Porsche dejó a todos sin palabras cuando lanzó el 924 con motor delantero y piezas de Volkswagen. Y un BMW 2002 puso su granito de arena

El Porsche 924 fue el primer Porsche con motor delantero, una innovación que hizo incluso que la marca tuviera que mirar a BMW para el proyecto.
La historia del automóvil está repleta de pasajes que son de lo más curiosos. Muchos vienen de muy atrás, cuando la información no se registraba al segundo, lo que daba a lugar a leyendas y mitos que, con el tiempo, han demostrado ser verdad. Esta es una de las curiosas, tiene como protagonista al Porsche 924, el primer Porsche con motor delantero, y también a un BMW 2002 que, literalmente, sirvió de disfraz para que nadie sospechara lo que estaba cocinando Zuffenhausen.
Vamos por partes. A mediados de los años 70, Porsche estaba en un momento interesante: quería expandirse más allá del icónico 911. La idea era tener un deportivo de acceso, más ligero, más fácil de conducir y, sobre todo, más asequible que el legendario seis cilindros trasero.
El objetivo era ampliar su base de clientes potenciales y parecía la forma más barata de hacerlo, pero había un problema: no existía un “coche base” de Porsche con motor delantero para experimentar, así que había que desarrollarlo desde cero.
Así nació lo que internamente se llamó “Proyecto EA425”. Este proyecto fue, en origen, una colaboración con Volkswagen y Audi, pensada para desarrollar un coupé deportivo con motor delantero que pudiera venderse bajo marcas del Grupo Volkswagen (finalmente resultó en cuatro modelos diferentes de Porsche con esta configuración).
La idea era ambiciosa, pero finalmente VW decidió que ese deportivo no era parte de su futuro (optando por otros modelos como el Scirocco). Cuando se desligó del proyecto, Porsche consideró que no tenía sentido tirar todo el trabajo realizado a la basura.
Habían invertido tiempo, dinero y muchas ideas en ese prototipo. Así que decidieron aprovecharlo para desarrollar su propio vehículo. La parte curiosa es que, durante el proceso, probablemente hicieron un movimiento que luego en la industria ha sido más común: ocultar el vehículo con mulas que estaban disfrazadas de vehículos de otros fabricantes.
Aquí es donde entra en escena el BMW 2002, un coche que a simple vista nada tiene que ver con Porsche, algo que fue clave. La solución de la marca alemana fue simple y genial al mismo tiempo: tomar el modelo de BMW y utilizar su carrocería para esconder debajo el corazón del futuro 924. De hecho, no fue el único, porque también se usó un Opel Manta de primera generación para camuflar prototipos del 924.
¿Por qué un BMW? Porque el 924, al ser su primer coche con motor delantero, no tenía una carrocería adecuada dentro de la casa que pudieran usar como base para las pruebas. Si hubieran sacado un prototipo con su propia forma desde el principio, todos lo habrían reconocido al instante y habrían sabido que algo se estaba “cociendo” en casa.

Por eso, optaron por una solución imaginativa pero que, a fin de cuentas, es bastante sencilla: tomar prestadas carrocerías ajenas con las que hacer pasar los prototipos por coches “normales” en las carreteras y pistas de prueba europeas, lo que evitaba atraer la atención indeseada de los curiosos.
Y fue una decisión perfecta, porque nadie se imaginaba lo que estaba en desarrollo, así que cuando finalmente el Porsche 924 llegó al mercado en 1976, cogió a la industria del motor por sorpresa.
Eso sí, una vez debutó lo hizo con su propia identidad, aunque tomaba bastante prestado de sus días de desarrollo iniciales. El coche compartía un montón de componentes con Volkswagen y Audi: desde partes del tren delantero hasta el motor de cuatro cilindros de 2.0 litros que venía del Audi 100, que a su vez había tenido uso en otros modelos del grupo.
Era el peaje a pagar para poder poner el mercado un deportivo de acceso con un precio bajo que atrajera a nuevos clientes, pero algo con el que muchos de sus seguidores no comulgaron.
Para muchos puristas de Porsche, el 924 fue una especie de sorpresa agridulce. Por un lado, estaba el sello de Porsche y el comportamiento dinámico que la marca sabía imprimir a sus coches. Por otro, montaba bastantes piezas “de fuera” hacían que muchos lo viesen más como un experimento que como un verdadero Porsche.
A pesar de ello, disfrutó de bastante éxito, ya que se fabricó desde 1976 hasta 1988 y disfrutó de diferentes versiones como el 924 Carrera GT, el 924 S o el 924 Turbo. De hecho, fue la piedra sobre la que se edificó la saga “transaxle” de la compañía, cuyo inmediato seguidor fue el 928, al que sucedería más adelante el 944 y que cerraría el 968. Lo curioso es que en el origen de todo esto estuviera implicado un BMW.

