

Los coches del día a día

Como te puedes imaginar, siendo una de las grandes estrellas de Hollywood de los 60 y 70, en su garaje dormían los 'purasangre' con más pedigrí de la fauna automovilística que te puedas imaginar. Allí se amontonaban los ejemplares más hermosos de Jaguar, Ferrari o Porsche, una de sus razas favoritas.    

El Speedster de McQueen

 

Según dicen, el primero de los coches de Steve McQueen que se compró nuevo fue un precioso Porsche Speedster de 1958. A esta joya le tenía especial cariño puesto que con ella disputó su primera prueba, la SCCA en Santa Bárbara (California) en 1959.

 

McQueen a toda pastilla con su Speedster

 

Y parece que le cogió el gustillo a las mecánicas de Stuttgart puesto que también poseyó un 911 S y un 930 Turbo del 76,

 

 

además de protagonizar las primeras secuencias de Le Mans conduciendo otro 911 por las carreteras francesas.

 

 

Bueno, pues a medida que crecía su fama interpretativa, también lo fueron haciendo sus exquisiteces mecánicas. Así, junto a las maravillas alemanas, las creaciones de Maranello fueron ocupando un hueco en el aparcamiento de su humilde mansión.

 

Steve, su churri y el hermoso Ferrari 250 GT Berlinetta Lusso del 63

 

Entre ellas destacan unos imponentes Ferrari 250 GT Lusso Berlinetta del ´63 y 275 GTB/4 del ´67.

 

 

Siguiendo con las preciosidades transalpinas, se encaprichó de un Siata 208S, una especie de Shelby Cobra a la italiana. 

 

Siata 208S

 

Otro de los coches de Steve McQueen que más tilín le hacían era su Jaguar XKSS, la versión 'urbana' del D-Type vencedor de las 24 Horas de Le Mans 1955.

 

El Jaguar XKSS (1956-57), versión de calle del D-Type

 

Bueno, y como no todo iban a ser supercarrazos, también se compró un simpático Cooper S 1275 de 1967, personalizado siguiendo una larga lista de 'sugerencias' del famoso rubito.

 El Mini Cooper S 1275 de 1967 de McQueen

 

Ah, y para sus momentos aventureros, como puedes ver en esta foto, contaba con un Jeep CJ Chevy V8, ideal  para irse a hacer la cabra a la Baja 500.

 

Jeep CJ Chevy V8 Baja 500

 

Las máquinas de competición

Las ganas de disfrutar en los circuitos, le llevaron en 1959 a cambiar su Porsche Speedster por un auténtico bólido, el Lotus 11, con el que venció en algunas competiciones.

 

McQueen al volante de su Lotus 11

 

Un tiempo más tarde, 1963, adquirió un monoplaza Cooper T-52 de Fórmula Junior con el que demostró cierto talento. Sin embargo, como los estudios cinematográficos para los que trabajaba vieron que ese 'pasatiempo' ponía en riesgo la integridad física del actor, le obligaron a colgar el casco.

 

McQueen y  su Cooper T

 

Pero, como la cabra tira al monte, disfrutó de lo lindo con el Porche 917 K empleado en el rodaje de Le Mans en 1970. Menuda máquina. A nosotros también nos habría encantado pasar todo un verano cerca de ese bicho

 

Si te han gustado los coches de Steve McQueen, tienes unos cuantos más en la galería que te hemos preparado al inicio de este post.

 

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