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Un amor imposible: cuando Lotus y Bugatti fueron de la mano

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¿Sabías que Lotus y Bugatti fueron de un mismo dueño?

La historia de Lotus y Bugatti tiene poco en común más allá de crear coches deportivos. Pero hay algo que comparten: ambas marcas fueron en una época determinada propiedad de un mismo dueño. Es decir, se puede considerar que fueron de un mismo grupo, marcas hermanadas, aunque sobre la práctica, nunca llegaron a compartir mucho más que eso. El nexo de unión tiene un nombre: Romano Artioli, un empresario italiano que tuvo en su poder dos de las marcas más famosas de la historia del automóvil. Vamos a repasar un poco la historia de este amor 'casi' imposible.

¿Cómo llegó Romano Artioli a ser dueño de Lotus y Bugatti en la misma época? Pues por dificultades de ambas marcas y por saber aprovechar las oportunidades. Romano Artioli era un empresario de éxito, ambicioso y apasionado del automóvil. Era un perfil claramente comercial y supo jugar sus bazas. En los años 80 fue cuando su negocio experimentó un crecimiento espectacular.

 

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Romano Artioli era dueño de varios concesionarios y también importador de vehículos japoneses a Italia. Fue el primer importador de Suzuki en el país transalpino y también llegó a tener el mayor concesionario de Ferrari, con tentáculos que llegaban hasta Alemania. Su red de concesionarios era amplia y su ambición imparable.

A finales de los años 80, Bugatti no era más que un recuerdo del pasado. La fábrica llevaba 35 años cerrada y sin visos de poder tener continuidad, pero Romano Artioli vio un negocio interesante. Tenía experiencia en el mundo del lujo, trabajando con marcas como Ferrari o Lamborghini, y creyó que relanzar una marca como Bugatti, creando un nuevo hiperdeportivo podía ser una buena idea.

 

El sueño de crear su propio superdeportivo

En 1987 fundó la compañía Bugatti International y compró la marca Bugatti a los herederos de Ettore Bugatti. Esto incluía el nombre, el logo y poco más, ya que la empresa estaba prácticamente desaparecida. Romano Artioli tenía muchos contactos y tenía muy claro lo que tenía en mente. Dinero también había, por lo que su apuesta fue a lo grande.

Su objetivo era crear el hiperdeportivo más rápido y espectacular de su tiempo y para ello no dudó en contactar con los mejores. Llamó a la puerta de Marcello Gandini, pero su propuesta muy angulosa (típica de los 80) no terminó de gustar. El proyecto después pasó a manos de Giampaolo Benedini, que suavizó y mucho las líneas originales de Gandini. 

 

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En el apartado técnico fue Paolo Stanzani el encargado de empezar a desarrollar el Bugatti EB110. Tras su partida, llegó otro grande: Nicola Materazzi, padre del Ferrari F40, fue el encargado de desarrollar este superdeportivo con motor V12 y 560 CV. El proyecto parecía arrancar y convertirse en un éxito rotundo: ¡incluso Michael Schumacher se compró uno en color amarillo!

 

Lotus y Bugatti bajo el mismo paraguas

En 1993 la marca iba bien, pero los gastos de desarrollo del coche habían sido altísimos. Romano Artioli vio otra posibilidad de negocio: General Motors puso a la venta la compañía Lotus, otro nombre mítico fundado décadas antes por Colin Chapman. Su idea con Lotus era bien diferente: quería crear deportivos baratos pero emocionantes.

Lotus tenía una gama envejecida y poco coherente, por lo que decidió prácticamente refundar la empresa y apostarlo todo a un concepto. El Lotus Elise fue su gran apuesta, un deportivo con un chasis de aluminio, muy ligero y divertido y a un precio asequible. ¡Incluso le puso el nombre de su nieta, Elisa Artioli!

 

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El lanzamiento del Lotus Elise fue de nuevo un éxito, pero a diferencia de con Bugatti, con un precio más inaccesible y una producción más cara, los números empezaron a salir desde el primer minuto. El sueño de Romano Artioli había sido crear el mejor hiperdeportivo del mundo y eso tuvo un coste altísimo.

El Bugatti EB 110 (bautizado en honor a Ettore Bugatti en su 110 aniversario) fue el coche más impresionante a comienzos de la década de los 90 y hasta la llegada del McLaren F1. Sin embargo, los altos costes llevaron a la empresa a la ruina y Romano Artioli tuvo que declarar la bancarrota de Bugatti en 1995.

Lotus en cambio iba bastante bien, pero dadas las enormes pérdidas, tuvo que vender la mayoría de las acciones al Grupo Proton. Finalmente, la aventura de Romano Artioli no terminó demasiado bien, pero visto todo con perspectiva, creo que su apuesta, su ilusión y su valentía salvó a dos grandes marcas.

 

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Y es que sin él, Bugatti probablemente nunca habría renacido como lo ha hecho: en 1998 fue comprada por Volkswagen y se convirtió en lo que es hoy. Lotus, sin la fantástica idea de cambiar de negocio y apostar por los deportivos ligeros y baratos, con el Lotus Elise como emblema, probablemente también habría desaparecido.

Así que el matrimonio de Lotus y Bugatti fue breve, pero intenso. Y gracias a un hombre, Romano Artioli, ambas marcas florecieron y volvieron a convertirse en algo grande.

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