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He conducido un Mercedes Clase G y... ¿acaso ya no es lo que era?

Mercedes Clase G

Nunca subestimes el poder de un G... 

Cuando pasa por tus manos el Mercedes Clase G (uno de los nuevos) sabes que vas acompañado de uno de los pocos coches que, hoy en día, siguen manteniendo la esencia de para lo que fueron creados. 

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En el mismo campo que este Mercedes han jugado también siempre modelos como el Land Rover Defender y aunque el nuevo sigue prometiendo las mismas capacidades todoterreno que le convirtieron en referencia, su apariencia ha cambiado demasiado. Hay que reconocerlo, ahora luce más SUV. 

En el caso del nuevo Mercedes Clase G, sin embargo, esto no ha pasado. Sus rasgos se han mantenido con el paso del tiempo y nadie puede negar que, 40 años después de su lanzamiento, sigue siendo un coche todopoderoso en presencia y en esencia. 

Por ejemplo, un garaje común con una altura máxima de 2 metros te hará sudar cuando piensas que este todoterreno mide casi 1,97 metros de alto; puedes tomártelo como un reto o como un aviso de que el Mercedes Clase G no ha sido creado para estar guardado, sino que pide rodar libre… y salvaje.

 

Mercedes Clase G

 

Porque por muy pequeño que te sientas con él cuando está en cautividad, su constitución robusta y cuadrada, de espíritu bélico, te hará sentir todo lo contrario cuando circulas. ¿O es que acaso no piensas en un G cuando te imaginas huyendo en una escena de ‘Jurassic Park’?

 

Mercedes Clase G: ¿más moderno significa peor?

En su carrocería, se mantienen muchos de los rasgos clásicos -como son los intermitentes montados sobre el capó- y también la rueda de repuesto en la trasera, así como el diseño de sus faros redondeados que ahora, eso sí, incorporan tecnología LED.

Se ve como un Mercedes Clase G, de eso no cabe duda; cuando hace dos años hablaba con los ingenieros y diseñadores de Mercedes en un primer contacto con el Mercedes Clase G en Stuttgart (Alemania), me contaban que su principal objetivo era que este se mantuviera como el icono que era. 

Pero eso no es fácil cuando ha pasado tanto tiempo desde su lanzamiento y el mundo ha cambiado tanto… aunque personalmente, creo que han encontrado la forma de lograrlo. ¿Cómo? Muchos pequeños detalles han servido para formar la ecuación perfecta. 

 

Mercedes Clase G

 

El clásico botón para abrir las puertas es uno de ellos y también el sonido mecánico al cerrarlas, que sigue recordando al primero de los G; también el emblema ‘Schöckl approved’ demuestra que ha pasado las pruebas más duras en la montaña austriaca de Schöckl (Graz) y que por mucho cuero y tecnología que encuentres a bordo, seguirá siendo un arma de guerra si así lo deseas. 

 

Que no, no querrás bajarte del Mercedes Clase G

Ahora, el Mercedes Clase G puede ser todo lo lujoso que desees en su interior. Quizá a finales de los setenta y principios de los ochenta, esto no era su prioridad, pero actualmente (más abajo de te explicaré por qué) no tendría sentido mantener esto así.

Por ese motivo, me siento en unos asientos de cuero perforado -que pueden ir calefactados- y encuentra a bordo un sistema de audio Burmester de primera calidad, inserciones de madera, y pantallas digitales con funciones de conectividad. 

¿Quién necesitaría tanta comodidad en un coche tan enfocado a la vida off-road como este? Es cierto que muchos fabricantes de automóviles nos tienen acostumbrados a ‘todo o nada’, pero el Mercedes Clase G sabe muy bien cuál es su papel y ha encontrado ese equilibrio. Sigue leyendo...

 

Mercedes Clase G

 

Vas a pensar que es un sacrilegio si te digo que esta máquina sabe comportarse como un turismo: la unidad del Mercedes Clase G que conduzco viene además equipada con el motor diésel 350d, que ofrecerá consumos más ajustados y eso sin renunciar a un ápice de sus capacidades.

Ofrece una potencia de 286 CV entre 3.400 y 4.600 rpm y un destacable par de 600 Nm disponible entre 1.200 y 3.200 rpm, así como varios modos de conducción entre los que destacan confort y sport; y especialmente en el primero, la carretera deja de convertirse en un terreno hostil para él. 

Se mueve ágil por vías rápidas, es amable con tus vértebras y resulta impactante pensar lo cómodo que se siente serpenteando entre el tráfico a pesar de sus dos toneladas y media (su velocidad máxima es de 199 km/h).

 

Conclusión: no infravalores a un G... 

Es cierto que durante mi (breve) encuentro con el nuevo Clase G no he sido capaz de encontrar un terreno lo suficientemente desafiante como para poner a prueba sus aptitudes, pero una simple escapada fuera del asfalto en los alrededores de Madrid me sirve para darme cuenta de que sería imposible verlo en apuros en zonas como esta (para él son casi un insulto), en la que cualquier SUV temblaría solo con acercarme a ellas. 

Pero eso me hace llegar a una conclusión: puede que ahora el desempeño de los tres bloqueos de diferencial del Mercedes Clase G caiga en manos de la electrónica, puede que hayan sustituido su eje rígido delantero (lo mantiene detrás) por una suspensión independiente… pero su espíritu, su distancia al suelo y sus ángulos siguen estando ahí. Y me da que eso no cambiará nunca.

Además, precisamente, cambios mecánicos como el de la suspensión son los que convierten al nuevo Mercedes Clase G en una excelente combinación entre lo mejor de ayer y de hoy, la vida sobre tierra y barro y el ocio en la ciudad: y a fin de cuentas, cuando tienes un mito como este en el garaje, es una pena que no pueda acompañarte día a día, adonde tu quieras. ¿Y acaso no fue creado para no tener límites? ¡Qué bonita ironía!

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