Los fabricantes ya tienen suficientes frentes abiertos en Europa. Ahora la UE les ha dado un respiro con el CO2 que no gusta a todos

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Europa lleva años tratando de reducir las emisiones contaminantes, pero sus metas son demasiado estrictas para los fabricantes de coches que, una vez más, consiguen ampliar los plazos

El tira y afloja que llevan meses manteniendo la Unión Europea (UE) y los fabricantes de coches ha tenido un nuevo afloja. Cierto es que Bruselas tiene la sartén por el mango porque es la que dicta las normas que regulan las emisiones contaminantes, pero está resultando un tanto blandita y cada vez que las marcas piden relajar las exigencias se quejan, pero terminan cediendo. Lo han vuelto a hacer.

La última noticia que llega de Bruselas señala que el Parlamento Europeo y la Comisión han acordado extender el plazo (otra vez) y los límites de emisiones que había fijados para 2025 ahora serán de obligado cumplimiento en 2027.

La 'eterna' norma CAFE

La norma CAFE ha dado muchos titulares y por lo que parece va a seguir dando que hablar. CAFE son las siglas de Clean Air For Europe (aire limpio para Europa), su objetivo es reducir las emisiones de CO2 de los vehículos de nueva fabricación. Marca una serie de plazos que los fabricantes deberían cumplir so pena de multas millonarias

Las marcas han mostrado su malestar desde el primer momento ya que consideran que los límites impuestos son demasiado estrictos y que deberán asumir un doble gasto (en i+D para fabricar motores más limpios y en sanciones) que puede llevar a más de uno a la ruina.

De 2025 a 2027

A principios del mes de mayo, el Parlamento Europeo firmó un nuevo acuerdo por el que otorga dos años adicionales a los fabricantes para reducir las emisiones de CO2 de sus flotas. El cambio normativo llega como respuesta a las peticiones de la industria que pide tiempo para adaptarse a los estrictos requisitos medioambientales que quiere alcanzar Europa.

La fecha original para alcanzar una reducción del 15% respecto a los niveles de 2021 era 2025. Los fabricantes se echaron las manos a la cabeza asegurando que llegar a ese nivel era "inviable" y advirtiendo de que las sanciones para alguno de ellos podrían llegar a los 15.000 millones de euros. La normativa establece que las empresas tendrán que pagar 95 euros por cada gramo de CO2 que supere el límite y eso multiplicado por cada coche que salga de fábrica con más emisiones de las permitidas. 

Ahora se extiende 24 meses y no será hasta 2027 que las marcas tengan que cumplir esta restricción. Se hará de forma gradual, de manera que el límite que debían cumplir en 2025 se promediarán entre 2025, 2026 y 2027.

Reacciones en ambos sentidos

Como era de esperar la concesión de dos años de margen que Europa ha dado a los fabricantes ha sido aplaudida por estos, pero no ha despertado el mismo sentimiento a su alrededor. La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles ACEA ha celebrado la decisión, pero ha expresado su deseo de que la UE establezca una "estrategia a largo plazo más clara".

Los primeros en alzar la voz en contra de la ampliación han sido los ecologistas para quienes la prórroga es un obstáculo para el impulso de las ventas de vehículos eléctricos, al tiempo que creen que frenarán las inversiones en tecnologías limpias. Tampoco se muestran de acuerdo los portavoces de la asociación europea "Transport&Enviroment" para quien no tiene sentido que se suavicen las restricciones contaminantes en un momento en que las ventas de vehículos eléctricos están en pleno crecimiento.

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