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Coche feo de la semana: Chrysler PT Cruiser

Un coche que no deja indiferente a nadie.

Soy consciente que el coche feo de la semana es algo polémico: el Chrysler PT Cruiser tiene aduladores y detractores, aunque para muchos tuvo una vida bastante gris. Es uno de esos coches que por concepto ya lo tienen complicado: no es un monovolumen al uso, como puede ser un Renault Scénic, tampoco es un compacto y, mucho menos, no es un SUV ni un todoterreno robusto. No. Tiene, además, detalles estéticos de dudoso gusto, en serio, de una manera objetiva.

El objetivo de Chrysler fue relanzar un modelo moderno con una imagen clásica, con guiños al pasado y, sobretodo, con una imagen particular, única y con mucha personalidad. Eso hay que aplaudirlo y reconocérselo a este coche: su estética es única y será un coche que gustará a aquellos que no quieran algo convencional. Ahora bien, no se pueda decir que tenga elementos que se puedan considerar como bonitos, bellos o proporcionados. 

 

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La carrocería es ya de por sí muy peculiar. Tiene una cintura muy elevada y que todavía se eleva más conformo se acerca al portón trasero. Es una especie de Hot Rod pero moderno y en un segmento sin mucho sentido. El frontal destaca por esa parrilla al estilo ‘Art Decó’ de modelos como el Chrysler Airflow. Tiene personalidad, sí, pero en un mundo actual queda algo fuera de lugar. Los faros quedan demasiado a los extremos, creando un conjunto poco armonioso. Quizás sea algo que funcione mejor en coches deportivos, como el Plymouth Prowler.

La trasera tampoco deja indiferente: es muy sencilla, con un gigantesco portón que ocupa prácticamente toda la trasera, con un pequeño paragolpes en la parte inferior y dos pequeños pilotos, de nuevo, en los extremos: prácticamente se puede decir que los faros están sobre los pasos de rueda traseros. ¡Ay, los pasos de rueda! Sin duda son protagonistas en el conjunto estético exterior: muy voluminosos, exagerados, casi caricaturizados. Mucha personalidad, sí, pero no se puede decir que estéticamente funcione: es exagerado en todos los sentidos: parrilla enorme, pasos de rueda enormes, portón trasero enorme y una línea ‘in-crescendo’ que es difícil de asimilar.

 

 

Pero la cosa se pone todavía peor cuando analizamos el interior. Plásticos de dudosa calidad y toda la personalidad del exterior aquí se queda en nada: un volante con un aro muy fino y un pomo del cambio con la típica ‘bola de golf’ en lo más alto y poco más. El salpicadero luce una estética muy simplona, con una especie de plataforma de plástico sobre la que se integran el sistema de climatizador, la radio o los aireadores. Peor todavía es el caso del restyling, que en lugar de mejorar todavía empeoró más la sensación de calidad percibida. ¡Terrible!

El Chrysler PT Cruiser nació como una curiosidad, como un coche con mucha personalidad y con la intención de dota a la marca americana, en horas bajas, de un modelo con una imagen potente para recuperar a aquellos clientes cansados de coches aburridos. La idea no es mala y la estética exterior sin duda llama la atención, pero en líneas generales, se puede considerar como un fracaso. Hay detalles estéticos que no hay por dónde cogerlos y el interior la verdad es que tira para atrás a kilómetros. ¡Difícil si hay que escoger entre este o el Chrysler Sebring!

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