Prueba Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio Verde: ¡el renacido!

DiCaprio se llevó por fin el Oscar con ‘El Renacido’. Alfa Romeo se merece, al menos, una palmadita en la espalda tras crear una de las berlinas más emocionantes, divertidas y rápidas del mercado. ¡Por fin Alfa vuelve a ser Alfa!

8 10

Nuestro veredicto

Te veo emocionado…

¡Cómo para no estarlo tras la prueba del Alfa Romeo Giulia QV! No puede haber un amante de los coches y el motor que no sienta atracción por Alfa Romeo. Una marca histórica, una grande, con un palmarés alucinante en competición y fiel, toda su historia, a una manera de ver y sentir cómo debe ser un coche: bonito, emocionante, pasional. El Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio Verde tiene todo esto y más y en esta prueba te lo voy a explicar. Tu también deberías estar emocionado.

¡Cuéntame más!

El Alfa Romeo Giulia QV empezó su desarrollo hace tres años. Los ingenieros de Alfa Romeo se enfrentaron a algo muy temido tanto por ellos, como por nosotros, los periodistas: un folio en blanco. Pero lejos de sufrir un ataque de pánico, recurrieron a su esencia, esa esencia tan escondida durante las últimas décadas, pero que siempre ha estado ahí, ese gen común. Debían crear un coche apasionante, eficaz, bonito, divertido. Debía sentirse italiano, debía ser un orgullo para la marca, una ‘Juana de Arco’ particular que salvase a la compañía de un futuro incierto. El reto era enorme.

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Parece que por fin Fiat empieza a entender el planteamiento que Alfa Romeo debe tener dentro del Grupo FCA. No puede seguir adelante con coches como el MiTo o el Giulietta, una gama sin sentido y sin rumbo. Es momento de parar, reflexionar y ver qué quieren conseguir. Creo que lo han hecho, tarde pero lo han hecho. Han decidido que Alfa Romeo sea la BMW del Grupo FCA, la marca premium. Desafortunadamente, por el camino se han cargado a Lancia, otra grande, pero al menos ahora las ideas parecen más claras: Fiat, Alfa Romeo, Maserati y Ferrari. Por ese orden.

El reto de crear un coche tan bueno como para recuperar esa esencia ‘premium’ perdida era un reto gigantesco, pero se optó por lo más fácil: primero crear un coche espectacular como es el Alfa Romeo 4C, un coche de imagen, punto, para más tarde poner toda la carne en el asador por el Alfa Romeo Giulia. Esta versión Quadrifoglio Verde aporta mucha imagen de marca también, así lo reconocen los propios ‘mandamases’ de Alfa, pero está claro que para ser bueno, el trabajo tiene que ser perfecto.

¿Lo es?

Tres años de desarrollo han dado sus frutos, sí. Sergio Marchionne lo tenía muy claro: cueste lo que cueste, necesite el tiempo que necesite, ¡no-podemos-fallar! El Alfa Romeo Giulia QV se apoya en dos premisas: una imagen espectacular y una deportividad al más alto nivel. Para ello se ha creado una plataforma completamente nueva, con un esquema de suspensión realizado en aluminio y puesto a punto durante meses en los circuitos más exigentes, también en Nürburgring.

En el apartado estético no voy a perder el tiempo. Es evidente que tiene muchos atributos para enamorar: si todavía no lo tienes claro, echa un vistazo a la galería. A mi me interesa más centrarme en lo pasional, en las emociones que provoca, en la efectividad y en las prestaciones puras.

¿Qué tal se comporta?

El Circuito de Balocco todito para mi y un ejemplar de Giulia Quadrifoglio Verde luce orgulloso en el color ‘Rosso Competizione’. Nada más montarme en sus asientos, te das cuenta que estás ante algo especial, algo serio. En general, se respira un ambiente racing pero de calidad: la fibra de carbono es fibra de carbono, espero no volver a ver nunca más en un Alfa Romeo esas pegatinas ‘asquerosas’ que lo simulan de una manera cutre a más no poder.

El botón de arranque en el Giulia QV está en rojo y, tras comprobar que tengo la llave conmigo, lo presiono con contundencia. Un sonido sugerente pero algo tímido se cuela en el habitáculo. Empiezo la vuelta con el cambio manual de seis velocidades (si lo quieres con el automático, tendrás que esperar unos pocos meses). Primera y salgo a fondo. El Giulia QV te deja pegado al asiento y nada más subir de vueltas, las mariposas del escape se abren y me deleitan con un espectacular sonido: bronco, contundente, refinado. ¡Genial!

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Estoy en circuito, por lo que rápidamente decido seleccionar el modo ‘Race’ en el ‘Manettino’ del sistema DNA de Alfa. Este modo desactiva todas las ayudas a la conducción y convierte a esta preciosa sedán en una máquina de drift que te emociona. El eje delantero es rápido y preciso, la suspensión es dura y los balanceos apenas existen: en este modo la suspensión está en su tarado más duro, pero no me importaría que todavía se pudiese endurecer algo más, especialmente si estás rodando en pista.

Salgo de la primera chicane que los chicos de Alfa Romeo nos han colocado a tracción. Voy despacio, en segunda, presiono a fondo el pedal derecho, los 510 CV del propulsor V6 de 2,9 litros completamente nuevo se desbocan y provocan de nuevo que te pegues al asiento. Debo decir que su comportamiento no es tan explosivo como el de un BMW M3: los que ya me hayáis leído con antelación, sabéis lo que me gustan los coches radicales. El motor es progresivo y elástico, pero no es brutal como el seis cilindros en línea de BMW. Empuja, siempre, con ganas, pero quizás echo algo de menos ese ‘punch’ tan salvaje del modelo teutón.

Me encuentro con el pedal a fondo y una larga curva, suave de izquierdas, frente a mi. No suelto el pedal: 180, 200, 220. ¡Este Giulia QV corre y mucho! A lo lejos veo otra chicane (si no estuviese ahí, en esa recta rozaría los 300 km/h). Toca cambiar de pie, freno a tope y los frenos cerámicos me pegan al cinturón. Aquí echo en falta algo la caja de cambios secuencias con las levas, pero toca reducir una marcha tras otra de manera manual y rápidamente si no quiero sufrir para tomar la curva con seguridad.

Soy muy contundente con el volante, un rápido movimiento pone a prueba amortiguación y dirección, un ‘zigzag’ que pone de relieve lo bien afinado que está el chasis. El coche ni se inmuta y una vez que sale de la misma, mismo proceso. Llego a la zona de curvas y el Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio Verde se convierte en una máquina para disfrutar a lo grande. Dos enlazadas, voy rápido, los neumáticos sufren, salgo de la curva abriendo gas y los traseros pierden la batalla. Empieza a derrapar y la zaga se insinúa como si una ‘miss mundo’ te mirara furtivamente. Sorprende la manera con la que se controla el coche, un contravolante rápido controla el coche sin movimientos bruscos, sin reacciones raras, solamente con una marca de goma en el asfalto y una sonrisa en tu cara.

¿Derrapa con demasiada facilidad?

Si le quitas los controles, te lo vas a pasar bien: siempre, claro está, que te encuentres en una zona amplia y segura. Decido ver qué pasa si coloco el DNA en posición ‘Dynamic’. Hago exactamente el mismo recorrido: el coche corre exactamente igual, suena igual de bien y resulta igual de eficaz. Al menos yo apenas noto diferencia. Donde se nota, ¡y de qué manera! Es en lo que a traccionar se refiere: ahora el Alfa Romeo Giulia QV sale de la curva sin rastro de derrape, el diferencial trasero, con dos embragues, se encarga de enviar el máximo par disponible a cada rueda de manera individual, para alcanzar el máximo nivel de tracción y, de esa manera, salir de las curvas literalmente catapultado.

En este modo es muy eficaz y si en circuito te emociona, estoy seguro que en carretera abierta podrá llegar a asustar. Es tremendamente rápido y muy eficaz.

¿No tiene nada malo?

Es pronto para asegurar eso: esta primera toma de contacto ha tenido lugar exclusivamente en el Circuito de Balocco y hará falta poder conducirlo más sosegadamente para empezar a sacarle más fallos. Tras varias vueltas (y tras varios días de pruebas) los frenos empiezan a acusar la fatiga y llegan a la zona de boxes echando humo. Sorprende ver unos frenos cerámicos en este estado, pero lo dicho, no creo que haya que sacar conclusiones precipitadas.

Lo peor del coche, sin lugar a dudas, es que me será complicado llevárlo a mi garaje. Es tan caro como un BMW M3, su principal rival, con una tarifa base en España de algo más de 86.000 euros, una factura, eso sí, que puede incrementarse notablemente como le quieras meter equipamiento caro (por ejemplo, los frenos cerámicos cuestan 8.000 euros más). ¿Demasiado? Es un gran coche, pero sí, tocará pensárselo muy mucho...

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