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Eau Rouge, la curva más famosa de la F1

Se trata del famoso viraje en el Circuito de Spa donde Senna hablaba con Dios. Sobran más palabras.

Imagen de perfil de Javier Prieto
Eau Rouge

El circuito belga de Spa-Francorchamps alberga Eau Rouge, la curva más famosa del Mundial. Ayrton Senna decía que cuando rodaba por ella, hablaba con Dios.

La mítica sección forma parte junto al Raidillon de una sucesión de giros rapidísimos (izquierda-derecha-izquierda).

A ella se llega tras una pronunciada pendiente descendente y del sector se sale con una subida del 17 por ciento de desnivel... y sin visibilidad.

Estamos ante un carrusel diabólico que encoje el corazón de los corredores.

De hecho, solo algunos de los mejores pilotos de la historia del Gran Circo han triunfado sobre el riachuelo de color rojo que domina aquella zona y le otorga su nombre.

Algunos de los momentos memorables del GP de Bélgica, se han vivido en Eau Rouge. Veamos qué la hace tan especial para que un tal Alain Prost afirmara que "distingue a los hombres de los niňos".

 

Una montaña rusa a más de 300 Km/h

Muchas son las curvas legendarias del Campeonato del Mundo de F1. Sin ir más lejos, Becketts en Silverstone, la 130R de Suzuka o la Parabólica en Monza.

Pero, por encima de todas sobresale Eau Rouge, favorita de una gran mayoría de aficionados y pilotos por su grado de dificultad. Para los corredores supone un desafío extremo que les exige perfección -y mucho valor- en su conducción.

Por todo ello es la entrelazada más venerada del calendario.

 

 

Eau Rouge, majestuosa, imponente, se encuentra en el épico valle de Las Ardenas desde 1925. Allí, sobre el cauce de un riachuelo de aguas cobrizas, espera paciente su cita anual con la competición y con la leyenda.

Dicho color se debe a la arena rojiza depositada en el fondo fluvial. Te hablamos, como ya sabes, de la mítica sección de Spa donde se superan los 300 km/h y el cuello soporta 4G de fuerza.

 

 

Asomarte a sus primeros centímetros te hace sentir vértigo. Las pulsaciones se disparan. Ante tus ojos, aparece una montaña rusa de 535 metros. Cuando inicias el descenso, con un desnivel de 18 metros en apenas 25 metros, el cerebro ordena levantar el pie para soportar la tensión.

 

 

El estómago se encoge al llegar al final de la bajada. La velocidad hace que el cuerpo parezca reducirse dentro del bólido, cuyo fondo roza con el asfalto.

Y después llega una enlazada a izquierda-derecha-izquierda con una ascensión del 17% que desemboca en un viraje ciego. tras negociar el Raidillon. 

Da la sensación de escalar una pared. Eau Rouge, la curva más famosa del mundial, deja sin respiración.

 

 

En los márgenes de la pista, los árboles son los testigos mudos de la hazaña. En esos instantes el piloto se enfrenta en solitario a sus temores y demuestra de qué pasta está hecho. Son unos 6,4 segundos eternos en los que el tiempo parece detenerse.

 

 

Algunos temerarios, con el suficiente grado de inconsciencia, se han lanzado a tumba -perdón por el sustantivo- abierta, con resultados fatales.

Uno de ellos fue Jacques Villeneuve. El piloto canadiense, que ya se había piñado en ese mismo punto en 1998, retó un año más tarde a su compi Ricardo Zonta a pasar por Eau Rouge sin levantar el pie.Como resultado de esta 'apuesta, los dos terminaron esmorrándose. Villeneuve describió su host**zo como el mejor accidente de su vida.

 

 

Dejando las chaladuras de algunos, hay que decir que solo los superdotados del volante superan el desafío, coronando la colina con el motor y el corazón al máximo de revoluciones.

Para percibir mejor las sensaciones que te contamos, échale un vistazo a estas imágenes en las que los ases del volante imparten una lección de conducción en Eau Rouge. 

 

 

Ayrton Senna en Eau Rouge

Para derrotar a Eau Rouge se necesita  una combinación de talento y fortuna. Y en esas dos virtudes, como en otras muchas, destacó Ayrton Senna.

El brasileño siempre sintió una especial devoción -rozaba el misticismo- por Spa, donde venció 5 veces, 4 consecutivas.

Su punto favorito del trazado era, ¡cómo no!, Eau Rouge. En su época los monoplazas, sin ayudas a la conducción, eran bestias indómitas con 900 cv.

 

 

Y la curva del Agua Roja se convertía en un auténtico rubicón. Solo las manos más prodigiosas superaban la prueba.

Esa extrema dificultad técnica que planteaba la famosa curva, la convirtió en una de las preferidas de Senna.

Hoy en día, Eau Rouge está presidida por un monumento en recuerdo del astro carioca, en ese punto donde hablaba con Dios, quizá con el dios de la velocidad. 

 

 

Fernando Alonso describe la experiencia así: "Desde el 'cockpit' no se puede ver la salida, y conforme vas subiendo no sabes dónde vas a aterrizar. Es una curva crucial para el tiempo de la vuelta, y también en la carrera, porque hay una larga subida que la sigue donde se puede perder mucho tiempo si cometes un error. Pero también es una curva importante para las sensaciones del piloto. Genera sensaciones especiales en cada vuelta, porque también se comprime todo el cuerpo cuando pasas por el punto más bajo de la curva. Es muy extraño, pero también muy divertido". También Lewis Hamilton ha sucumbido a los embrujos de Eau Rouge : "Probablemente es la curva más emocionante de la F1, uno de los mejores retos en la F1". 

Y por último las palabras de Alain Prost: "Eau Rouge separa a los hombres de los niños". Sobran las palabras.

 

 

 

 

 

 

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