El primer y el último De Tomaso Pantera: ¿cómo evolucionó este superdeportivo clásico?

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El De Tomaso Pantera se vendió entre las décadas de 1970 y 1990. ¿Cómo evolucionó con los años? Así era su primera versión y la última que llegó a las calles.
El De Tomaso Pantera fue un deportivo italiano y con mecánica americana que se vendió entre las décadas de 1970 y 1990. Aunque es un modelo poco conocido fuera de los aficionados al motor, tuvo una dilatada vida comercial en la que evolucionó claramente. ¿Cuánto? Comparamos la primera y la última versión para compararlo.
La primera variante de este modelo data de 1971, cuando se lanzó al mercado con el objetivo de reemplazar al Mangusta. Contaba con un chasis monocasco, diseño de Carrozzeria Ghia y un motor Ford. Se presentó en el Salón del Automóvil de Nueva York de 1970 y su venta comenzó un año después.
No pasó mucho tiempo hasta que De Tomaso vendió los derechos del Pantera a Ford, firma que se encargó de distribuirlo en América. Mientras tanto, el piloto argentino Alejandro de Tomaso (fundador de la marca), se encargaba de la distribución en Europa. Así se mantuvo la situación hasta 1975, cuando Ford detuvo la importación del Pantera.
De Tomaso muestra la primera unidad del P72
A partir de ese momento, la firma con sede en Modena se encargó de continuar la historia de su deportivo durante años, con diversas variantes lanzadas en los próximos años. En ese tiempo cambiaron sus motores, aunque la elección siempre fue un motor V8 proveniente de Ford.
Con todo, en 1992 finalizó oficialmente la producción de este deportivo de grandes aspiraciones, pero que no pudo vencer a los más grandes. Aun así, con unas 7.260 unidades producidas y la huella que marcó, no ha quedado en el olvido y sigue siendo un modelo muy valorado entre los amantes de los deportivos clásicos.
El primer De Tomaso Pantera
Con unas dimensiones de 4.270 mm de largo, 2.000 mm de ancho y 1.100 mm de alto llegó el primer Pantera a principios de la década de los 70. Contaba con una carrocería deportiva y hecha a mano, con un frontal muy afilado, faros escamoteables y una silueta que nada tenía que envidiarle a algunos de los deportivos punteros de la época.
Esto fue así gracias a Tom Tjarda, diseñador americano que trabajaba en Ghia por aquel entonces y que dio con una apariencia que no cambió demasiado con los años. Eso sí, hay diferencias que permiten identificar a los modelos de diferentes años. Por ejemplo, los primeros ejemplares montaban unas llantas Campagnolo más sencillas y las puertas se abrían al pulsar la cerradura.
Es de esta forma como se podía acceder a un interior deportivo y elegante, con dos relojes grandes y muy separados para la instrumentación, más medidores en la consola central y dos asientos que cambiaron respecto de los mostrados en la unidad presentada en 1970 por no ser cómodos para un deportivo. Tras estas butacas se encontraba lo más importante: el motor.
Situado en posición central, el motor del De Tomaso Pantera era un V8 Ford Cleveland de 5,8 litros que rendía 335 CV y que se acompañaba de una caja de cambios manual de cinco velocidades. Con esto y con el diferencial trasero de deslizamiento limitado del Ford GT40, era un deportivo con muy buen comportamiento y capaz de pasar de 0 a 96 km/h en 5,5 segundos.
En cualquier caso, más adelante llegaron otras variantes, tales como el Pantera L. Se lanzó en 1972 y se destinó al mercado estadounidense, razón por la cual contaba con un prominente paragolpes delantero negro para cumplir con las normativas de seguridad del país. Además, su motor bajó la potencia a unos 270 CV, aunque el coche trajo mejoras de fiabilidad y calidad.

De Tomaso Pantera 90 Si y 200
Tras la ruptura con Ford por las bajas ventas del modelo en Estados Unidos y los efectos de la crisis del petróleo, De Tomaso mantuvo la producción del modelo por su cuenta y de forma limitada. Así, el deportivo siguió su camino e incluso continuó llegando a Estados Unidos de la mano de importadores como Panteramerica.
Así, el Pantera pudo sobrevivir hasta la década de 1990, cuando se despidió con dos modelos muy importantes. El primero de ellos fue el 90 Si, del que se fabricaron apenas 41 ejemplares (aunque 38 son los que llegaron al público) y que supuso una gran evolución en todos los aspectos.
De entrada, su diseño cambió y se volvió más agresivo y acorde a la época, si bien mantenía las líneas originales. Fue obra de nada menos que Marcello Gandini, quien cambió elementos como los paragolpes y llantas, cambió los faros traseros (iguales que los del Alfa Romeo 33) y añadió un alerón trasero. Además, se añadió otro alerón delantero, frente al parabrisas.
Mientras tanto, por dentro se mantuvo el estilo de las versiones más recientes del De Tomaso Pantera, aunque cambiaron elementos como la instrumentación, los asientos y el volante. Además, se añadieron novedades como nuevas molduras de madera, así como espejos eléctricos y un nuevo sistema de aire acondicionado, ambos provenientes del Maserati Biturbo.
Junto a esto, la mecánica también cambió. Seguía tratándose de un V8, sí, pero se trataba del bloque Ford 302. Contaba con inyección electrónica, nuevos pistones y válvulas, nueva admisión… Rendía unos 309 CV y seguía acompañándose de un cambio manual de cinco marchas, así como podía alcanzar los 100 km/h en 5,4 segundos.
Así, este fue en esencia un modelo más avanzado y moderno que el original, pero mantenía la esencia. Ahora bien, en los años 90 mejoraron las prestaciones de los superdeportivos y el De Tomaso Pantera 200 de mediados de la década colocó a este modelo a la altura en su despedida definitiva.
Si bien la producción del coche ya había finalizado, desde el Reino Unido se crearon unas unidades especiales modificadas. La estética apenas cambiaba respecto del 90 Si, pero el motor era un Ford V8 de 5 litros twin-turbo con nada menos que 506 CV de potencia. Esto le permitía alcanzar 321 km/h de velocidad máxima por apenas 80.000 libras de la época.
Así, este fue el fin del superdeportivo de De Tomaso, un coche quizás más modesto que sus rivales, pero que supo luchar en el terreno de los más veloces. Sin duda, gozó de más popularidad que la de sucesores como el Guarà y el Biguà, pero ahora es el turno del P72. La historia de este interesante fabricante todavía no ha terminado.


