Prueba: BMW i3. No, no es lo que piensas

Autonomía extendida, he aquí la clave.

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Nuestro veredicto

Sé lo que estás pensando: ¿una prueba del BMW i3 en Top Gear? ¿Sin ser el de rallyes (bueno, algo así) que te enseñamos aquí y que tienes en el vídeo bajo estas líneas? Pues sí, amigos. Por dos razones: hay que estar al volante de todo en esta vida y, además, tenía curiosidad por saber si se puede hacer un uso normal de un coche eléctrico.

Lo cierto es que hay trampa. Un poco: hablamos del BMW i3 Range Extender, de autonomía extendida. Un motor de gasolina bicilíndrico entra en funcionamiento cuando se acaban las baterías, pero no para mover las ruedas, sino para accionar un generador que proporciona más ‘alimento’ al motor eléctrico. Este subterfugio sirve para que estés más tranquilo en un viaje, para que tu conciencia sepa que no contaminas y para que no pagues el aparcamiento regulado en las ciudades en las que rige este sistema. Pero hay petróleo de por medio, no lo olvides.

Salgo del parking y lo primero que noto es un chispazo de electricidad estática al pulsar el botón que abre la barrera. “Empezamos bien”, me digo a mí misma. Echo un ojo al cuadro de mandos, completamente futurista y con una información que se lee de forma clara: tengo 211 km de autonomía con el propulsor eléctrico y poco menos de 150 con el generador, así que, teóricamente, podría ir de Madrid a Burgos y buscar un sitio para recargar las baterías (o una gasolinera) a la vuelta. Me conformo con algo mucho más sencillo: el BMW i3 de esta prueba va a acompañarme en mi día a día durante una semana.

Me gusta su silencio; el murmullo del motor eléctrico es imperceptible desde el interior. Y sí, es cierto lo que estás harto de leer: un par instantáneo, disponible desde el primer momento, te catapulta en los semáforos. Pero me resulta más curioso el sistema que actúa al levantar el pie del acelerador: la capacidad de retención es tal que las luces de freno llegan a encenderse por seguridad aunque tú no toques ese pedal. Te encontrarás pisando de nuevo para llegar al cruce o al ceda el paso… porque, de lo contrario, este BMW se detendrá varios metros antes. Impresiona; cuando lo dominas, es posible no utilizar el freno en la ciudad. Mientras tanto, las baterías se van recargando y ganando autonomía: todos contentos, pues sí es verdad que angustia un poco pensar que no hay un enchufe cerca (aún contando con la red de seguridad de la gasolina). Me he prometido a mí misma no desconectar el aire acondicionado u otros dispositivos que puedan consumir energía para ‘ayudar’ en esta tarea, así como no acudir al modo de conducción ‘Eco Pro +’ a menos que sea absolutamente necesario. Y no lo es, al menos en un uso normal.

BMW i3: nuevas baterías y mejor autonomía de cara al verano.

Una vez acostumbrada al funcionamiento del acelerador y el freno del BMW i3, empiezo a fijarme en otras sensaciones. Las ruedas son unas 155/70, con llanta de 19”, y se nota lo estrechas que son. No transmiten inseguridad, pero sí sabes que llevas algo más escueto de lo normal cuando mueves el volante (operación que se realiza con el buen tacto propio de la marca). La conducción en ciudad es comodísima: el radio de giro es más que suficiente, la fuerza es instantánea, se le nota a gusto en las calles… Sólo tendrás que preocuparte de los peatones mirando su móvil, pues no te oirán llegar.

Salir a carretera no es un problema, pero aquí la autonomía desciende con cierta alegría, pues es sencillo alcanzar cruceros respetables y mantenerlos. Como todo habla de relax, te dejas llevar por este espíritu ‘eco’ y procuras ahorrar energía, dosificando maniobras suavemente. Aun así, un par de días de recados, un viaje al aeropuerto, idas y vueltas a la redacción y varios trayectos cortos más hacen estragos y el indicador de la batería marca cifras peligrosamente bajas, 8 km de autonomía, después 5, justo cuando disfrutábamos de una suspensión cómoda y un comportamiento amable, pero aplomado, firme al seguir tus decisiones.

La alternativa todavía más 'cool' al BMW i3: el BMW i8

En ese momento, entra el acción el generador sin que tú toques nada (aunque puedes programar el sistema para que ‘salte’ antes o ponerlo en marcha mediante el menú de la pantalla central… siempre que la ‘pila’ esté por debajo de un 75% de carga). Sus 34 CV proporcionan energía al motor eléctrico, con 170 CV, pero no son capaces de mantener las prestaciones de éste: para preservar todo el sistema (y asegurarse de que el coche sigue andando), no te dejará pasar de cierta velocidad (unos 100-110 km/h) si te enfrentas, por ejemplo, a una cuesta sostenida. Cuando la batería recupera cierto margen, se puede volver a un ritmo normal, pero ten en cuenta que desciende de nuevo si el tema se pone chungo. Ah, también te quedarás sin aire acondicionado. Vaya.

Quizá esto chafe un poco tus ilusiones. Vuelve a sonreír, amigo de las cero emisiones, ya que en el uso que le di al BMW i3 REX durante la semana de pruebas, moviéndome por la ciudad o en trayectos interurbanos, no sufrí en absoluto: disfruté de la climatización y la velocidad fue más que suficiente para ir por el carril izquierdo en las autopistas y vías de circunvalación. Eso sí, tuve que echar gasolina (la tapa del depósito se encuentra bajo el pilar A, en la parte delantera derecha) y, muy optimista, pensé que con 10 euros llenaría los tres cuartos de depósito que había gastado. Con una capacidad total de 9 litros, entraron 6 euros apurando ‘hasta la boca’. Pagué rápido y me marché esperando murmullos a mis espaldas.

Atención, porque ya hay un BMW i3s

Apenas te he hablado del diseño de este modelo, futurista y algo extraño, a juzgar por las miradas de la gente, o de su interior. El BMW i3 tiene cuatro plazas y el acceso a las traseras es muy cómodo gracias a unas puertas cuya apertura se realiza hacia atrás. Eso sí, esta operación implica que antes debes abrir las delanteras. Y las ventanillas posteriores no pueden bajarse, lo siento.

En los asientos del conductor y su acompañante somos más conscientes de los materiales reciclados utilizados en el coche y de la comodidad que ofrece: los respaldos son menos gruesos de lo habitual, pero muy confortables, la postura al volante es perfecta, el espacio está muy bien aprovechado (por ejemplo, la ‘palanca’ del cambio automático es una piña adosada a la columna de la dirección, lo que permite un cofre central enorme), hay muchos huecos en los que dejar objetos y la visibilidad es buena.

BMW i3 2018 y BMW i3s 2018: ahora más deportivos. Bien.

Sólo pediríamos un maletero un poco más grande (es de 260 litros: está bien para las bolsas de la compra y del gimnasio… y poco más) y un precio que no llegara casi a los 41.000 euros. Sí, es en serio. Cierto, te llevas mucha tecnología y un vehículo que puedes utilizar perfectamente en el día a día. Y te lo vas a ahorrar en gasolina. Pero por ese importe puedes comprarte un Mini John Cooper Works, más grande, que ‘sólo’ cuesta 33.300 euros y viene con 231 CV bajo su capó. Eso sí, consumen mucho más. Un BMW Serie 2 de 250 CV tiene un precio 500 euros superior al de este i3… piénsatelo.

Oh, quizá te preguntes por qué no he recargado las baterías en una semana: para empezar, los primeros cinco días no fue necesario. Después, no conté con las más de 10 horas requeridas (con suerte; si se limitan los amperios con el fin de evitar sobrecargas en el dispositivo, pueden ser 20) para recuperar la energía, así que me pareció más cómodo echar gasolina, lo reconozco. Así que las conclusiones tras esta prueba del BMW i3 son que a) la conducción eléctrica me ha gustado mucho más de lo que esperaba, por su silencio y prestaciones inmediatas. Pero b) mientras no existan las ‘electrolineras’… imagina que tienes que ir al hospital y tu coche eléctrico no es de autonomía extendida. Explica al enfermo que ha de esperar para que se recargue la batería. Ajá. Petrol rules.

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