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Hans Heyer, el único piloto que se coló en una carrera de F1

La picaresca no es solo cosa de los españoles.

Imagen de perfil de Javier Prieto
1977 Hans Heyer, Penske PC4 - Ford Cosworth

El día de su estreno -y de su retirada- en la F1, Hans Heyer no pensaba que pasaría a la historia como el único piloto capaz de colarse en una carrera de la Categoría Reina. Pero a veces, la gloria llama a la puerta inesperadamente.

Sin saber muy bien cómo ni por qué, resulta que el ganador del Campeonato Germano de Turismos 1975 y 1976 fue invitado a participar en el GP de Alemania F1 1977.

Los peores pilotos de la F1

Encantado con la idea, Hans pensó que debutar en el Gran Circo ante sus compatriotas sería un sueño. Sin embargo, aparecieron algunos contratiempos deportivos que él mismo se encargaría de disipar.

Pero antes de narrar las peripecias de nuestro héroe, veamos cómo llegó a subirse a un monoplaza alguien que no tenía ¡ninguna experiencia en la Categoría Reina! Sí, has leído bien. ¡Qué temeridad!

 

1977 Hans Heyer, Penske PC4 - Ford Cosworth Ho

 

Una invitación inesperada

La 'genial' idea partió de Günther Schmidt, jefe de ATS, uno de los peores equipos que se recuerdan en el Gran Circo. Este Tío Gilito pensó -con acierto- que la popularidad de Heyer en su país atraería un puñado de patrocinadores que sufragarían los gastos de la cita doméstica. Dicho y hecho. Pues, así de simple fue cómo un corredor que solo había competido en una prueba con bólidos, se sentó por primera vez en un coche de Fórmula 1.

 

 

Un 'talento' singular

Ya en los entrenamientos libres, Hans demostró su destreza al volante del Penske PC4 número 35. Firmó el vigésimo séptimo puesto, mientras que el líder de la formación, Jean-Pierre Jarier, terminaba duodécimo​​​​​. Hay ocasiones  en las que las comparaciones son odiosas. El debutante de 34 años pensó que la cosa iba a estar un poquito difícil, ya que 'solo' se clasificaban los 24 mejores tiempos para el domingo.

 

 

La mala suerte quiso que Heyer, con un crono de 1:57.58, se quedara a cuatro décimas de la última posición que daba acceso a la carrera. Ese puesto lo ocupó Héctor Rebaque gracias a un tiempo de 1:57.18.

 

El día 'de autos'

Inasequible al desaliento, el rookie de Mönchengladbach decidió que su participación en el GP Alemania 1977 no podía acabar así. Y ni corto ni perezoso se presentó el domingo en el box para sentarse en su bólido como si fuera a disputar la prueba. ¿Qué raro, no?  El amigo Heyer sabía lo que se hacía, tenía un plan secreto. Y es que no iba a quedarse de brazos cruzados sin poder demostrarle a su público las virtudes que atesoraba.

 

Hans Heyer, el polizón de la F1

 

Por un problema con el semáforo, la salida se dio ondeando la bandera alemana, provocando cierto caos y que se tocaran Alan Jones y Clay Regazzoni. Ante tal desconcierto, el corredor del sombrero tirolés -que lo sigue utilizando- vio que llegaba su momento de gloria. Aceleró por la calle de boxes y se metió de rondón en la pista. Allí estaba el vigésimo quinto coche dándolo todo en el Hockenheimring.

 

Hans Heyer

 

Los comisarios, que le tenían bastante aprecio, miraron para otro lado, mientras que el público, consciente de la jugada, comenzó a vitorearle. No se sabe por qué, pero este pillín les caía muy simpático. A pesar de que los también paisanos y estrellas Hans-Joachim Stuck (Brabham) y Jochen Mass (McLaren) estaban presentes el asfalto, Hans se llevó todas las ovaciones de las gradas. Fue algo realmente surrealista.

 

Hans Heyer, un pillín de la F1

 

Fin de la gesta, inicio de un 'mito'

La aventura de Hans Heyer terminó en la novena vuelta cuando se rompió la transmisión de su Penske/ATS. Solo después de eso fue descalificado, pero su hazaña ya se había materializado.

Desde aquel momento ya nadie le pudo quitar el 'honor' de ser el único piloto en toda la Historia de la F1 que se ha colado en un Gran Premio.

Evidentemente, después de aquello se dio cuenta de que lo suyo no era la Categoría Reina. No obstante, siguió demostrando 'su talento' en otras especialidades automovilísticas. Pero nada fue comparable a lo de ese mítico 31 de julio de 1977.

 

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