¿Sabes realmente cómo funciona el turbo de tu coche?

No es magia; es ciencia.

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Turbo

Aunque en Top Gear somos lo suficientemente quemados como para seguir perdidamente enamorados de los motores atmosféricos -aquí tienes los últimos y más grandes de esta distinguida categoría-, la aportación de las mecánicas sobrealimentadas al desarrollo del automóvil tal y como lo conocemos ahora mismo es innegable. ¿Quieres saber cómo funciona un turbo? Prepárate: hoy vas a aprender algo nuevo. Aunque ya deberías saberlo... 

Cinco coches que necesitan ya mismo un motor con turbo

Los dos ingredientes básicos que necesita cualquier motor para funcionar son dos: combustible... y aire. Como es lógico, cuanta mayor sea la calidad de ambos mejor podrá funcionar el artefacto y, como en todos los ámbitos de la vida -por mucho que haya quien se empeñe en negarlo-, la cantidad también importa: a mayor volumen de aire introducido dentro de una mecánica, más fuerza desarrolla. Y eso sólo puede conseguirse a través de cilindradas tan salvajes como las vistas en los coches americanos o introduciendo un pequeño truco en el gas que entra a la cámara de combustión. Que no es otro que añadirle algo de presión a la cosa. 

 

 

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Como ya te habrás imaginado, la segunda opción es la que atañe a nuestro protagonista de hoy: el turbocompresor. ¿Quieres saber cómo funciona un turbo? En realidad es muy sencillo: en esencia se trata de dos turbinas unidas por un eje solidario y que giran a la misma velocidad, marcada por el ritmo al que los gases del escape salen desde el colector hacia el tubo que los transporta a la atmósfera. Al entrar en contacto con las aspas de la turbina empiezan a moverla, lo que produce un movimiento idéntico en la que está en contacto con el aire que llega por la admisión del coche. El resultado es mágico: el aire que antes de entrar en contacto con este inventazo tenía una temperatura ambiente relativamente baja con una densidad ridícula en comparación con la lograda a través de su presurización es ahora perfecto para sacar lo mejor del bloque. ¿Entiendes por dónde voy? 

Sí, sé que me vas a decir que ese proceso implica un aumento de temperatura en los gases de entrada, y no puedo hacer más que aplaudir el hecho de que, aunque fuera por casualidad, atendieras en clase de Física y Química en el instituto: este hecho es inevitable y para paliar sus efectos en todos los vehículos que montan un turbo éste está asociado a un radiador llamado intercooler, encargado de hacer descender la temperatura del aire antes de enviarlo al interior de los cilindros. 

 

Vale, ahora sé cómo funciona un turbo. Pero... ¿eso no revienta? 

Es posible que estés pensando en que, a medida que las revoluciones del motor suben y la velocidad de los gases también, el régimen de giro del turbocompresor puede empezar a escalar de un modo acongojante hasta terminar reventando en mil pedazos. Y tienes toda la razón: por ese motivo uno de los elementos básicos de cualquier sistema que se precie es una válvula de descarga cuyo objetivo es permitir la salida del exceso de gases hacia el escape sin pasar por la turbina, garantizando así que éste no gira por encima de sus posibilidades. Y lo mismo sucede con la admisión: monta otra válvula para evitar una sobrepresión en el sistema. Que emite un sonido muy molón al soltar gas al circular en los regímenes más sabrosos de la mecánica. 

 

¿Qué es un turbo de geometría variable? 

 

 

Uno de los grandes problemas que han sufrido los motores con turbo a lo largo de su vida ha sido el problema derivado del tamaño del compresor: si éste se diseña con la idea de manejar grandes cantidades de aire adolecerá de un rendimiento muy comedido en las zonas más bajas del cuentarrevoluciones que, además, llegará con un retardo muy desagradable a las órdenes comandadas desde el acelerador conocido como ‘turbo-lag’. Si por el contrario el tamaño de la caracola es pequeño, la mecánica será un auténtico demonio en bajo y medio régimen a cambio de quedar sin fuerza en la zona más alta del tacómetro. ¿La solución? Muy sencilla -no-: introducir la geometría variable. Con ella el volumen de aire gestionado por el turbocompresor puede variar en función de la carga de trabajo del motor y, en consecuencia, dar siempre lo mejor de sí. Independientemente de las circunstancias. Vale, sí: eso sí que es magia. 

 

¿Rompen con más facilidad los motores turbo? 

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Rotundamente, no. Si los plazos recomendados por los fabricantes para los mantenimientos son respetados a rajatabla, se emplean buenos materiales siempre que se lleven a cabo y se tienen en cuenta ciertos cuidados preventivos como esperar un minuto antes de ponernos en marcha al arrancar el motor y otro antes de apagarlo cuando hayamos llegado a nuestro destino, una mecánica asociada a un turbo puede sobrevivirnos con suma facilidad. Y no, el ejemplo de tu colega con el León FR amarillo no me vale. Por mucho que cuando lo venda él suelte que "siempre ha estado bien cuidado y conducido por una mujer mayor para hacer sus recados los domingos".

Bueno espero que tras esta parrafada te haya quedado mucho más claro cómo funciona un turbo.

 

 

 

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