Toyota tenía a su simpático MR2. Pero lo convirtió en un deportivo solo para valientes con el motor 3S-GTE central-trasero

Toyota MR2
Toyota MR2

En la década de 1990, Toyota hizo de su MR2 todo un deportivo con el motor 3S-GTE situado en posición central-trasera.

Los coches deportivos que merecen la pena no son solo los más rápidos y exclusivos, ya que también hay deportivos baratos destacables, incluso si hablamos de aquellos con motor central-trasero. Han existido modelos más humildes que han requerido igualmente de unas buenas habilidades de conducción, pero que han ofrecido a cambio una experiencia al volante inimitable, como fue el caso del Toyota MR2 Turbo con el motor 3S-GTE.

En las últimas décadas del siglo XX, los fabricantes japoneses estaban en auge y Toyota fue una de las marcas que más relevancia ganó a nivel mundial. Así fue por sus modelos asequibles que funcionaban bien en todo el mercado, pero también por un lado prestacional que destacó en modelos de calle y en competición.

Como es habitual, los avances en el mundo de las carreras acaban influenciando a los modelos de producción, ya sea con sistemas que se acaban implantando o con mecánicas como tal. Eso fue lo que sucedió con el motor 3S-GTE, un bloque cuatro cilindros turbo de la familia de motores S desarrollado junto a Yamaha y que destacaba por su buen rendimiento y pequeño tamaño.

Desarrollado a mediados de los años 80, se trataba de un propulsor que entregaba inicialmente unos 185 CV y que se vio por primera vez en un coche de producción en serie en el Celica GT-Four. Ahora bien, también llegó a la competición, con versiones preparadas para el WRC con 300 CV e incluso con potencias muy superiores en la década de 1990, cuando la marca cosechó grandes éxitos en los tramos.

De forma paralela, el 3S-GTE de Toyota se utilizó en modelos de calle como el Toyota MR2 Turbo, que se convirtió en un serio deportivo de motor central-trasero que podía ser la delicia de cualquier amante de las cuatro ruedas. Así fue con la segunda generación, lanzada en 1989.

Si bien el modelo base montaba un motor de dos litros de cilindrada y 16 válvulas con unos 120 CV y variantes superiores utilizaron un 3S-GE atmosférico con unos 165 CV, el tope de gama era el Turbo, con el 3S-GTE del Celica GT-Four, aquí entregando unos 200 CV de potencia e incluso unos 225 CV en variantes posteriores y en países como Japón. 

Con un peso total que apenas superaba la tonelada y la propia posición del motor, la experiencia de conducción fue aclamada por muchos aficionados y medios de comunicación especializados de la época. Si bien el tacto general no parecía ser tan ágil como el de la primera generación por el aumento de peso y tamaño, seguía sintiéndose como un deportivo.

La distribución de pesos 42/58 hacía que el comportamiento en zonas de curvas fuera más que agradable e incluso dócil para lo que se espera de un coche con motor central y capacidades deportivas. Ahora bien, ser demasiado confiado al volante podía resultar en algún susto, con una trasera que se podía descolgar en algunas curvas si no hacías un uso adecuado del freno.

Esto fue algo que se solucionó en cierto modo a partir de 1993, cuando se rediseñó la suspensión trasera, la cual fue reajustada ligeramente un año después. Así, el tipo de conducción se hizo más asequible para la mayoría de conductores, con un sobreviraje que dejó de estar tan presente en situaciones de conducción deportiva.

Toyota MR2
Toyota MR2

Sin duda, fue una mejora necesaria, ya que el MR2 Turbo podía ser considerado un deportivo como tal. Además de contar con un manejo ágil y adictivo, su motor le permitía pasar de 0 a 100 km/h en poco más de 6,6 seg, lo que era llamativo para la época. Además, hablamos de una mecánica resistente, con varios ejemplos de unidades que la utilizan con un largo kilometraje a sus espaldas.

En definitiva, con este 3S-GTE Toyota convirtió al MR2 en un deportivo que merecía ser tenido en cuenta y que todavía en la actualidad puede enamorar a muchos. Esto, si puedes encontrarlo por un precio razonable, ya que actualmente un Turbo de segunda generación te puede costar más de 10.000 euros e incluso más de 20.000 euros en ocasiones. En su momento fue un coche barato, pero ahora los deportivos japoneses de los 90 están de moda y eso también tiene un precio.

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Sergio Ríos

Redactor

Sergio Ríos es Redactor de Auto Bild y Top Gear. Prueba todo tipo de coches, escribe artículos y graba contenido para redes sociales. Por un friki del motor, para los frikis del motor