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'Michael, klein aber schnell' – un homenaje muy personal a los 50 años de Schumacher

"Michael, pequeño pero rápido". Y tú, ¿cómo le recuerdas?

Imagen de perfil de Rebeca Álvarez
El Ferrari F2004 de Michael Schumacher

Michael Schumacher mide 1,74. O eso decía la ficha técnica de aquel libro que conseguí sacar un verano, hace muchos años, de la biblioteca de mi ciudad. Bueno, en realidad, fue mi padre el que me lo consiguió, pues yo era demasiado pequeña todavía para que me dejaran entrar a la sección de adultos de aquel edificio que olía a papel reciclado.

Nunca nos conocimos en persona, así que tuve que creerme -por lo que me contaban las páginas de aquella especie de enciclopedia teñida con los colores de Ferrari- que Michael Schumacher no era una persona de grandes dimensiones, esperando algún día poder comprobarlo. 

Siempre he sido un poco curiosa... o cotilla, llámalo como quieras, y a medida que crecía, Internet se convirtió en mi mejor aliado para indagar en la biografía del Kaiser. Metida en faena, un buen día me crucé con un recorte de un periódico alemán -en blanco y negro- que pululaba por la Red: “Michael - klein, aber schnell” [pequeño pero rápido] rezaba. ¡Qué visionarios!

 

Michael schumacher pequeño

 

Y es que en la imagen que ilustraba tan llamativa frase, Schumacher aparecía al volante de un kart y no tendría más de tres años... Y ahora acaba de cumplir 50, con siete títulos del mundo de Fórmula 1 a sus espaldas; pensar que cumple ya cinco décadas de vida resulta escalofriante, sobre todo porque el reloj se paró hace algo más de 5 años.

Un 29 de diciembre de 2013, las noticias eran dramáticas, al igual que el sentimiento común para todos, aficionados a la competición o no. “¡Qué caprichoso es el destino! Pasas tus días jugándote la vida a 300 km/h y de repente, la vida decide jugártela cuando has decidido poner el freno”. Porque Michael solo estaba disfrutando del esquí, uno de sus grandes hobbys, cuando tuvo el fatídico accidente que cambiaría la historia para siempre. Todo se torció de un momento para otro, pero es así como cambia la vida, indiferentemente de si eres peón o rey.

 

Michael tenía un don

Las páginas de aquella enciclopedia de la que te hablaba contaban también la historia de aquel grave accidente en Silverstone en 1999 en el que Michael aseguraba que “su corazón había dejado de latir”. Sin embargo, el resultado fue un poco más alentador, con una pierna rota, y lo único que hubo que lamentar, por tanto, fue la ausencia de su don sobre la pista durante el resto de la temporada.

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Porque sí, porque Michael tenía un don y se sentía agradecido por ello, considerándose un ser profundamente católico. Y como ya demostró Senna, hay pilotos que parecen tocados por la gracia de Dios. Aunque por aquel entonces, primero había que creer en uno mismo para tener el coraje de ser piloto.

Pero en fin, creo que por lo que más recuerdo aquella enciclopedia fue porque me acompañó en mi primer viaje a Francia. “No lo lleves contigo. No es un libro de bolsillo, es muy pesado y ocupa demasiado espacio”, me dijeron. Pero lo hice, porque a veces hay que hacer solo caso a lo que a uno le sale del corazón... 

 

Mr. Schumacher, el pasajero de apellido inolvidable 

Leí en una ocasión en el libro 'Mujer en guerra” de Maruja Torres, que “las más inolvidables experiencias son aquellas con las que, sin saberlo, procedemos a la creación del futuro. Permanecen en silencio, intactas, hasta ese mismo momento del futuro en el que un olor, una frase o un sonido nos obligue a regresar a ellas”. Y cuánta razón.

Porque ahora que Michael Schumacher cumple 50 años, la vida me ha traído a la mente aquella vez que Michael Schumacher me acompañó en un trayecto Palencia-Hendaya. Iba en tren, cargada con un libro que pesaba más que yo y conmigo viajaban algunas historias que casi dos décadas después definirían parte de quien soy. Y yo sin ser consciente.

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Una niña de provincias soñaba con ser periodista, pero también soñaba con coches, circuitos y se imaginaba hablando con Michael Schumacher en la lengua de Goethe. Soñaba con tantas cosas... que en septiembre de 2013, uno de mis sueños se hizo realidad y entré a formar parte de ese mundo por el que suspiraba: el del periodismo de motor. Sin embargo, dos meses más tarde, en diciembre, Michael Schumacher se bajó del mismo tren en el que yo viajaba.

Hoy en día nadie sabe en qué estación, en qué terminal o destino remoto se encuentra Schumi, pero todos los que le conocimos le recordamos como a esos pasajeros esporádicos que a veces aparecen y nos hacen un poco más agradable el camino a nuestro destino...

Puede que jamás volvamos a verlos, y lo tenemos asumido, pero su recuerdo quedará tatuado a fuego en nuestra memoria "hasta ese mismo momento del futuro en el que un olor, una frase o un sonido nos obligue a regresar"; en este caso, puede ser su hijo Mick Schumacher encima de un podio, cualquiera de las palabras de cariño que la familia de la Fórmula 1 le dedica año tras año o cada vez que un joven piloto iguala emocionado alguna de sus hazañas. 

 

Mick Schumacher DTM

 

Porque las leyendas nunca mueren y como me dijo hace algún tiempo el mismísimo Ercole Colombo, uno de los mejores fotógrafos en la Fórmula 1, durante el Gran Premio de Monza: “Querida, nunca pierdas la esperanza”. Ojalá tenga razón... Mientras tanto, 'Keep fighting, Michael'.

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