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BMW i4 M50: hemos probado el primer M eléctrico

Dicen que es "la máquina definitiva de conducción eléctrica". Y yo les creo...

Cuántas vueltas da la vida. Lo pienso mientras hundo el pedal del acelerador por enésima vez durante esta prueba del BMW i4 M50. El empuje, una vez más, me hace sonreír.

Y es que estoy al volante de uno de los deportivos que más me han sorprendido durante este 2021. A decir verdad, antes de ponerme al volante pensaba que estaría ante 'otro' coche eléctrico con aceleración de dragster y poco más.

Y el caso es que el BMW i4 M50 es bastante más que un cohete que te deja pegado al asiento en línea recta. Empiezo a creerlo cuando alguien del equipo que ha desarrollado el i4 me asegura, sin que suene a broma y sin reírse, que han creado la máquina definitiva de conducción deportiva eléctrica.

Pero vayamos por partes. La prueba empieza en algún lugar de los Alpes bávaros, donde he llegado tras haber probado otro coche: el BMW iX 50. Si el SUV me llama la atención por el cambio de espíritu que ha experimentado la marca, aquí lo hace el hecho de que me siento en un BMW tradicional.

Me acomodo en unos asientos que calificaría, como poco, con notable alto. Me recogen bien el cuerpo y me proporcionan una postura de conducción como esperas en una berlina deportiva: agarro perfectamente el volante de aro redondo y acciono la marca con una palanca como la que me puede ofrecer un Serie 4 Gran Coupé.

La única diferencia es que al presionar el botón de arranque no suena nada. Bueno, sí suena: el zumbido habitual de los coches eléctricos. Aquí puedes incluso seleccionar el sonido que se produce dentro del habitáculo, por si eso de ir en silencio se te hace muy cuesta arriba.

Si te meten con los ojos cerrados en un i4 y te preguntan que dónde estás, fíjate en el cuadro de relojes: ahora aparece el BMW Curved Display, que no es otra cosa que dos pantallas unidas y que simulan una única pieza. Se leen bien y estrena diseño.

BMW Curved Display en BMW i4 M50

Por un lado, los clásicos relojes redondos, que empiezan a desaparecer en el Serie 3 a cambio del nuevo de diseño digital, dan paso a unos nuevos: diseños poligonales y legibilidad no tan buena. ¿Volverán los diales clásicos? "Rotundamente no", me contesta Johann Kisler, director de proyecto del hermano eléctrico el BMW iX.

Estamos ante un nuevo lenguaje de diseño. Aquí, por ejemplo, la calandra está presente, pero como elemento decorativo: la parte superior no necesita refrigerar nada y únicamente sirve para proteger los diversos sensores de los sistemas de ayuda y asistencia.

¿Entonces, y el motor? Bueno, deberíamos hablar de motores. Hay dos: uno en el eje delantero de 190 KW y otro en el trasero de 230 kW. En situaciones normales tienes disponibles 476 CV y 730 Nm, aunque al pisar a fondo das rienda suelta a 544 CV que surgen al activarse el overboost.

Y aquí vuelvo al inicio de la prueba del i4 M50. Qué manera de empujar. Sí: es la típica de un coche eléctrico. Esta berlina eléctrica se pone a 100 km/h en 3,9 segundos. Son tiempos que ya se empiezan a hacer cuesta arriba: tras un par de launch control el cuerpo me pide tiempo muerto.

Pero saco partido a esa manera de recuperar en las sinuosas carreteras secundarias que me llevan desde el inicio de la prueba hasta el aeropuerto de Múnich, donde termina mi ruta. Casi 300 km en los que en lo último que pienso es en la autonomía. A mí con el range anxiety...

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Quizá, en este tipo de terreno lo que más sorprende es que va sobre raíles. Son 2,2 toneladas de peso, que se dice pronto, pero un centro de gravedad más bajo que el de un Serie 3, y una puesta a punto específica del chasis (más vía delantera y trasera, estabilizadoras y set-up propio) le ayudan a enmascarar que pesa como un 4x4 de hace menos de 10 años.

Creo que en parte la responsabilidad cae sobre una dirección muy bien calibrada y a un feeling de conducción que se parece mucho a la de una berlina deportiva de 'toda la vida'. También el pedal del freno ayuda, ya que han trabajado para que el paso de frenada regenerativa a frenada por fricción no se note.

A lo largo de la prueba pude atravesar alguna zona especialmente revirada con el i4 M50. Gracias a la entrega instantánea de potencia, salir disparado al siguiente giro es pan comido, mientras que el eje delantero marca el camino y el trasero le sigue obediente. 

¿Y qué pasa con la sensación de coche de propulsión? Bueno, ahí está. Es más: si desconectas los controles te tienes que preparar para emplearte a fondo con el volante, porque los sobrevirajes te esperan...

Prueba del BMW i4 M50

Y, aunque quede feo, también disfruté, y mucho, en la autobahn. El i4 M50 está limitado a 225 km/h, como pude comprobar en los tramos de velocidad libre de las autopistas que conducen a Múnich, lo que tampoco es tan grave: es una velocidad suficientemente elevada para llegar de A a B sin dormirte al volante.

Aquí lo que sale a la luz es una estabilidad lineal muy elevada, en la que el peso extra también aporta su granito de arena, pero no solo: también la aerodinámica específica (las llantas, el spoiler trasero para reducir el lift) ayuda a todo esto.

En definitiva, diría que la prueba del BMW i4 M50 me ha hecho ver el futuro eléctrico con algo menos de temor, al menos si pienso en diversión de conducción. Es cierto que no tienes el seis cilindros del BMW M340i xDrive que tanto me gustó cuando lo probé, pero sí que obtienes una experiencia de conducción completa: es un cochazo.

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