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El piloto de F1 que murió al chocarse contra un pájaro

Alan Stacey, el malogrado corredor inglés de 26 años, recibió en su casco el golpe de un ave durante el GP de Bélgica de 1960.

Imagen de perfil de Javier Prieto
Alan Stacey, menudo pájaro

El mortal accidente de Alan Stacey está considerado uno de los hechos más desgraciados y peculiares en la Historia de la Fórmula 1.

El deportista inglés falleció mientras disputaba el GP de Bélgica 1960 en el Circuito de Spa-Francorchamps, quinta de las diez citas de aquel Campeonato del Mundo de Pilotos.

El accidente de Niki Lauda

Sí, es cierto que en aquella época la muerte era el primer rival al que los corredores debían derrotar.

Sin embargo, la mala suerte del británico de 26 años fue algo inaudito… e irrepetible. Todo aconteció así aquel fatídico 19 de junio.

Cuando rodaba sexto y a 190 km/h, un pájaro se estampó contra su rostro en la vuelta 24.

Como consecuencia, el Lotus número 16 perdió el control en la terrible curva de Masta.

Posteriormente, salió catapultado por un terraplén para después 'aterrizar' en un pequeño bosque anexo a la pista. Imagínate cómo quedó el bólido.

Se da la circunstancia de que en ese mismo punto unos minutos más tarde también falleció Chris Bristow, cuyo monoplaza siniestrado aparece bajo estas líneas. 

 

Bristow accident Spa 1960

 

El testimonio del accidente

Pero, ¿cómo sabemos que el accidente de Alan Stacey fue así?

A mediados de los años 80 su ex compañero Innes Ireland manifestó en una entrevista que varios espectadores habían sido testigos de la tragedia con el ave.

Lo único que no supo aclarar es si murió inmediatamente por una rotura del cuello o si por el contrario, solo se desmayó por el impacto del pájaro y entonces se salió del asfalto.

Sea como fuere, de los más de 40 héroes de la velocidad que han entregado su vida en los circuitos de la Categoría Reina, jamás se ha dado un suceso tan infortunado como este.

 

Stacey con su Lotus 18 en Spa 1960

Una pierna ortopédica y una revisión médica 'colectiva'

Para quitarnos un poco el mal sabor de boca del accidente de Alan Stacey, te contaremos una divertida anécdota suya, también insólita.

Resulta que el corredor de Essex tenía una pierna ortopédica por lo que no habría superado nunca los exámenes médicos de la F1.

Sin embargo, con la complicidad de otros rivales se las apañaba para dárselas con queso a los galenos. ¿Cómo? Muy fácil.

Al llegar el momento de la revisión, todos los pilotos – vestidos con monos del mismo color que el de Stacey- se arremolinaban alrededor de la camilla de exploración, convertida en un ‘bosque’ de piernas.

 

 

De ese modo resultaba imposible que se supiera a quién pertenecía cada una de ellas.  

Para que el plan del ‘cambiazo’ no fallara, su inventor, Jim Clark, solía distraer al doctor con preguntas complicadas.

Y por si las moscas, el propio Alan Stacey siempre cruzaba sus extremidades inferiores, dejando más visible la izquierda, es decir, la sana. Así fue como este prometedor disputó siete Grandes Premios entre 1958 y 1960, siendo un octavo puesto logrado en el GP de Gran Bretaña 1959 su mejor resultado. 

 

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