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Esta es la alucinante historia de Venturi: el Ferrari francés

Un sueño que siempre paseó al borde del precipicio.

Seguro que la historia de Venturi te suena, aunque sea de lejos, aunque solamente sea el nombre. Es una marca que todo petrolhead debe conocer, sí, aunque vivas justo al otro lado del Pirineo y lo único francés que te guste sea el ‘foie’ y el ‘champagne’. Venturi quiso, en su momento, plantar cara a fabricantes como Ferrari o Porsche, quería crear el deportivo francés que no existía y que el mercado parecía reclamar como una deuda histórica. Fueron ambiciosos y durante un tiempo no les salió mal del todo, pero la Guerra del Golfo y su posterior incertidumbre económica les mató.

Pero no vayamos tan deprisa. Para conocer mejor a Venturi, su nacimiento, su desarrollo, algunos de sus modelos y su desenlace, debemos viajar hasta los años 80. En esos momentos, parece haber una vuelta a los deportivos radicales. Es 1984 y el Lamborghini Countach o el Ferrari Testarossa están ya sobre la mesa. El Porsche 911 sigue cautivando a medio mundo por sus prestaciones y peculiar configuración. Parece claro que Italia y Alemania son los centros de los deportivos de la época, con Reino Unido más enfocado al lujo. ¿Y Francia? ¿Se va a dedicar solamente a crear grandes utilitarios deportivos?

 

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Gérard Godefroy y Claude Poiraud, antiguos trabajadores de Heuliez, decidieron dejar sus trabajos y fundar una casa de automóviles deportivos. La bautizaron como Manufacture de Voitures de Sport, o MVS. Su objetivo era fabricar en territorio galo un auténtico deportivo que pudiese estar a la altura de los italianos o los alemanes, con una imagen muy potente, un buen dinamismo pero con un toque gran turismo en su interior: mucho lujo y los mejores materiales. Vamos, un Ferrari Testarossa francés. O lo que hoy sería un Ferrari 812 Superfast.

 

Llega el Ventury, sí, con i griega

En el Salón de París de 1984 se presentaba el Ventury, el deportivo que habían creado mano a mano estos dos soñadores. Su diseño era afilado y atemporal, sencillo, sin grandes dificultades estéticas ni elementos que pudiesen chirriar más de la cuenta. Era un diseño conservador y desde un primer momento gustó bastante.

El coche no solamente gustó entre el público llano, también lo hizo entre las clases altas y donde se mueve el dinero. Tanto fue así, que un grupo de financieros, con Hervé Boulan a la cabeza, decidieron apostar fuerte por la empresa, aunque solamente pusieron una condición: el coche debía llamarse Venturi, con ‘i’ latina. Y es que un ingeniero y un diseñador es normal que no manejen el noble arte del marketing y Venturi se parecía más a Ferrari. Ya tu sabes.

 

 

El primer prototipo estaba sobre la mesa pero el primer modelo de producción no llegaría hasta mayo de 1986. La empresa MVS empieza a trabajar con una factoría en las proximidades de París y 37 trabajadores. Los nuevos dueños querían un deportivo de verdad, con un motor grande que ofreciese buenas prestaciones, más allá de un pequeño motor con el que probablemente el coche habría sido más interesante en el apartado dinámico. Pero el objetivo de MVS y del Venturi era tratar de tú a tú con Ferrari y Porsche y no se podían permitir el lujo de salir al mercado con un cuatro cilindros pequeño.

La unión de Peugeot, Renault y Volvo para crear su mítico motor V6 PRV le vino a Venturi como anillo al dedo. Ya tenían un motor potente, relativamente compacto y con mucho poderío. Se colocó en posición longitudinal central trasera y con 200 CV, la cosa ya pintaba de otra manera. El diseño exterior se mantuvo sin grandes cambios, mientras que en el interior se apostó decididamente por el lujo, con cuero de la mejor calidad, climatizador y un gran equipamiento de serie cerrado. 

 

Venturi Transcup, la versión descapotable

El Venturi 200 ya estaba en el mercado y se fabricaba a razón de 15 coches al mes. A finales de 1987 la marca ya había producido 52 Venturi 200 y en 1988 iba a llegar la versión descapotable, que impulsaría las ventas durante el año 1988. La versión cabrio se bautizó como Venturi Transcup y destacaba por su techo duro de apertura tipo targa, aunque la luneta trasera se podía esconder bajo los asientos traseros y lucir una estética completamente roadster.

Venturi estaba fabricando a buen ritmo, aunque los números todavía no salían: el desarrollo y puesta en producción de un nuevo modelo siempre acarrea importantes gastos. En 1989 Didier Primat, un joven heredero del negocio de los hidrocarburos compra la compañía. Sus planes son ambiciosos y lo primero que hace es cambiar el nombre a la compañía. Adiós MVS. Hola Venturi, a secas. 

 

 

El objetivo es ir sacando nuevas versiones del Venturi en todos los apartados, desde modelos más prestacionales hasta incluso coches de carreras. Tras el cambio de dueños se presenta el Venturi 2.80 SPC sin catalizador, que produce 260 CV. Un año más tarde se presenta el Venturi 210, catalizado. Este Venturi, modernizado y con un motor más eficaz, será uno de los más vendidos: más adelante también llega una versión con catalizador del Venturi 260 con sus 260 CV.

El nuevo propietario mantiene sus grandes esperanzas para la marca, que sin ser un superventas, va vendiendo coches. Crea, gracias al estado francés, una nueva factoría y un nuevo circuito en la Bretaña y para celebrarlo crean uno de los modelos más famosos de la marca: el Venturi 260 Atlantique. Se trata de una unidad especial y limitada a 25 ejemplares, con el mismo motor que el de serie pero con una puesta a punto más radical y una cura de adelgazamiento para ahorrar 165 kg sobre la báscula.

 

Venturi apuesta por la Fórmula 1

En 1992 se apuesta por incrementar todavía más la presencia de Venturi en el panorama de los deportivos y se decide acudir a la élite de todas las competiciones, Venturi llega a la Fórmula 1. Quizás no fuese esta una buena decisión: solamente consiguieron un punto y las deudas no hacían más que crecer. Finalmente apuestan por crear una copa monomarca y para ello crean su modelo más especial y potente: el Venturi 400 Trophy, con 400 CV y una estética que, inevitablemente, recuerda al Ferrari F40.

En el año 93 la marca empieza a ganar dinero, pero las deudas siguen siendo muy importantes y Didier Primat vende la empresa a dos industriales franceses. El objetivo de estos es apostar por las copas monomarca y continuar el desarrollo de la empresa, con el desarrollo del sustituto del Venturi 200, que ya lleva una década sobre la mesa. Este se despide con la edición especial Venturi 260 LM, más radical y prestacional.

 

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Los nuevos propietarios consiguen el milagro: crean el Venturi 300 Atlantique, una nueva berlinetta con el mismo motor en la misma posición pero con 300 CV. El nuevo modelo luce un aspecto sensacional, clásico e imperecedero, con guiños modernos y manteniendo ese aire de Gran Turismo superdeportivo tan atractivo. Entran en beneficios y se sacan de la manga un deportivo tan espectacular como este, parece que el futuro de Venturi tiene luz verde, pero nada más lejos de la realidad.

 

Los bancos dicen NO a Venturi

En 1996 los bancos se niegan a seguir prestando dinero, pese a que el proyecto ahora parece más solido que nunca: ya tienen el nombre y el nuevo coche está gustando mucho. El mercado de los deportivos parece en horas bajas y la Guerra del Golfo y su posterior crisis genera muchas dudas entre los inversores y los banqueros. Venturi ya no tiene detrás a una gran fortuna que pueda respaldar sus deudas y finalmente la empresa, sin el reconocimiento financiero, se declara en concurso de acreedores.

Venturi murió joven, demasiado joven. Francia estuvo muy cerca de tener una marca de deportivos realmente interesante y que a buen seguro hubiese provocado más de un dolor de cabeza a Porsche, Ferrari o a Aston Martin en los sucesivos años. No obstante, la marca no está muerta: en 2001 la compró un millonario monegasco que la enfocó hacia los vehículos eléctricos. Hoy la marca participa en la Fórmula E y cuenta con una peculiar gama de deportivos y vehículos eléctricos encabezado por el Venturi Fetish y que incluso cuenta con un coche solar entre sus filas. El mundo ha cambiado mucho y Venturi todavía más, pero ojo que en un mundo que camina hacia la electricidad, Venturi no vuelva a sus pasados días de gloria con algún deportivo eléctrico que nos haga aplaudir de nuevo. 


 

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