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El dueño de un Lamborghini enloquece al ver cómo un Nissan GT-R le humilla

Duele ver que un hierro de 15 años humille a tu flamante Lamborghini Huracán de 250.000 euros. Pobrecito.

Pelea Lamborghini Nissan GT-R foto

El dueño de un Lamborghini Huracán empezó una pelea con el conductor de un Nissan GT-R R32 tras perder una ‘drag race’. Un titular que puede parecer una pelea de niños pequeños pero que es tan real como la vida misma: ocurrió en Australia y muchos fueron los factores que intervinieron para que lo que empezó como una fiesta terminará en bronca, una bronca muy seria a causa de los coches. En este punto, te recomiendo que eches un vistazo al vídeo, vas a divertirte alucinar.

No te lo pierdas: un Lamborghini de 900 CV, una 'drag race' y un muro. ¿Apuestas?

Y es que, como te decía, varios fueron los factores para que este pique entre un Lamborghini Huracán y un Nissan GT-R R32 terminase el pelea. El primero, sin duda, fue la arrogancia del conductor del Lamborghini: el hombre se pensaba que tenía el coche más rápido del barrio sin saber que muchos de los coches allí presentes estaban modificados hasta la extenuación. Sin duda, ese fue el factor clave para entender esta disputa. El orgullo herido, aunque hay otras importantes.

 

 

Como por ejemplo los 9.000 dólares australianos (6.314 euros) que se apostaron en dicha carrera: una cantidad de dinero que el conductor del Lamborghini Huracán perdió en un abrir y cerrar de ojos. Una de las quejas de este individuo fue que el dueño del Nissan afirmó que su bólido tenía 500 CV, cuando en realidad bajo el capó rondaba los 800 CV: 210 CV más que el pura sangre italiano. De todos modos, parece evidente que el refrán: ‘Manolete, si no sabes torear, pa’que te metes’, tiene aquí todo el sentido del mundo.

Una vez que el dueño del Nissan GT-R aceptó la apuesta, ambos coches se dirigieron a la pista donde debían enfrentar sus fuerzas: como todo el mundo esperaba, salvo el dueño del Lambo, el Nissan GT-R R32 modificado arrasó a su rival, lo humilló por completo. Una vez de vuelta a los boxes, la frustración e indignación del piloto del Lamborghini fue tal que le hizo abalanzarse sobre su adversario, propinándole varios intentos de puñetazo hasta que la seguridad les separo.

 

 

En definitiva: así se quita de un plumazo toda la arrogancia de un dueño fanfarrón, con 3.000 euros menos en el bolsillo y, gracias a internet, una humillación casi planetaria. Lo dicho, a estos eventos hay que ir con un poco de conocimiento.

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