Prueba Mercedes C250d Coupé: la burguesía eficiente

Un coupé que poco tiene ya de compacto y cuya imagen vende por sí misma. Lo enfrento a más de 1.000 km de prueba para ver si es oro todo lo que reluce.

8 10

Nuestro veredicto

Una imagen vale más que mil palabras. Si este fuese el caso, la prueba del Mercedes C250d Coupé se terminaría en un santiamén y no haría falta ni 1.000 ni diez palabras. El nuevo Mercedes Clase C Coupé es un tipo sexy, con estilo, elegante y a la par, con un ligero aderezo deportivo, especialmente si optas por el paquete AMG. Llama la atención y estoy seguro que es un coche que parece más caro de lo que es: lo bueno del diseño tan similar entre gamas es que tienes que ser casi un experto para diferenciar de un vistazo a un C Coupé de un S Coupé.

Por tamaño tampoco queda: mide casi 4,7 metros de largo, aunque está muy bien camuflado durante la mayor parte del tiempo, cuando toca aparcar te das cuenta de lo grande que es. Un gran coupé de Mercedes, como te decía, vende por si solo, pero en esta prueba le voy a meter una buena cantidad de kilómetros para ver si todo se queda en una cara bonita o si realmente es un coche completo, de calidad y en el que vale la pena gastarse una pequeña fortuna.

Bajo los focos del concesionario Autolica, del grupo Quadis, mi unidad luce especialmente bien. Con el paquete AMG, en el clásico color plateado y con un interior de cuero rojo, no puedo pedir mucho más. Quizás, el único ‘pero’ que podría poner a su estética son unos pilotos traseros que no me terminan de convencer: ¡parece que están tristes! Pero esto es cuestión de gustos, así que me voy a ahorrar estas discusiones estéticas y voy a entrar a analizarlo a fondo.

¿Qué tenemos exactamente delante?

El Mercedes C250d Coupé es el tope de gama diésel y, a día de hoy, por precio, la opción más cara que puedes comprar en la gama del nuevo Clase C Coupé (evidentemente, excluyendo a las brutales versiones AMG). Cuenta con un motor de cuatro cilindros y 2.143 cc que produce 204 CV y un generoso par de 500 Nm disponibles desde solamente las 1.600 revoluciones.

¿Cómo se comporta?

Nada más salir del concesionario me doy cuenta de su doble cara. Es un coche eminentemente cómodo pero su suspensión tiene un tarado medio: en ningún caso es incómoda pero cuando vienen las curvas se defiende. Esta versión diésel tope de gama está asociada exclusivamente a la caja de cambios 9G-Tronic de nueve velocidades (nada más y nada menos). Esta resulta muy eficaz cuando le dejamos funcionar a ella misma, pero cuando queremos realizar una conducción más deportiva, abusando de las levas tras el volante, no tiene la instantaneidad que te dan las cajas de cambio de doble embrague. No obstante, me parece una gran caja de cambios, combina suavidad, refinamiento y búsqueda constante de la máxima eficiencia…¡y lo consigue!

¿Es un mechero?

Mi intención es recorrer la distancia entre Barcelona y Mónaco con un depósito. Sé que no tendré grandes problemas para conseguirlo, pero quiero ver hasta qué punto es eficiente esta versión. Decido llenar hasta los topes los 66 litros de capacidad del depósito. La autonomía marcada es de 990 km, por lo que haciendo los cálculos, prevé un consumo medio de 6,6 litros a los cien.

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Entro en autopista y decido colocar el control de crucero a unos legales 130 km/h de marcador, equivalentes a unos 120 km/h. Rápidamente me doy cuenta que el consumo instantáneo que marca el ordenador de a bordo rara vez llega a los seis litros. A esa velocidad, en novena marcha, el coche se siente completamente desahogado y relajado, consumiendo lo justo. Llego a Mónaco, tras algo más de 700 km, y todavía me quedan casi 500 km de autonomía: ¡espectacular! Apenas he gastado 5,5 litros a los cien.

Consume poco, ¿corre poco?

Este Mercedes C250d Coupé es un tipo que bajo un diseño dinámico esconde un alma relajada. No es tan burgués como un antiguo CLK pero es un coche que se disfruta más circulando tranquilo. O mejor: en grandes trayectos de autopista como el que estoy realizando. Es un rutero implacable. Las aceleraciones son más que aceptables, con un cero a cien en 6,7 segundos, pero es un coche que pide salir tranquilo de los peajes, en lugar de sentirte un piloto de Fórmula 1 saliendo del Pit Lane como quizás harías en un C 63 AMG.

Los 500 Nm de par desde el ralentí hacen que sea una mecánica elástica, perfecta también para adelantamientos sin sufrir demasiado: aunque eso sí, para adelantar prefiero tomar yo el control del cambio automático, con tantas marchas disponibles se puede volver un poco loco…

Pero correr corre. La velocidad máxima roza los 250 km/h y, al tener un comportamiento tan noble y refinado, es de esos coches que te pegan un susto al mirar el velocímetro.

¿Y en curvas, qué te parece?

No es su hábitat natural ni quiere serlo, pero se defiende de manera notable. Las reviradas carreteras de la Costa Azul son un escenario perfecto para probar a fondo sus capacidades dinámicas. Lo primero que hay que hacer es, de nuevo, tomar el control de la caja de cambios y colocar el modo de conducción es Sport: de esta manera, el motor tiene una entrega de potencia más instantánea.

Las curvas rápidas se las merienda con una gran estabilidad y aplomo. Sus 1.645 kg de peso no son un estorbo en este tipo de carreteras y las pequeñas irregularidades del terreno son engullidas por la suspensión sin inmutarse. En curvas cerradas es cuando empieza a protestar: el balanceo es algo más acusado y los cambios de apoyo son más torpes que en un BMW Serie 4. Se nota que, aunque se defiende, no es su terreno más cómodo. Los frenos son potentes pero no me termina de gustar su tacto, algo gomoso y poco comunicativo.

No obstante, bajo mi punto de vista, ha cumplido también en este apartado. ¿Por qué digo esto? Pues porque es un coche que no está pensado para ser ‘súper-efectivo’ en curvas, es un coche enfocado al confort y en ese apartado es excelente. Que no sea malo en curvas para mi es una buena noticia.

¿Se siente un Mercedes?

Efectivamente. Debo hablarte también del habitáculo. Su diseño es una maravilla y sus detalles convencen, aunque en lo que a solidez y calidad de acabados se refiere, creo que Audi poco a poco se está llevando el gato al agua. Mi unidad de pruebas está muy bien equipada, con elementos de lujo como el espectacular equipo de audio Burmeister (muy recomendable), el techo solar de grandes dimensiones o la tapicería de cuero.

Los asientos merecen un párrafo aparte: es de lo mejorcito del coche. Son muy cómodos cuando quieres realizar grandes viajes, pero a su vez agarran muy bien el cuerpo en zona de curvas. Estéticamente son muy bonitos y su accionamiento es eléctrico y cuenta con varias memorias para que recuerden tu posición perfecta al volante.

Las plazas traseras son utilizables por adultos, aunque no irán demasiado anchos. El maletero, con 380 litros de capacidad, está en la línea de sus rivales y sus formas son bastante aprovechables.

¿Qué te ha parecido más flojo?

Hay algunas cosas que no me han gustado. La primera es la rumorosidad de la mecánica: podría ser un poco más refinada, especialmente al ralentí. El sistema Start&Stop, de serie, nunca tuvo tanto sentido en un coche: ayuda a emitir menos partículas contaminantes pero también a silenciar el traqueteo constante del coche al ralentí. Un apartado en lo que sin duda deberían trabajar más. Otro ruido molesto apareció en los frenos, con ligeros chirridos poco agradables, especialmente evidentes en conducción urbana. Un Mercedes no debería fallar en estos puntos.

El sistema de navegación Garmin, que me parece interesante por su precio, no es del todo intuitivo, especialmente a la hora de dar órdenes. Al final te haces con él, pero su manejo podría ser mucho más sencillo.

¿En definitiva?

Salvando estos tres detalles, el Mercedes C250d Coupé es un gran coche. Lo mejor, sin lugar a dudas, es su imagen y su calidad de rodadura. Es un coche con el que meterte miles de kilómetros y disfrutar cada uno de ellos. Es cómodo, muy eficiente en consumos y rodeado de todo tipo de lujos para que tu viaje sea más ameno.

Ahora bien, principalmente y por encima de todo es un coche de imagen. De representación. Mercedes ha conseguido una estética realmente atractiva que entra por los ojos y entusiasma. Incluso en Mónaco, durante el Top Marques 2016, rodeado de superdeportivos exóticos, mucha gente se quedaba mirando a este pequeño gran Mercedes. Eso sí, la calidad, imagen y distinción se pagan: esta versión parte de los 49.100 euros, aunque mi ejemplar, generosamente equipado, pasaba de los 60.000 euros. ¿Los vale? Si quieres un coche tranquilo, cómodo, bonito, para meterle kilómetros, sin duda. Si quieres llegar a casa emocionado tras un tramo de curvas, deberás seguir ahorrando un poco más y hacerte con un Mercedes C 43 AMG.

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