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Polestar 1: la estrella del norte

Noruega y Polestar. ¿Qué puede salir mal?
Imagen de perfil de Redacción Top Gear

El Polestar 1 que estoy conduciendo tiene un techo de cristal que solo sirve para avivar mis ánimos: alucino por lo que veo a través de los cristales, disfruto de los increíbles acantilados. ¿Cómo demonios se supone que me voy a concentrar en conducir cuando a tu alrededor la tierra y el agua se contorsionan en formas tan fascinantes?

Cargar coche eléctrico

Coches eléctricos e híbridos

No hay duda de que los coches eléctricos e híbridos son el futuro, nos guste o no. Aquí tienes información con lo que te interesa... aunque a veces no sea lo que quieres oír.

Todo el archipiélago que me rodea es un orgasmo geográfico: comienza bajo y redondeado, oscuros picos se vislumbran en la distancia, crestas dentadas sobresalen del mar. La vegetación retrocede, la roca domina, los verdes se oscurecen, los grises de la roca ganan la partida. Alrededor de Reine, en Noruega, el camino salta entre islotes.

Puede que pienses que conoces Noruega: un país con una costa rota en el sur, estrecho y escarpado por el costado, y estrechándose en el norte mientras se junta con Suecia y Finlandia. Pero a lo mejor no sabes que más allá de la línea del Círculo Polar Ártico están las Islas Lofoten: más de 150 km de largo hacia el Atlántico Norte. Debería ser el final de todo, y así fue hasta que artistas y escritores en el siglo XIX se dejaron encandilar por la brutal violencia del paisaje.

El Polestar 1 en las Islas Lofoten

Noruega: mucho petróleo... y coches eléctricos

El país está repleto de petróleo y muy centrado en la electricidad. Es rico y con visión de futuro. Las ganancias que genera (ingresos por patentes y licencias, impuestos de su industria petrolera del Mar del Norte) se invierten en un fondo de pensiones nacional, el mayor fondo soberano del mundo, con un valor de 200.000 dólares por cada uno de los 5,2 millones de habitantes de Noruega. El país tiene un enorme superávit presupuestario, casi ninguna deuda nacional, invierte en infraestructura...

Alrededor del 98 por ciento de la electricidad de Noruega proviene de fuentes renovables, principalmente hidroeléctricas. Los ventajas geográficas que la naturaleza ha otorgado a esta nación se explotan con cabeza y sentido. Como resultado, las remotas Islas Lofoten tienen 4G y combustible E10. Y puentes que se arquean entre islas, túneles que se sumergen en el agua y bellísimas carreteras. Nadie está exento de admirar tanta belleza: al menos, yo no. 

Prueba del Polestar 2: no puedes tenerlo, pero lo quieres

Y ya sea por la actitud progresista de Noruega, la sorprendente claridad del agua o por no atreverme a molestar al sueño de estas cumbres milenarias, creo que el ruido de un motor de combustión simplemente no encaja. La energía eléctrica sí, y mucho mejor. El Polestar 1 de esta especie de prueba se siente como en casa.

Polestar 1: un motor de gasolina

Funciona con gasolina, sí (el único Polestar que lo hará), con un motor de 2.0 litros, 4 cilindros y 308 CV sobrealimentado y turboalimentado que impulsa las ruedas delanteras. En cambio, está en equilibrio con los 300 CV generados por tres motores eléctricos: uno para cada una de las ruedas traseras y otro en el cigüeñal para actuar como motor de arranque. Los tres se abastecen de una batería de 34kWh que proporciona una autonomía de algo más de 150 km.

Comenzamos la ruta con el 100% de la carga cerca de Narvik y, aunque hemos probado los diversos modos de conducción, necesitamos solo 7,82 litros de combustible para llenar el depósito cuando paramos a repostar esa noche a 160 km de distancia en Svolvær. Hemos hecho 2,7 l/100 km... aunque pasa a 8,1 una vez que la batería se agota y el motor tiene que hacer todo el trabajo pesado. Palabra que define de maravilla los 2.350 kilos del coche.

El Polestar 1 en las Islas Lofoten

Los híbridos, en lugar de puramente eléctricos  es la elección mayoritaria en Lofoten. Las distancias son demasiado grandes y las poblaciones demasiado pequeñas para soportar una infraestructura de carga completa. Nos dirigimos a Leknes a un centro de carga pública. Allí nos encontramos con los mismos problemas que tenemos en casa: descargar aplicaciones, configurar cuentas, hablar con un centro de llamadas... Necesitamos dar un número de teléfono noruego antes de que poder comenzar a cargar. 

Es fácil ignorar al Polestar. Conduzco admirando el paisaje, entrando y saliendo para tomar fotos. Solo hay que estar pendiente de las puertas, que son laaaaaargas. Desde fuera, en conjunto, su diseño fluye. No impacta de primeras, no se impone a ti. Esto puede decepcionar: si estás gastando 180.000 euros en un automóvil (aunque no hay precio cerrado), aunque sea un modelo a solo 1.500 unidades en todo el mundo, debería destacarse, ¿verdad? ¿O no? Tal vez sea más impresionante tal y como es, con múltiples capas que acentúan su misterio.

Polestar: claro origen Volvo

Primera capa: es muy Volvo. Infoentretenimiento, botonera, un sistema híbrido que funciona como un XC90 T8. Segunda capa: caracterizada por la forma en que la fibra de carbono mate encaja en los acabados brillantes. Es una perfección muy discreta: abre el maletero y, en lugar de fijarte en la falta de espacio, admira el hueco en que puedes ver el cableado eléctrico. Tercera capa: el híbrido al que más me recuerda es un Porsche 918 Spyder. De Verdad. Es lo que sucede cuando pones ambos a una marcha alta a bajas revoluciones del motor, pisas a fondo y sientes que el par del eléctrico se dispara cuando tu cerebro te dice que todo lo que debes sentir a 2.000 rpm es puro letargo.

Última capa: dinámica. El Polestar 1 está equipado con suspensión ajustable. Lleva muelles convencionales, pero monta amortiguadores Öhlins de alto rendimiento con 22 posibles ajustes. Al principio no quise andar metiendo mano ahí. Pero la curiosidad se apoderó de mí. Después de eso, no pude dejar de tocar...

El Polestar 1 en las Islas Lofoten

Es fácil en la parte delantera: solo abrir el capó y girar el control. Pero la parte trasera requiere un gato y quitar una pieza para poder llegar al mando. Para empezar, los pongo en modo suave, aunque no lo es tanto como esperaba. Luego, dureza máxima. Un par de cientos de metros después de salir de un descanso, encontramos una junta en la carretera. La forma en que el Polestar hunde la suspensión y luego se recupera instantáneamente completamente imperturbable, es sencillamente hermosa. Lo definiría como “compostura absoluta”. El chasis me hace anhelar curvas más cerradas.

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Las encontramos en la zona de Stamsund y más tarde en Nusfjord. Al lo largo de las Lofoten las carreteras (y sin duda toda presencia humana) generalmente ocupan una delgada franja junto al agua, serpenteando suavemente entre el océano y la montaña. Aprovecho esta rara oportunidad que me dan las tortuosas rutas de la zona. Encuentro una precisión sorprendente. ¿A dónde se fue el peso? En serio: ¿cómo un coche de 2,3 toneladas combina un control tan bueno?

Lo que tenemos aquí es, cuando profundizas en ello, bastante fascinante. Ocupa el extremo más deportivo del espectro GT, pero se niega a actuar de esa manera. Los asientos son simplemente geniales. La carrocería no es llamativa, pero, incluso rodeada de estas vistas, sigo mirándolo. No dirías que es un coche rápido al primer vistazo, pero cuando se lo exiges, hay una cantidad desconcertante de km/h esperándote.

Las islas Lofoten no son un lugar para ir a fondo. Por eso el modo que más quiero usar es el Pure. No es solo un nombre sin más para avanzar en modo eléctrico. Es algo más refrescante. Funciona hasta los 145 km/h y te permite aumentar la regeneración de la carga batería. 

Lo que distingue al 1 es que puedes elegir tu nivel de interacción, elegir cuánto quieres profundizar. Lo usamos para explorar, para conducir por un camino de tierra en busca del rorbu perfecto (casa de pescadores), lo llevo a Fredvang en plena medianoche solo para hacer una caminata nocturna a la luz del día (esas cosas que solo pasan aquí) cuando el sol se pone solo 13 minutos, visitamos Henningsvaer y su notable campo de fútbol (rodeado, inevitablemente, por hjell, lo que debe hacer que jugar aquí en temporada alta del bacalao sea interesante y, por supuesto, conduzco hasta el final de este impresionante archipiélago.

El Polestar 1 en las Islas Lofoten

Ahí está el pueblo de Å. Es la última letra de su alfabeto, un léxico que se extiende desde A hasta, bueno, la Å. No te molestes en conducir más allá de la señal que te da la bienvenida: el archipiélago de Lofoten termina después de un túnel, en un parking  lleno de autocaravanas y carteles, algo increíble, en italiano. 

Me siento en el borde de un embarcadero y reflexiono. Hay un genio silencioso dentro del Polestar 1: un concepto inteligente dirigido a personas reflexivas. Es diferente e interesante, no sigue a la manada; marca su propio camino. 

Me siento  otros cinco minutos antes de decidirme. Me quito el jersey, del que debo contarte que tiene más de 50 años, y que había elegido especialmente para acompañarme hasta aquí. Es una auténtica reliquia familiar de cuando mi padre y un grupo de amigos condujeron una Bedford Dormobile por Noruega. Miro al infinito y me lo pienso. El jersey está a buen recaudo. No se hable más. Me tiro al agua. 

El Polestar 1 en las Islas Lofoten

Un texto de Ollie Marriage

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