La normativa de emisiones de CO2 de la UE puede provocar grandes multas a Volkswagen, Renault y otras compañías europeas

Las marcas generalistas europeas podrían comprar créditos de carbono a rivales chinos o agruparse con otras marcas para evitar sanciones por emisiones de CO2.
La implantación de la normativa CAFE (Clean Air for Europe) de la Unión Europea puede acarrear más de un quebradero de cabeza a los fabricantes de automóviles. Bruselas ha decidido establecer una reducción de emisiones de CO₂ para la presente anualidad, por la que la media máxima del conjunto de los modelos vendidos por cada fabricante debe situarse en 93,6 gramos por kilómetro.
Siempre hay salvedades, que pasan por aquellas compañías que en su portfolio sólo hay vehículos eléctricos o aquellas que venden mayoritariamente los de cero emisiones y los híbridos enchufables. Todos ellos quedarán exentos de las sanciones que planea el Parlamento Europeo, que impondrá a multas de hasta 15.000 millones de euros a los fabricantes que no lleguen a la media ya citada.
La mayoría de firmas europeas encabezadas por Renault y, sobre todo, Volkswagen (solo matriculó 383.100 vehículos totalmente eléctricos en 2024, frente a los 394.000 de 2023) se enfrentan a este grave problema, que les acarrearía pagar cientos de millones de euros a sus rivales chinos de coches eléctricos para comprar créditos de carbono.
Esta información que publica el Financial Times y que recogen nuestros compañeros de Business Insider, resalta que marcas de coches eléctricos como BYD, que dispone de uno de los mayores fondos comunes de créditos para vender, sacarían una gran tajada económica, ya que tiene unas ventas considerables en Europa.
Una de las soluciones (si se quiere llamar así) es que las firmas del Viejo Continente se agrupen con otras que sólo vendan vehículos de cero emisiones, de tal manera que los fabricantes promedien las emisiones de gases de efecto invernadero de sus flotas con las de otras marcas ya asentadas en el segmento eléctrico.
Una de las posibles alianzas de las que se habla es la de Stellantis, Toyota y Ford, que han podido contactar con Tesla para agrupar las emisiones de carbono y de esa manera cumplir con la legislación que establece la Unión Europea.
La compañía que preside Elon Musk está sacando pingües beneficios de la venta de créditos a sistemas de agrupación de emisiones de CO2 repartidas por todo el planeta. Tanto es así que ingresó más de 2.000 millones de dólares (1.940 millones de euros). Otra unión que ha saltado a la luz es la de Mercedes con Polestar y Volvo, ya que las dos pertenecen a la china Geely.
Los especialistas financieros creen que Renault y Volkswagen van a ser los que más dificultades tengan para ejecutar los objetivos por su escasa venta de vehículos eléctricos. Por si fuera poco, no tienen con quien asociarse (de momento), si bien la firma del rombo podría pedir auxilio a sus socios estratégicos Mitsubishi y Nissan.
En el caso de la empresa germana, si contemplara la agrupación, es probable que tuviera que hacerlo con varias empresas chinas, ya que BYD podría no llegar a las ventas suficientes de coches eléctricos en Europa para cubrir el hueco del grupo alemán por sí sola.
Es más, precisaría casi duplicar sus ventas de coches eléctricos en solo un año si quisiera cumplir por sí mismo los objetivos de la UE. Aun así, de puertas hacia fuera son optimistas, ya que confían en sus propios esfuerzos, con motivo de los lanzamientos de modelos eléctricos que hicieron en 2024.
"Solo en un segundo paso entrarían en juego otras medidas como la puesta en común, sopesando naturalmente costes y beneficios", destacaron desde la marca de Wolfsburgo.
Pero la citada solución puede convertirse en otro problema porque los acuerdos con los fabricantes chinos corren el riesgo de debilitar aún más la industria automovilística europea. O al menos, así lo piensan en Renault.