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El Hispano-Suiza más famoso del mundo podría subastarse por 12 millones de dólares

RM Sotheby's subastará esta histórica pieza por entre 8 y 12 millones de dólares

La historia de Hispano-Suiza es la de una marca que nació en España y que a principios del siglo XX alcanzó fama mundial como uno de los grandes fabricantes de coches de lujo del mundo, llegando a rivalizar con grandes empresas como Bugatti o Bentley.

Hubo reyes que compraron sus coches y pilotos que llevaron a estos clásicos a la cima de la competición antes de la catástrofe. La compañía no pudo sobrevivir a las guerras y la crisis económica, aunque los propietarios guardaron sus máquinas con orgullo.

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Ese es el caso de este Torpedo Hispano-Suiza  H6C "Tulipwood" de 1924 que va a subastar en Monterey la conocida casa RM Sotheby's. Uno de los deportivos más reconocidos de la marca española gracias a su espectacular carrocería en madera de caoba y a su participación en la Targa Florio y la Coppa Florio de 1924, donde acabó sexto y quinto respectivamente.

La historia del Hispano-Suiza H6C Tulipwood

El coche perteneció a André Dubonnet, un piloto de la Fuerza Aérea Francesa que llevó a su SPAD XIII a la Primera Guerra Mundial con seis victorias en el aire. Todo un as que también inventó la suspensión Dubonnet utilizada en los ejes delanteros de muchos automóviles durante los años 30' y 40'.

Mecánica que fue adaptada primero a un Hispano-Suiza y que más tarde vendió a General Motors. La velocidad para esta gente es una necesidad, y ante la ausencia de guerra en los cielos, descendió a tierra para pilotar bólidos de Bugatti e Hispano-Suiza en multitud de carreras por Europa.

Su pasión por la mecánica le llevó a modificar y crear modelos nuevos sobre la base de otros coches, y ese es el caso del Torpedo Tulipwood. Una obra maestra de la automoción nacida para volver aún más bello al Hispano-Suiza H6C.

El coche cuenta con un motor de 6 cilindros en línea atmosférico de 8,0 litros, alimentado por un carburador de doble cuerpo y árbol de levas en la culata. El bloque puede generar hasta 160 CV y llevar al deportivo a lancanzar 180 km/h de velocidad máxima. Nada mal para la época.

Sin embargo, este coche era especial. Solo hubo tres Hispano-Suiza H6C con chasis rebajado (surbaissé) de fábrica, que incorporaron un radiador más bajo y un tanque de combustible de 52 galones imperiales. Necesario para las carreras de larga distancia, como la famosa Targa Florio.

Lo brillante de este automóvil reside en su carrocería de madera de caoba. Fabricada con métodos empleados en la aviación y llevados a cabo por muchos pilotos de la época, que vieron la oportunidad de llevar la aerodinámica y los materiales de los aviones a los coches.

El fabricante de aparatos aéreos Nieuport-Astra fue el encargado de hacer realidad los deseos de Dubonnet mediante los diseños del ingeniero Henri Chasseriaux. Todo el exterior está compuesto de largas tiras de Caoba colocadas sobre una estructura interior también de madera.

El trabajo de remachado y tornillería es soberbio, y el conbjunto solo pesó 72 kg. Todo un hito para los estándares de la época que suponía una base perfecta para competir.

Fama mundial en competición y como clásico de coleccionismo

Dubonnet inscribió al Torpedo Hispano-Suiza  H6C "Tulipwood" en la Targa Florio de 1924 y acabó sexto en la clasificación general. Un gran resultado teniendo en cuenta que era la primera participación del bólido y la extrema dureza de aquel rally de resistencia en aquellos tiempos. A ello hubo que sumar además la Coppa Florio durante más de 8 horas en el Circuito Madonie, donde acabó quinto.

Quedó demostrado que el diseño de la carrocería, la mecánica y la habilidad de Dubonnet al volante podían llevar al Hispano-Suiza a competir contra los mejores. Una hazaña para una recientemente fundada marca de automóviles al más puro estilo de Pagani en la actualidad.

Tras la competición, el piloto de aviación llevó el coche a las carreteras como un automóvil de uso, colocando un parabrisas, guardabarros, faros y puertas a los laterales. Y entonces, el coche comenzó a cambiar de manos.

Pasó por el garaje de Roland Coty, hijo del magnate de la perfumería. Más tarde por las manos de Alexander Keiller en Escocia, donde se guardó durante la Segunda Guerra Mundial y fue modificado por el carrocero Barker con un nuevo sistema de escape y algunos detalles varios.

Rodney Forestier-Walker consiguió comprarlo en 1950 y restaurarlo de nuevo mientras escribía artículos sobre sus viajes con el coche. En uno de esos viajes, Gerald Albertini, heredero de Standard Oil y amante de los coches, usó la vieja jugada de dejar una nota en el parabrisas ofreciéndose a comprar el coche. Algo que consiguió algunos meses después.

El famosos amante de los clásicos se fue de gira con el automóvil por europa, y llegó a aparecer en fotografías de grandes revistas del motor y en carreteras de Francia, Alemania o Italia. Luego pasó a coleccionistas estadounidenses y más y más compradores con un sensacional gusto.

Actualmente pertenece a un ejecutivo marítimo griego llamado Ares Emmanuel, que lo tiene desde 1982 y que desde entonces lo ha mostrado en revistas como la Hispano Drivers Club Newsletter y algún que otro evento.

El departamento de restauración de RM Sotheby's revisó el coche y afirma que este Torpedo Hispano-Suiza  H6C "Tulipwood" se encuentra en muy buenas condiciones pese a los desperfectos fruto del paso del tiempo y su almacenaje. 

Además, el automóvil se entrega con un impresionante archivo histórico que incluye fotografías de época, relatos e investigaciones realizadas por el experto en Hispano-Suiza e historiados Hans Veenenbos. Todo un icono que oscilará un precio en subasta de entre 8 y 12 millones de dólares.

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