El Ford GT mola para venderlo. Pero no para darle soporte

Bob, prepara 30 de los grandes

El Ford GT que nos ha alegrado este 2016 mola. Mola infinito, mejor dicho. No solo recupera un nombre de leyenda (ya sabes que hicieron 1-2-3 en Le Mans en 1966); también se sacan de la manga un coche de 600.000 euros en una marca en la que el más caro de la gama es un Mustang que supera por poco los 53.000 euros...

La parte buena es darle salida. Más que nada porque se vende solo. Cuando salió a la venta la primera noche, se recibieron 6.500 peticiones para comprar el Ford GT, y la leyenda no ha hecho más que aumentar. De todos los solicitantes, solo unos afortunados lo podrán conducir. El resto podemos consolarnos con el configurador del Ford GT.

Pero la parte mala del Ford GT será el mantenimiento. Y no me refiero al afortunado que se puede gastar el dineral que cuesta, sino a los concesionarios que quieran darle servicio.

Así se enfrenta el Ford GT al túnel del viento

Porque no va a valer solo con poner una pegatina de “Aquí te cambiamos el aceite y aspiramos tu Ford GT 2016”. No: hay que hacer obras de envergadura. Y el precio no es barato. En Estados Unidos ha trascendido la cifra: 30.000 dólares.

Es cierto que buena parte de esto se lo lleva un remolque específico que hay que tener para llevar el Ford GT. Porque, sí amigos, es probable que no quieras malgastar tu precioso tiempo en llevar a “la Ford” tu deportivo de tantos cientos de miles de euros y pidas que te lo muevan ellos. Y claro, no puede ser cualquiera: en Ford aconsejan el Jimglo Elite, que es una especie de autocaravana de lujo, pero para coches. Este de abajo no es exactamente, pero te puedes hacer una idea.

Uno de los remolques Jimglo

El resto de accesorios que hay que hacer en el taller pasan por comprar sí o sí carritos GoJak 4520 que pueden con ruedas de 20”.

Para trabajar en el mantenimiento del Ford GT en sí, los mecánicos americanos tendrán que hacer un curso que se imnparte en Markam, Ontario (Canadá), donde la propia gente de Multimatic, los que hacen el coche, les enseñará los truquillos de este superdeportivo.

Además, si la cosa se pone fea en, pongamos, un taller en Arkansas, un experto volará desde Markam para ayudar en la tarea. El nombre que recibe mola: “Fly-in Doctor”. Esta solución no es tan descabellada: según Ford, si para comprarte el coche tienes que ser tan especial, el tipo que ponga sus manos en tu coche casi único también debería ser único.

Cuando el Ford GT llegue a Europa, intentaremos averiguar qué tendrán que hacer nuestros concesionarios. A ver si hay suerte...

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