Subimos al Nissan GT-R del record de drift: ¡con 1.400 CV!

Nuestro compañero Ollie Kew descubre la mala leche de este GT-R con óxido nitroso, de medio millón de euros y tracción trasera.

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’In-tuneable’. ¿Te acuerdas? Al menos eso dijo Nissan cuando presentó el Nissan GT-R R35 allá en el año 2007. Su coche era tan bueno que no podría ser potenciado, gracias a un sistema que no se podía hackear y que protegía la electrónica del abuso de preparaciones absurdas. Nadie debía poder jugar con ‘godzilla’. ¡Ja! El tiempo al final dejó esta afirmación a la altura del betún y es que hay montones de preparaciones bestiales sobre la base del Nissan GT-R. Hoy me voy a subir a una de las más salvajes, aunque este caso, Nissan está al tanto y le ha dado el visto bueno.

Se trata de un one-off preparado para conseguir el récord del mundo de drift. Esto significa patinar a tal velocidad que una mísera piedrecita en el lugar equivocado podría terminar con mi cuerpo como si fuese enlatado en una lata de Coca Cola. 1.400 CV tienen la culpa, aunque las modificaciones son tantas que llegan a abrumar.

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Este Nissan GT-R de 1.400 CV consiguió hace unos meses el récord de drift, al conseguir derrapar con las ruedas traseras a más de 300 km/h. ¡Has leído bien! Concretamente, a 304,96 km/h y con un ángulo de 30 grados. El vídeo de este récord con el piloto japonés Masato Kawabata a los mandos pone los pelos de punta y ya te aseguro que yo no voy ni a intentarlo, pero no hace falta semejante hazaña para que esta bestia te emocione.

El anterior récord lo tenía un Toyota GT86 de 1.000 CV, pero poco pudo hacer ante esta tremenda creación. El que ves en la galería es el ejemplar del récord, todavía luciendo las placas para poder circular por las calles de Dubai, donde tuvo lugar la hazaña. También es el mismo ejemplar con el que el campeón de drift irlandés, Darren McNamara, conquistó la colina de Goodwood. Y hoy es mi turno, el momento de sentir lo que este monstruo es capaz de ofrecer. ¡Vamos!

Hoy es el día más caluroso del año en las Islas Británicas y el sudor alcanza cada centímetro de mi cuerpo embutido en el mono de competición. Me encuentro en una pista de la RAF (las fuerzas aéreas inglesas) de casi tres kilómetros de largo donde hace cuatro días los C-47 de la US Air Force transportaban tropas en el ‘Día D’. El lugar respira historia y te aseguro que también va a formar parte de mi historia.

Me encuentro ansioso, no puedo dejar de pensar en las sensaciones que me va a dar ese Nissan GT-R ‘asalvajao’. Pero antes, Nissan tiene una sorpresa para mi: un ensayo en el Nissan 370Z que se utiliza en la GT Academy para separar los genios de la Play Station de los futuros campeones del motorsport. Pregunto si es un coche que sirve para drift y me dicen que no, que es un coche de competición, sin más.

No obstante, este ‘Zeta’ es un drifter natural y un buen aperitivo para ir pillando el tranquillo al asunto. Es muy divertido y tras varios intentos fallidos, por fin consigo ir de lado como hacía en el Need for Speed. Pero hablando de velocidad, mi mente no puede dejar de pensar en el GT-R: si esto es ya divertido y bastante brutal, ¿cómo será su hermano mayor?

Me siento en los baquets del Nissan GT-R de drift y el calor es insoportable. Pese a ello, mi sonrisa no se borra de mi cara. Darren está a mi lado y será el encargado de hacerme gozar…¡que mal ha sonado eso! Bueno, vamos allá: a mí izquierda la enorme palanca de cambios: “para abajo, subes de marcha, para arriba, bajas, la barra que ves a la izquierda es el freno de mano, no quieres tocar eso, ¿vale?” cristalino, le aseguro.

 

Estoy nervioso: este coche cuesta casi tres cuartos de millón de euros y es el doble de potente que el coche más potente que he probado hasta ahora, el McLaren 675LT: ¡el doble! Imagino que será desproporcionado, ¡arrancamos!

Los primeros minutos en el asientos del copiloto me dejan algo frío: pues tampoco parece para tanto. Y es que el torrente de potencia se produce a partir de 4.500 vueltas, cuando la sobrealimentación descomunal desata la tormenta perfecta. Cuando empieza a abusar del pedal derecho, las ruedas traseras sufren una tortura y un rastro de humo blanco es prácticamente constante.

¡Me toca! El puesto de conducción es bastante bajo y el aspecto impresiona. No obstante, el embrague es suave y el volante se puede manejar con una mano sin dificultad. La potencia se desata, ¡esto corre como un poseso! incluso a más de 200 km/h el humo blanco sigue apareciendo: ¡esto derrapa en todas las marchas! Qué barbaridad, pero no me atrevo a más, por lo que pido a Darren que me demuestre de qué es capaz.

Empieza a acelerar como un loco en la recta de meta, el sonido es espectacular, el empuje también. Mi cuello lucha por mantenerse sobre el backet cuando de golpe, ¡volantazo! La trasera se pone a 45º, ¡a más de 200 km/h! Soy sincero, pienso que voy a morir pero en ese momento solamente puedo soltar un “uuuuuuuuuuh” de adrenalina pura y dura. Miro a Darren y sí, solamente está utilizando una mano.

Un golpe de dirección y las ruedas vuelven a traccionar, lo hace fácil y yo disfruto como un niño pequeño. ¡Media vuelta, otra vez! Parece como si nuestro trabajo hoy fuese destrozar lo más rápido posible el juego de neumáticos Toyo: en el interior, parece que estoy comiendo su esencia, seguro que forma parte del menú de nochevieja de ‘The Stig’.

Darren sigue tranquilo mientras yo sigo sobreexcitado con el corazón a mil. ¡Qué máquina! ¡Qué barbaridad! ¡Qué experiencia! No quiero ni pensar como habrá salido el vídeo que he grabado con la ‘go pro’ pero chicos, lo siento, en una situación así es imposible evitar emocionarse. Este GT-R ha nacido para ganar un récord, como lo hiciesen otros mitos (véase el Abarth Biposto da Record) pero de paso emociona y pone los pelos de punta. Sí, el Nissan GT-R se puede modificar y sí, es capaz de bailar como una linda damisela. 

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