La fiebre del oro: pruebo el Bentley Bentayga en California

El SUV más lujoso del mundo no es barato. Para intentar acercarnos a él hemos viajado a California en busca de oro.

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Nuestro veredicto

Antes de empezar esta prueba del Bentley Bentayga me dispongo a encontrar tres pelotas de tenis doradas o cinco huevos de oro. ¿Por qué? El precio de este preciado metal es de 968 euros por onza y necesito al menos unas 205 onzas (6,3 kg) para poder comprar un Bentley Bentayga…¡al menos en Reino Unido! En España todavía necesitarás encontrar 43 onzas más, ya que aquí esta bestia cuesta algo más de 241.000 euros.

¡Y eso siempre que no optes por opcionales tan exclusivos como el reloj Breitling Tourbillon! En tal caso te tocará encontrar otras tantas pepitas de oro....

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Estoy en California y debes conocer a Jim. Este americano auténtico ha dedicado toda su vida a buscar este preciado metal. Conoce todo lo que hay que se saber acerca del oro, tanto es así que es dueño de la American Prospector Treasure Seeker, la tienda de equipamiento para la minería del oro más grande del sur de California. Lo máximo que han conseguido encontrar en un día Jim y su esposa son 11 gramos, así que me da que me tiraré por aquí una buena temporada hasta poder llevarme este Bentayga 2016, como no de color dorado, a casa.

Mi fotógrafo Mark y yo llegamos a la tienda de Jim en Temecula, a una hora hacia el sudoeste de Palm Springs. Jim y Sue rápidamente se acercaron a nuestro lingote con ruedas a inspeccionarlo en detalle. Sue se montó en medio segundo en el magnífico puesto de conducción del Bentayga, mientras Jim, más frío, hacía la pregunta del millón: “¿Cuánto cuesta?” “unos 230.000 dólares" le contesto haciendo rápidamente los cálculos entre libras y dólares. “¡Toma ya! Bueno, querréis ver algunas pepitas de oro, ¿no?”

¿El próximo paso? En Bentley ya piensan en un futuro Bentayga Coupé

Me viene bien para esta prueba del Bentayga 2016 hora de camino hasta nuestro destino discurre fundamentalmente por aburridas autopistas locales y rectas, un camino que sería irrelevante en otro coche, en el Bentley Bentayga se convierte en algo importante. Es el SUV más exclusivo, lujoso y potente, capaz de convertir cualquier trayecto en algo único. A sus mandos te sientes importante y eso que durante este trayecto prácticamente ni conduzco.

Pones el control de crucero a la velocidad que desees, selecciona la distancia de seguridad con el coche de delante y activa el sistema de cambio de carril: el coche acelerará, frenará y girará por ti. El problema es que cada diez segundos el coche comienza a pitar insistiendo que pongas tus manos sobre el volante. Se podría hackear de alguna manera este pitido, o mejor dicho, engañar, pero ¿quién quiere dejar de conducir en un Bentley? Yo no.

Llegamos al destino. Un riachuelo afloja el ritmo frente a nosotros en un remanso: “Aquí es donde se puede encontrar el oro.” Afirma Jim. Así que me 'arremango' los pantalones y me pongo a buscar como un poseso. Esto del ‘paneo’ no es tan fácil como parece y distinguir el oro del resto de minerales me parece casi imposible. La clave está en la maña y eso se consigue con experiencia. El agua debe provocar que el mineral menos pesado salga de la ‘sartén’, dejando el dorado elemento al fondo.

Parece que los clientes de Jim han dejado seco a este pequeño riachuelo, así que toca recoger los bártulos y volver a nuestro buque de lujo. El Bentayga nos lleva confortablemente hasta nuestra base en Palm Springs, pensando que mañana habrá más suerte. “El oro es como un amante seductor: está en todas partes en este lugar, en el agua, en las rocas, en las montañas. ¿Sabes esa sensación cuando compras un billete de lotería y estás constantemente pensando qué harás si te toca? Esto es lo mismo.” Afirma Jim.

Y si esta positividad ciega no fuera suficiente, la carretera 74 empieza a revirarse sobre el Valle de Coachella. Curvas que van a hacer salir de su área de confort al Bentayga 2016 en cuestión de segundos.

Lidiar en curvas con 2,2 toneladas y unas suspensiones relativamente elevadas parece todo un reto, pero una vez más la electrónica y una puesta a punto increíble obran el milagro. El Bentley Bentayga cuenta con ocho modos de conducción, cuatro en carretera, cuatro fuera de ella. En el modo más deportivo, los amortiguadores se endurecen y el coche es capaz de girar bastante plano. Es efectivo y es rápido, pero encima, mantiene su alto grado de confort. Parece que el coche es más pequeño y ligero de lo que es y te puedes venir arriba con una facilidad pasmosa, sin que tus pasajeros deban dejar de lado la copa de Champagne.

Un posible gran rival: primer contacto con el nuevo Maserati Levante

Pero si su comportamiento dinámico sorprende, su mecánica no se queda atrás. El motor W12 de 600 CV es completamente nuevo y, sin duda, se coloca a la medida de las desproporciones de esta bestia. Mientras que el W12 de la anterior generación, el mismo que monta el Continental, es un poco perezoso en bajas, los nuevos turbos del motor permiten una respuesta más eléctrica y brutal desde cero. Si hay un coche en el mundo en el que la velocidad pasa completamente desapercibida, ese es el Bentayga: deja de revisar el velocímetro un segundo y te quedarás sin punto a la misma velocidad.

En esta prueba del Bentley Bentayga, la arena, rocas, desniveles y pendientes pronunciadas es absolutamente imperturbable. Una profundidad de vadeo de 500 mm permite sortear pequeños ríos y en la configuración de suspensiones más elevada, alcanza los 245 mm: puede sortear gran parte de las rocas que encontramos en el camino sin despeinarse…¡y sin que nos despeinemos!

Para intentar contextualizar, decido abandonar los mandos del Bentley y subirme a la Toyota Tacoma de Jim: por donde el mastodonte inglés pasa casi sin inmutarse, en el pick-up japonés es como si te fueran a tirar de cabeza a una lavadora.

Desde lo alto de la montaña se puede ver la increíble formación minera. Enormes montículos de rocas y polvo se amontonan en lo que fueran los restos de enormes voladuras para extraer material. Este mineral sin procesar puede también contener oro, pero no tenemos tiempo para semejante tarea. En un momento encontramos una cueva solo apta para el tamaño de un hobbit. Decido que hay que echar un vistazo justo cuando siento la mano de Jim en mi hombro: “Un par de cosas que debes saber antes de entrar ahí. En primer lugar: es un túnel, no una cueva. En segundo lugar: puedes encontrar animales desagradables, desde una letal serpiente de cascabel hasta linces, pumas, murciélagos o lechuzas.” “Está bien saberlo Jim: ¡tú primero!”

En el interior encontramos una veta blanca de cuarzo que discurre a lo largo de la mina. Hay oro, lo sé, lo sabemos, está tan cerca pero tan lejos. Es un túnel delicado, peligroso y no podemos tocar demasiado sin sufrir por que se nos caiga algo a la cabeza. Abandonamos y regresamos al Bentayga. Toca enfilar por un terreno a priori delicado: arena fina se mezcla con rocas afiladas. Circulamos despacio, intentando no dañar nuestro buque de lujo. Los neumáticos a veces chirrían y nuestras caras cambian, pero avanza sin prisa pero sin pausa. Lo más extraño de todo es que mientas los neumáticos y la suspensión están sufriendo una auténtica travesía por el infierno, yo estoy sentado cómodamente en mi trono de cuero acolchado, disfrutando de un ligero masaje y escuchando música country por el abrumador equipo de audio de 18 altavoces y 1.800 vatios.

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