Cuando miras fotos antiguas como esta de Phill Hill en Le Mans, te das cuenta de que las carreras han cambiado mucho y, por eso ya no gustan tanto

Phil Hill y Olivier Gendebien ganaron las 24 Horas de Le Mans de 1958 con un Ferrari 250 Testa Rossa. Eran otros tiempos y, tal vez, esos triunfos hoy pesen más.
La edición de las 24 Horas de Le Mans de 1958 marcó un punto de inflexión tanto para Ferrari como para Phil Hill. Después de tres victorias consecutivas de Jaguar entre 1955 y 1957, la marca italiana recuperó el triunfo en el Circuito de La Sarthe con una carrera marcada por la lluvia, la fiabilidad y una estrategia impecable. Hoy echamos la vista atrás para rememorar esta mítica carrera y descubrir cómo ha cambiado el automovilismo en estos últimos 68 años.
Para Phil Hill, el triunfo en Le Mans en 1958 también supuso un momento histórico, ya que consiguió la primera de las tres victorias que lograría en la prueba francesa y se convirtió en el primer piloto estadounidense capaz de conquistar la clasificación absoluta de Le Mans.
Una carrera para el recuerdo
La carrera se disputó los días 21 y 22 de junio bajo unas condiciones meteorológicas complicadas, en las que la lluvia hizo acto de presencia de forma ininterrumpida durante 15 horas, lo que obligó a pilotos y equipos a extremar las precauciones sobre un asfalto muy delicado.
En la salida, los Aston Martin y Jaguar intentaron imponer su ritmo, mientras Stirling Moss protagonizaba uno de los inicios más espectaculares de la prueba. Sin embargo, el paso de las horas fue dejando fuera de combate a buena parte de los favoritos y demostró que tanto la fiabilidad como la regularidad, la velocidad y la destreza al volante son los factores que pueden llevarte a la victoria en la carrera de resistencia más famosa del mundo.
Phil Hill formaba parte de la alineación oficial de Ferrari al volante de un 250 Testa Rossa, compartiendo coche con el piloto belga Olivier Gendebien. El Ferrari con el dorsal 14 terminó convirtiéndose en el gran protagonista del fin de semana después de asumir el liderato muy pronto y mantenerlo durante nada menos que 22 de las 24 horas de competición.

Ferrari acudió a la cita de 1958 con 10 unidades del 250 Testa Rossa, todas ellas equipadas con un V12 de 3.0 litros famoso por su excelente fiabilidad, aunque solo tres consiguieron alcanzar la línea de meta, una muestra de la enorme dureza de aquella edición.
Hill y Gendebien completaron 305 vueltas al Circuito de La Sarthe, recorriendo más de 4.100 kilómetros a una velocidad media superior a 170 km/h. Cruzaron la meta con una ventaja de más de 161 kilómetros sobre el Aston Martin DB3S de los hermanos Peter y Graham Whitehead, que finalizaron en segunda posición. El Porsche 718 RSK de Jean Behra y Hans Herrmann completó el podio absoluto, firmando además el primer podio de la marca alemana en las 24 Horas de Le Mans.
Aquel triunfo tuvo un significado especial para Phil Hill. Hasta entonces había sufrido numerosos abandonos en Le Mans, pero aquella quinta participación cambió su relación con la prueba francesa. La victoria de 1958 fue el inicio de una de las asociaciones más exitosas de la historia de la carrera junto a Olivier Gendebien. Ambos volverían a imponerse en las ediciones de 1961 y 1962, convirtiéndose en la primera pareja de pilotos capaz de ganar tres veces las 24 Horas de Le Mans.
La edición de 1958 también dejó otros momentos destacados. Fue la primera participación en Le Mans de Graham Hill, que años más tarde completaría la conocida Triple Corona del automovilismo, y también el debut de los hermanos mexicanos Pedro y Ricardo Rodríguez, aunque este último fue considerado demasiado joven para tomar la salida.
Además, Mike Hawthorn firmó la vuelta rápida de carrera con otro Ferrari 250 Testa Rossa antes de proclamarse meses después campeón del mundo de Fórmula 1, convirtiéndose en el primer piloto de la historia en combinar un triunfo en Le Mans con un título mundial de la categoría reina.
La evolución del automovilismo
Hoy, las cosas son muy distintas. La imagen que ilustra este artículo es un claro ejemplo de lo que eran las carreras de coches hace casi seis décadas. En la foto podemos ver el Ferrari 250 Testa Rossa de Phil Hill en la curva Mulsanne del Circuito de La Sarthe, sin protecciones más allá de unas pacas de paja que ayudaban a definir los límites de la pista.
Bordillos, aficionados agolpados en las curvas y coches deportivos de gran potencia que ya superaban los 270 km/h de velocidad máxima sin apenas medidas de seguridad. Tampoco había protecciones avanzadas para los pilotos de Le Mans hace 70 años. Un casco sencillo y unas gafas de protección mientras se lanzaban a por la victoria sin tan siquiera protección aerodinámica, solo un pequeño parabrisas delantero.
El factor riesgo-recompensa era significativamente superior en aquella época, donde sucedían trágicos accidentes, pero donde también lograr la victoria tenía un peso mucho mayor. En la actualidad, el interés por las carreras de resistencia parece haber descendido, aunque también se ha perdido gran parte de ese riesgo. Y no nos engañemos, al hombre le atrae el peligro.
