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Opinión: ¿es España un país de auténticos petrolhead?

¿Corre gasolina por las venas de los españoles?

Esto es un artículo de opinión, así que de primeras me veo obligado de decir que no. ¿Es España un país de petrolheads? No, un no bastante rotundo. ¿Por qué digo esto? Por varias razones, desde el nivel de coches general de nuestro país hasta la manera de conducir de nuestros paisanos. En España, en la mayoría de los casos, el coche es una herramienta de transporte para ir del Punto A al Punto B, un objeto que se mueve por modas, como si fuese un bolso, y de imagen para picar a tu vecino o tu cuñado. 

Hay poca pasión por los coches. Nunca he visto en España a un tipo con un Ferrari durmiendo en una tienda de campaña en un circuito, no hay ese gusano que generan los coches como ocurre en países de nuestro entorno como Italia, Alemania o Reino Unido. No hay una cultura de coches en general que pueda considerarse potente, especialmente si nos ponemos a comparar con nuestros vecinos del norte.

 

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Solamente hay que echar un vistazo a las ventas de nuestro país para comprobar cómo las ventas de coches pasionales es realmente baja para la riqueza de nuestro país. Seguro que tú conoces a alguien con dinero que se mueve con coches de lo más normales. No hay esa comunidad del automóvil de altas prestaciones, de diversión, de emoción. Hemos perdido eso, la gente con alto poder adquisitivo en nuestro país prefiere gastarse su dinero en casas, en viajes o en bolsos antes que en coches. En la inmensa mayoría de los casos.

Pero la gente joven, más apasionada, tampoco es mucho mejor. Claro que hay un puñado de nosotros que estamos locos con los coches, que nos juntamos los fines de semana para dar una vuelta, que vamos a ver los rally, que vamos a los circuitos, pero ¿qué porcentaje de la población representamos? Es realmente bajo. En estos años como probador de coche me he dado cuenta de una cosa: la gente en este país no tiene ni idea de coches, puedes ir con un Audi TT diésel y girar cabezas a diestro y siniestro, en cambio hacer lo propio con un Audi RS6 y que nadie se gire. Tú me entiendes, una cultura de coches muy paleta en la que si un coche tiene dos puertas y no es muy alto es mejor que si tiene cuatro, de esa cultura de bar que afirma rotundamente que un Ferrari tiene que ser rojo o que un motor de menos de dos litros se rompe con mirar.

Hay poca cultura de producto, pero eso no es lo único: también hay poca cultura en cuanto al motorsport. Hay zonas de España que se salvan en esto, como la zona norte con los rally, donde hay una pasión ligeramente más palpable. Pero en el resto de España, ¿cuántos son los chicos jóvenes que hablan de los rally o de la Fórmula 1? ¿Lo comparamos con el fútbol? Creo que es mejor no hacerlo. Suficientemente feliz sería si en la puerta de un colegio alguien fuese capaz de decirme el nombre de dos pilotos de rally actuales. No hay cultura de coches.

 

 

Y alguien que simplemente utiliza el coche como una lavadora tampoco creo que se preocupe mucho en utilizarlo correctamente. ¿Por qué en España se conduce tan mal? Pues porque no hay cultura de coches, porque a la gente le da igual y porque la gente es muy poco respetuosa con los demás. Lo suyo es suyo y punto. Yo voy por el carril izquierdo porque me da la gana y no me muevo de allí por nada del mundo. Al resto que le den. Y así con muchos otros elementos: si con los faros antiniebla encendidos veo mejor, ¿qué más da el que esté detrás quedándose ciego? ‘Not my problem’.

Hay muchos detalles que nos dejan claro que en España hay una cultura del coche realmente baja. Vuelvo a nuestra querida lista de ventas: si nos ponemos a analizar los coches que se compra España, la pasión representa un porcentaje brutalmente ínfimo en el total. Estamos rodeados de SUV diésel blancos, estamos rodeados de compactos premium que han costado una millonada. Sí, también blancos. ¿Por qué la gente no es un poco original a la hora de comprar un coche? Pues porque no tiene ni idea qué es lo que el mercado le ofrece y en España somos mucho de la ley del mínimo esfuerzo. Si es tu cuñado el que te da los consejos de compra y dice que Mercedes es lo mejor, pues me compro un Mercedes Clase A -sí, blanco- y viviré feliz habiéndome gastado 40.000 euros en un coche con motor Renault. Luego cuando me entero pienso que es un fraude, cuando no es así. Es la globalización del mundo del motor.

A lo que voy es que la gente no se compra el coche con el corazón, lo hace con la cabeza (en el mejor de los casos, muchos parecen hacerlo con el páncreas). Es maravilloso viajar a países de nuestro entorno donde la pasión por los coches es infinitamente mayor como Inglaterra o Italia, donde puedes ver un parque móvil que, en muchos casos, es infinitamente más emocionante. Claro que el coche siempre se utilizará para ir del Punto A al Punto B, al menos por una parte de la población, pero cuando me pongo a ver algunos de los coches más pasionales, veo que la cosa en España no cambia.

 

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Un Ferrari rojo, un Bentley negro y un Porsche 911 blanco. Sota, caballo y rey. Si la gente que es capaz de gastarse más de 200.000 euros en un coche no es capaz de ser un poco original y demostrar buen gusto a la hora de comprar un coche, ¿qué esperanza queda al resto? ¿Has visto los futbolistas? Mientras que los extranjeros siempre suelen apostar por coches espectaculares, en España la mitad de las plantillas de los equipos de fútbol se mueven en gigantescos SUV diésel. Recuerdo cuando Audi entrega sus coches a los jugadores del Madrid y del Barça: prácticamente siempre los jugadores españoles optan por el Audi Q7 en color negro o blanco. Casillas una vez lo dijo muy claro: “yo lo que más valoro es la seguridad en mis trayectos.” Le faltó decir lo del ‘Punto A al Punto B’. Esta es la realidad. Los coches en España no son objetos de pasión sino objetos que nos ayudan en nuestros desplazamientos. Una herramienta más. Un electrodoméstico.

Quizás en algunas zonas muy concretas la gente está empezando a apostar un poco más por los coches, gente joven que se reúne con sus coches simplemente para tomar un refrigerio, para dar un paseo, para reunirse de manera discreta sin que el objetivo final sea tirar fichas a las jóvenes universitarias, sino simplemente para disfrutar de tu coche por una carretera de curvas. 

¿Es España un país de petrolheads? Para nada. Mientras que en ‘prime time’ en otros países tienen programas de coches, en España no salimos de Sálvame Deluxe o del Sálvame Deluxe 2.0 que se está convirtiendo la política nacional. ¿Hay solución? A corto plazo lo veo complicado. Si la gente influyente para jóvenes empieza a dar un valor diferente a los coches y muestra lo que te pueden aportar desde un punto de vista emocional, la cosa puede cambiar con el paso del tiempo. Esperemos que la gente en este país, poco a poco, se empiece a culturizar en la materia, que vea lo que hay fuera, que no se quede con los brazos cruzados, que viaje, que sepa disfrutar con el mundo del motor. Nosotros también tenemos que poner nuestro granito de arena y mostrar al resto del mundo lo emocionante que pueden llegar a ser esos pequeños cacharros con cuatro neumáticos tocando el suelo. En ello estamos. ¡Suerte!

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